. Hay que
tomar decisiones.
En la famosa película en que Robin
Williams interpreta un profesor de literatura de un colegio privado de élite
norteamericano, los alumnos entusiasmados con la metodología revolucionaria que
aplicaba el profesor Keating, se reunían de noche a leer poesía en unos
encuentros que denominaron “El Club de los Poetas Muertos”.
Muy bien, señores líderes europeos: es
hora de que todos Uds. se reúnan de noche pero en vez de poesía deberían leer
sobre economía, historia y muy especialmente, las experiencias exitosas de
líderes mundiales y cómo afrontaron los desafíos de su época. Imaginamos a
Merkel leyendo las memorias de Churchill, Hollande leyendo a Keynes, Mario
Draghi hablando de los banqueros del siglo XVIII y Von Ronpuy “recitando”
frases del ministro Disraeli.
Lo que venimos a decir, Sras. y Sres.
líderes europeos, es que se acabó el tiempo…que no se pueden dar el lujo de
esperar más. Que hay que tomar la decisión trascendental de tapar la vía de
agua de la especulación contra la deuda soberana. Lo que sí les vamos a
solicitar, es que una vez arreglada aquella, se reúnan todas las noches para
esas lecturas que como en la película, les anime a ser mejores líderes en el
futuro y a trabajar en la formación de una nueva generación de líderes que
tanto necesita Europa.
En las reuniones que ayer lunes 18 y hoy
martes 19 celebra el G20, es evidente que existe en el ambiente una
preocupación llamada Europa que “está opacando las reuniones” según Ángela
Merkel. Y los líderes europeos insisten en que “el euro y la UE están
unidos en su futuro de manera irreversible”, en palabras del presidente de la
Comisión José Manuel Durao Barroso. ¿Profesión de fe más que una
realidad?
Pero tienen que comprender estos líderes
que no están en la cueva leyendo poesía ni haciendo prácticas de economía. El
reloj está a punto de pararse, el tiempo se está agotando para convencer al
resto del mundo de que la UE puede sostenerse a pesar de los
terribles daños que viene sufriendo en su estructura.
Europa una y otra vez persiste en el error
de creer que su mecanismo de funcionamiento y las soluciones que a cuentagotas
va aportando, le permitirán salir de la crisis prescindiendo del factor
tiempo.
Desde el G20 nos ven como anacrónicos,
porque somos un lastre y debería estar trabajándose a pleno en esta Cumbre en
el crecimiento económico a escala global y no como está sucediendo que se está
focalizando el drama europeo y después lo demás.
La atonía en las decisiones de los líderes
europeos, responde entonces más al pánico que a una respuesta técnica. Las
elecciones del pasado domingo en Grecia subieron seguramente la tensión
arterial de algunos mandatarios. Si Grecia salía del euro no era bueno para la
UE, pero mantenerse tampoco otorga un cheque en blanco a la buena gobernanza,
ya que los problemas de la Europa Mediterránea persistirán.
Todo el esfuerzo por implementar acciones
racionales queda subsumido por cierta irracionalidad de comportamiento del
entorno (los mercados) que se guía más por percepciones sobre cómo va a
reaccionar un gobierno frente a una crisis que a la real dimensión del
problema.
Pero la cuestión es, que si bien en el
origen el problema puede ser atacado y resuelto si se actúa en tiempo y forma,
cuando desde mayo de 2011 se suceden turbulencias que impactan una semana con
más fuerza y otra semana con menos virulencia, el problema original ha
adquirido un tamaño y complejidad que si bien no es imposible resolver, implica
una dosis mucho mayor de recursos y sacrificios que la UE y los
ciudadanos deben realizar. Esto –la variable temporal- es lo que no ha sabido
gestionar Bruselas.
Cuánto más expuesto está un país por su
debilidad estructural a los vaivenes del mercado, peor son las reacciones de
los mercados a pesar de aquellos esfuerzos. O debo decir España.
El presidente de la Comisión Europea ha
afirmado desde México, que el objetivo de la UE es que el rescate de
hasta 100.000 millones de euros para España “evite cualquier contaminación
entre deuda financiera y deuda soberana”. Si la ayuda se concede al estado
español en vez de que se haga directamente a los bancos, provoca que los
mercados reaccionen negativamente subiendo el interés y la prima de riesgo como
lo han hecho a niveles históricos, porque se computa la asistencia como deuda
pública. Barroso dice que está esperando aún la petición formal de España. El
tiempo una vez más.