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La sombra de nuestra soledad


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14/06/2012


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Ya sea impuesta o elegida, la soledad es algo a lo que todos, en algún momento de nuestra vida, tendremos que enfrentarnos. Y no queda más que aprender a afrontarla con decisión, dignidad y equilibrio.

Podemos aceptar esa soledad mejor cuando la vemos como un estado transitorio y una oportunidad para descubrirnos a nosotros mismos. Depende de nosotros que ese tiempo en soledad, pocos días o muchos, sea grata o no.

Probablemente saldremos fortalecidos de esa situación al darnos cuenta de que hemos sido capaces de mirarle a la cara, sin miedo; de comprobar que tenemos muchas más capacidades de las que creíamos y recursos que poner en funcionamiento.

Básicamente, hay dos razones por las que puede vivirse en soledad. Una de ellas es por decisión propia, la otra debida a las circunstancias.

La soledad elegida nace de las decisiones tomadas por uno mismo y debería afrontarse con gran capacidad de reconducción, con afán de ser el conductor de su propia vida; siendo uno mismo, sin caretas ni disfraces; buscando el crecimiento personal en la consecución de proyectos y aspiraciones.

Habrá quién piense que aquellos que quieren vivir solos lo hacen por miedo al compromiso (mito este muy arraigado), y no cabe duda que  habrá personas con este perfil, pero la mayoría optan por esta opción manifestando una gran capacidad de aventura, asumiendo riesgos y necesitando disfrutar de uno mismo.

Al fin y al cabo, nunca se está solo del todo, estamos con nosotros mismos, nuestro más preciado tesoro.

Por otro lado, la soledad impuesta, es mal recibida, es entendida como un castigo; la persona que no sabe estar consigo mismo puede sentirse desbordada por las circunstancias, o tal vez herida, y puede ver su vida como una profunda crisis de la que le costará salir. Es tiempo entonces de intentar apaciguar la ansiedad, de darse tiempo, con paciencia y pensar que cuenta con recursos suficientes para hacer más llevadera esa situación, probablemente transitoria.

Cuando una persona no sabe estar sola busca irremediablemente la compañía de alguien, busca una pareja que la acompañe el resto de su vida. La prisa y necesidad de conseguir este objetivo, a veces, nos puede hacer decidir mal y elegir a la persona inadecuada.

Es preciso saber que la soledad es un paso previo, muy recomendable, a la vida en pareja. Hay que amarse antes de amar.

De esta manera se aprende a valorar la importancia real de la compañía, los hechos que nos rodean, nuestra propia personalidad y, en general, a nosotros mismos y esos recónditos espacios de nuestro interior que difícilmente descubriremos si nunca nos paramos a observarlos, a entenderlos y a respetarlos.

Cuidado con los mitos: muchos se piensan que la soledad implica desconexión del entorno. Esto es falso, hay que tener una gran capacidad de relación con el entorno para saber vivir en soledad.

También se tiende a creer que la soledad es el resultado de ser un fracaso personal. Falso. La soledad no es más que un estado emocional transitorio, que puede ser elegido voluntariamente o no.

Otra creencia o mito tiende a ver a las mujeres más propensas a evitar la soledad: “aspiran a casarse y cazar a un hombre…”. Afortunadamente, las mujeres, cada vez son menos dependientes del hombre. Esta dependencia ha sido desmitificada progresivamente, gracias a su evolución laboral y académico, a su formación intelectual y personal.

De igual forma, a menudo se ha dicho que los hombres son espíritus libres y que tienden a rehuir el matrimonio o la vida compartida en pareja. Nada más lejos de la realidad, el hombre lleva peor la confrontación con la soledad, la perciben con mayor descontrol.

En cualquier caso, la soledad habría que contemplarla como un puente para conseguir objetivos personales, como un tiempo para encontrarnos y conocernos, como una forma de ir hacia delante en ese transcurrir de nuestra vida, una situación o circunstancia transitoria. Nunca como un castigo, con sensación de fracaso y con miedo o rabia. Debe ser nuestra compañía particular, nuestro espejo, nuestra aliada.



Etiquetas:   Emociones

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