Ley de Emprendedores ya



 

. Este problema es grave pero no el único. Estos conciudadanos argumentan incluso que, de no existir el problema de los bancos, no cabría porqué arreglar nada en los presupuestos públicos. Personalmente, me subleva que se opine sin realizar un análisis profundo de las diferentes situaciones existentes. Ello es especialmente grave porque estos análisis más livianos a menudo los realizan políticos, que son los que finalmente toman las decisiones en nombre de los ciudadanos.

Por ello, me parece oportuno realizar un examen exhaustivo del sector público español hoy y cómo estaba en el año 2007, para luego poder extraer conclusiones sobre lo que se debería ir trabajando.

En el año 2007, España tenía superávit fiscal público (+1,9% del PIB). Sí, no me equivoco. Superávit Público. En 2011, cómo ya se sabe, el déficit público fue del - 8,9% del PIB. Evidentemente, esta evolución no es la misma que la ocurrida en la Eurozona (pasó del 0,7% al -4,1%) o Alemania (del 0,2% al -1%) y Francia (-2,7% al -5,2%). También es cierto que el PIB disminuyó en España. Adicionalmente es importante comentar que, aunque se espera una reducción de esta cifra en 2012, también se deberán incorporar los intereses de la deuda por la refinanciación de los bancos. A modo de información, el déficit público sostenible en el tiempo considerado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento es del 3% del PIB.

Este déficit público demasiado elevado ha producido una cada vez más elevada necesidad mayor de financiación. Si en 2007 la deuda pública representaba el 36% del PIB, en 2011 cerró en 68,5%, hoy está en 72% y podría cerrar 2012 en un 80% del PIB con la incorporación de la deuda pública del rescate bancario (UEM: del 66,3% al 87,2%). Recordemos que la cifra de deuda pública considerada sostenible en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento es del 60% del PIB.

Lo primero que me sale decir a la luz de estos datos es: hay que reducir el déficit público. ¿Por qué? Porque no es sostenible y porque hay que financiarlo y eso cada vez es más complicado toda vez los inversores ven en ello un gran riesgo al estar tan supeditada la solvencia del sector público al sector financiero (el Estado ha avalado a las entidades financieras para que les prestasen dinero desde fuera y las entidades han comprado hasta no poderlo hacer más deuda pública).

Ahora, surgen muchas dudas al respecto de la situación existente: ¿Quién va a financiar ahora la deuda pública que venza? Y la deuda privada? ¿Hasta cuándo podemos aguantar? El problema es que hoy en día a corto plazo nos vence demasiada deuda y que las medidas que podemos instrumentar desde España para solucionar los problemas tienen resultados a largo plazo.

Personalmente, a corto plazo, abogaría por romper el vínculo vicioso banca-estado y para ello deberíamos tener el soporte de la Eurozona. Primero, comprando la Eurozona la deuda que va venciendo (quizás por el EFSF) y segundo, trasladando a largo plazo la deuda bancaria. Además, se debería apelar a la creación de la Unión Fiscal y Política con pactos vinculantes de todos los estados en caso de cumplirse todas las condiciones que indiquen los países financiadores a cada país. Ello contribuiría a dar confianza sobre la irreversibilidad de la moneda única para todos los países y sobre el proyecto europeo. Si ello no fuera posible, quizás lo mejor sería crear ya el conflicto.

A nivel europeo, se debería abogar por eliminar las tres cláusulas que endurecen el ESM frente al EFSF y que lo hacen inviable: prioridad de cobro sobre la deuda de los inversores privados, que existe poder de veto en cada préstamo, que sólo se den préstamos a países insolventes si también los dan inversores privados (cuando éstos ya han rechazado la refinanciación en ese caso). Creo que todavía siguen vigentes y entorpecen la practicidad de las ayudas.

A largo plazo, hay que mirar qué ha pasado en las cuentas públicas españolas para llegar a esta situación y proponer soluciones. Al respecto, voy a examinar su evolución desde el año 2007 hasta el año 2011.

Las cifras de gasto público indican que si bien aumentó el gasto público en relación al PIB en España (de 39,2% al 43,6%), esta evolución fue similar a la ocurrida en la Eurozona (de 46,1% al 49,4%).No parece a priori que sea la distorsión más elevada sobre todo teniendo en cuenta la disminución de ingresos acaecida. Aunque también es cierto que la desconfianza en el país, al dificultar la renovación de la financiación ajena a largo plazo complica el mantenimiento del gasto público actual. Por otra parte, al no existir expectativas a corto plazo de aumento de los ingresos públicos, quizás se debería intensificar el reequilibrio de los gastos con los ingresos que se vayan obteniendo. Siempre manteniendo los gastos necesarios para el futuro de nuestro país (educación e I+D+i), se podría trabajar en un plan a largo plazo de optimización de recursos de la administración: optimización de procesos de todas las administraciones por actividades, reducción y supresión diputaciones, fusión de municipios sin tamaño óptimo eficiente,… Se trata de racionalizar el gasto público corriente a largo plazo sin perjudicar los ingresos por consumo y por IRPF en el corto plazo (con jubilaciones, no renovación de contratos interinos y sin nueva contratación).  

Los ingresos públicos en España en el período disminuyeron fuertemente (del 41,1% del PIB al 35,1%), mientras que en la UEM, Alemania y Francia éstos se mantuvieron. Aquí es necesario evaluar la evolución de los diferentes ingresos públicos:

Los ingresos por impuestos al consumo en España cayeron mientras que en la Eurozona se mantuvieron. Ello puede ser explicado por una disminución del tipo efectivo de IVA aplicado (del 15,7% al 14,6%) y por una disminución de la confianza e ingresos por rentas de los ciudadanos que conlleva un menor consumo. Llama la atención que el tipo efectivo de IVA en la Eurozona es del 19,2%. Por ello, dentro del proceso de armonización fiscal (paso previo a unión fiscal), no me extraña que los organismos internacionales hablen de subir el IVA a las actividades de IVA reducido y quizás al resto. Ahora bien, también hay que tener en en cuenta que, quizás según la curva de Laffer, ello no aumentará de por si los ingresos públicos. Los impuestos que sí pueden tener una incidencia más que positiva son los impuestos medioambientales, puesto que no sólo pueden permitir ingresar por conceptos que ahora no se ingresa (que seguramente se estará dispuesto a pagar), sinó que desincentivará las conductas contrarias al medioambiente y así se podrá compensar la problemática actual: España la pasada legistaltura tuvo que pagar 770 M de euros por derechos de emisión de CO2.

En ingresos de la producción e importaciones, en España también se redujeron los ingresos (de 11,6% del PIB al 9,8%), mientras en la Eurozona se casi mantenían (13% al 12,8%). En ello seguramente contribuyó la menor actividad, el menor acceso a financiación externa, la menor confianza empresarial y la reducción del número de empresas (2007-2011: se perdieron 86.081 empresas). Aunque es cierto que podría incrementarse el tipo efectivo de las grandes empresas, por el mismo efecto de la curva de Laffer, se debería ser cauteloso en la cuantía para no originar una disminución en la recaudación. Así mismo, éste está en línea con la media europea, con lo que no parece recomendable ir en contra del proceso de armonización europea.

En ingresos por IRPF, se nota el cierre de estas empresas y la desaparición de la actividad de 1.290.000 empresarios individuales o autónomos (datos INE), al aumentar la cifra de parados de1,83 M de personas en 2007 a 5 M de personas y disminuir sus ingresos. Lo cual no deja de ser preocupante ya que además ello supone más gasto ahora y quizás en el futuro.

En cotizaciones sociales, los ingresos se mantuvieron en el período en un 13% del PIB.

Para aumentar el PIB español e ingresos públicos, teniendo en cuenta la imposibilidad de aumentar el gasto público, parece necesario proceder a estimular el consumo, la inversión y las exportaciones. Una medida adecuada a tomar ha sido la reforma financiera (para intentar reestablecer el crédito a medio plazo), pero no es la única.Según mi opinión, en la actualidad una de las mejores formas de reequilibrar los ingresos y gastos del sector público en relación al PIB, es a través de la estimulación de nuevos ingresos vinculados a la creación de nuevas empresas. Cuando éstas se crean se generan los siguientes efectos: aumento del empleo, aumentos de ingresos por IRPF, a largo plazo por Sociedades (si se les va a exonerar los primeros años), a largo plazo por cotizaciones sociales (si se les va a exonerar los primeros años), si fluye el crédito (privado pero y porqué no público de forma controlada) aumenta la inversión, consumo y por tanto PIB,… Además disminuyen gastos derivados del subsidio de desempleo al disminuir el paro.

Como que, estadísticamente está demostrado que un elevado porcentaje de empresas no sobrevive los primeros años de actividad, se deberán crear muchas empresas y además, como deberá pasar un elevado tiempo para ver los resultados esperados, es mejor que cualquier medida incentivadora al respecto se realice de la forma más rápida posible.Es por todo lo explicado que todavía no entiendo que, siendo tan importante para el país y los ingresos públicos venideros y dada la desaparición de empresas y autónomos que hemos padecido (e ingresos públicos), el Gobierno todavía no haya apostado definitivamente por una Ley de Emprendedores de la que tanto hablaba en campaña electoral. La necesitamos ya, de la misma forma que hemos necesitado la reforma del sector financiero. 



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


UNETE






Ley de Emprendedores ya


 

he leído opiniones de personas que defienden que el único problema que tiene España es el endeudamiento privado. Este problema es grave pero no el único. Estos conciudadanos argumentan incluso que, de no existir el problema de los bancos, no cabría porqué arreglar nada en los presupuestos públicos. Personalmente, me subleva que se opine sin realizar un análisis profundo de las diferentes situaciones existentes. Ello es especialmente grave porque estos análisis más livianos a menudo los realizan políticos, que son los que finalmente toman las decisiones en nombre de los ciudadanos.

Por ello, me parece oportuno realizar un examen exhaustivo del sector público español hoy y cómo estaba en el año 2007, para luego poder extraer conclusiones sobre lo que se debería ir trabajando.

En el año 2007, España tenía superávit fiscal público (+1,9% del PIB). Sí, no me equivoco. Superávit Público. En 2011, cómo ya se sabe, el déficit público fue del - 8,9% del PIB. Evidentemente, esta evolución no es la misma que la ocurrida en la Eurozona (pasó del 0,7% al -4,1%) o Alemania (del 0,2% al -1%) y Francia (-2,7% al -5,2%). También es cierto que el PIB disminuyó en España. Adicionalmente es importante comentar que, aunque se espera una reducción de esta cifra en 2012, también se deberán incorporar los intereses de la deuda por la refinanciación de los bancos. A modo de información, el déficit público sostenible en el tiempo considerado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento es del 3% del PIB.

Este déficit público demasiado elevado ha producido una cada vez más elevada necesidad mayor de financiación. Si en 2007 la deuda pública representaba el 36% del PIB, en 2011 cerró en 68,5%, hoy está en 72% y podría cerrar 2012 en un 80% del PIB con la incorporación de la deuda pública del rescate bancario (UEM: del 66,3% al 87,2%). Recordemos que la cifra de deuda pública considerada sostenible en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento es del 60% del PIB.

Lo primero que me sale decir a la luz de estos datos es: hay que reducir el déficit público. ¿Por qué? Porque no es sostenible y porque hay que financiarlo y eso cada vez es más complicado toda vez los inversores ven en ello un gran riesgo al estar tan supeditada la solvencia del sector público al sector financiero (el Estado ha avalado a las entidades financieras para que les prestasen dinero desde fuera y las entidades han comprado hasta no poderlo hacer más deuda pública).

Ahora, surgen muchas dudas al respecto de la situación existente: ¿Quién va a financiar ahora la deuda pública que venza? Y la deuda privada? ¿Hasta cuándo podemos aguantar? El problema es que hoy en día a corto plazo nos vence demasiada deuda y que las medidas que podemos instrumentar desde España para solucionar los problemas tienen resultados a largo plazo.

Personalmente, a corto plazo, abogaría por romper el vínculo vicioso banca-estado y para ello deberíamos tener el soporte de la Eurozona. Primero, comprando la Eurozona la deuda que va venciendo (quizás por el EFSF) y segundo, trasladando a largo plazo la deuda bancaria. Además, se debería apelar a la creación de la Unión Fiscal y Política con pactos vinculantes de todos los estados en caso de cumplirse todas las condiciones que indiquen los países financiadores a cada país. Ello contribuiría a dar confianza sobre la irreversibilidad de la moneda única para todos los países y sobre el proyecto europeo. Si ello no fuera posible, quizás lo mejor sería crear ya el conflicto.

A nivel europeo, se debería abogar por eliminar las tres cláusulas que endurecen el ESM frente al EFSF y que lo hacen inviable: prioridad de cobro sobre la deuda de los inversores privados, que existe poder de veto en cada préstamo, que sólo se den préstamos a países insolventes si también los dan inversores privados (cuando éstos ya han rechazado la refinanciación en ese caso). Creo que todavía siguen vigentes y entorpecen la practicidad de las ayudas.

A largo plazo, hay que mirar qué ha pasado en las cuentas públicas españolas para llegar a esta situación y proponer soluciones. Al respecto, voy a examinar su evolución desde el año 2007 hasta el año 2011.

Las cifras de gasto público indican que si bien aumentó el gasto público en relación al PIB en España (de 39,2% al 43,6%), esta evolución fue similar a la ocurrida en la Eurozona (de 46,1% al 49,4%).No parece a priori que sea la distorsión más elevada sobre todo teniendo en cuenta la disminución de ingresos acaecida. Aunque también es cierto que la desconfianza en el país, al dificultar la renovación de la financiación ajena a largo plazo complica el mantenimiento del gasto público actual. Por otra parte, al no existir expectativas a corto plazo de aumento de los ingresos públicos, quizás se debería intensificar el reequilibrio de los gastos con los ingresos que se vayan obteniendo. Siempre manteniendo los gastos necesarios para el futuro de nuestro país (educación e I+D+i), se podría trabajar en un plan a largo plazo de optimización de recursos de la administración: optimización de procesos de todas las administraciones por actividades, reducción y supresión diputaciones, fusión de municipios sin tamaño óptimo eficiente,… Se trata de racionalizar el gasto público corriente a largo plazo sin perjudicar los ingresos por consumo y por IRPF en el corto plazo (con jubilaciones, no renovación de contratos interinos y sin nueva contratación).  

Los ingresos públicos en España en el período disminuyeron fuertemente (del 41,1% del PIB al 35,1%), mientras que en la UEM, Alemania y Francia éstos se mantuvieron. Aquí es necesario evaluar la evolución de los diferentes ingresos públicos:

Los ingresos por impuestos al consumo en España cayeron mientras que en la Eurozona se mantuvieron. Ello puede ser explicado por una disminución del tipo efectivo de IVA aplicado (del 15,7% al 14,6%) y por una disminución de la confianza e ingresos por rentas de los ciudadanos que conlleva un menor consumo. Llama la atención que el tipo efectivo de IVA en la Eurozona es del 19,2%. Por ello, dentro del proceso de armonización fiscal (paso previo a unión fiscal), no me extraña que los organismos internacionales hablen de subir el IVA a las actividades de IVA reducido y quizás al resto. Ahora bien, también hay que tener en en cuenta que, quizás según la curva de Laffer, ello no aumentará de por si los ingresos públicos. Los impuestos que sí pueden tener una incidencia más que positiva son los impuestos medioambientales, puesto que no sólo pueden permitir ingresar por conceptos que ahora no se ingresa (que seguramente se estará dispuesto a pagar), sinó que desincentivará las conductas contrarias al medioambiente y así se podrá compensar la problemática actual: España la pasada legistaltura tuvo que pagar 770 M de euros por derechos de emisión de CO2.

En ingresos de la producción e importaciones, en España también se redujeron los ingresos (de 11,6% del PIB al 9,8%), mientras en la Eurozona se casi mantenían (13% al 12,8%). En ello seguramente contribuyó la menor actividad, el menor acceso a financiación externa, la menor confianza empresarial y la reducción del número de empresas (2007-2011: se perdieron 86.081 empresas). Aunque es cierto que podría incrementarse el tipo efectivo de las grandes empresas, por el mismo efecto de la curva de Laffer, se debería ser cauteloso en la cuantía para no originar una disminución en la recaudación. Así mismo, éste está en línea con la media europea, con lo que no parece recomendable ir en contra del proceso de armonización europea.

En ingresos por IRPF, se nota el cierre de estas empresas y la desaparición de la actividad de 1.290.000 empresarios individuales o autónomos (datos INE), al aumentar la cifra de parados de1,83 M de personas en 2007 a 5 M de personas y disminuir sus ingresos. Lo cual no deja de ser preocupante ya que además ello supone más gasto ahora y quizás en el futuro.

En cotizaciones sociales, los ingresos se mantuvieron en el período en un 13% del PIB.

Para aumentar el PIB español e ingresos públicos, teniendo en cuenta la imposibilidad de aumentar el gasto público, parece necesario proceder a estimular el consumo, la inversión y las exportaciones. Una medida adecuada a tomar ha sido la reforma financiera (para intentar reestablecer el crédito a medio plazo), pero no es la única.Según mi opinión, en la actualidad una de las mejores formas de reequilibrar los ingresos y gastos del sector público en relación al PIB, es a través de la estimulación de nuevos ingresos vinculados a la creación de nuevas empresas. Cuando éstas se crean se generan los siguientes efectos: aumento del empleo, aumentos de ingresos por IRPF, a largo plazo por Sociedades (si se les va a exonerar los primeros años), a largo plazo por cotizaciones sociales (si se les va a exonerar los primeros años), si fluye el crédito (privado pero y porqué no público de forma controlada) aumenta la inversión, consumo y por tanto PIB,… Además disminuyen gastos derivados del subsidio de desempleo al disminuir el paro.

Como que, estadísticamente está demostrado que un elevado porcentaje de empresas no sobrevive los primeros años de actividad, se deberán crear muchas empresas y además, como deberá pasar un elevado tiempo para ver los resultados esperados, es mejor que cualquier medida incentivadora al respecto se realice de la forma más rápida posible.Es por todo lo explicado que todavía no entiendo que, siendo tan importante para el país y los ingresos públicos venideros y dada la desaparición de empresas y autónomos que hemos padecido (e ingresos públicos), el Gobierno todavía no haya apostado definitivamente por una Ley de Emprendedores de la que tanto hablaba en campaña electoral. La necesitamos ya, de la misma forma que hemos necesitado la reforma del sector financiero. 




Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar

PDF


UNETE