Ola de cambios se avecina (2)



Estábamos hablando sobre la motivación en estas aulas de secundaria y por más que lo piense no logro ver caminos consistentes, todos dan la impresión de que acaba de pasar por ellos la maldición de algún fenómeno atmosférico. Sólo logro entrever baches y barro, muy húmedo todavía.

 


Al final, la manera de llegar a los niños, de acercarles lo que queremos enseñarles e incitar que ellos se aproximen también – como en todos los niveles educativos- es a través de las pequeñas cosas.

Cada uno hemos sido hechos -y nos hemos hecho- de unas características específicas y, por tanto, nada de vastos senderos adaptables, tendremos que empezar a esforzarnos con cada alumno de manera individual y de formas distintas.

Entonces, tendremos que huir de los estereotipos que hemos estado durante años intentando forjar, tendremos que no sólo predicar que cada ser humano es único, sino que habrá que tomarlo como tal y no crear escuelas a partir de experiencias de cada alumno.

Para intentar acercar todo esto un poco más a la realidad comentaré mi experiencia, qué me hizo a mi seguir estudiando, que motivaciones tenía y rápidamente veremos lo poco aplicable al resto de las personas que es.

Yo, en la secundaria intentaba estudiar porque creía que escalar en los niveles educativos me daría más posibilidades de conocer el mundo, pensaba que tendría más oportunidades para conocer lo que me rodea. En cierto modo ocurre, aunque cada alumno puede descubrir todo lo que se proponga sin necesidad de seguir promocionando en la escuela convencional, aprobar los distintos cursos es una facilidad.

Como todos los niños he tenido asignaturas que me gustaban y otras que detestaba, por razones de afinidad -supongo- me gustaba profundizar en temas como la historia. En el momento que me explicaron en esa asignatura que existía la prehistoria, me hablaron de la época de los romanos y tratamos la actualidad, quise saber más, quise conocer todo lo que se hallaba entre cada una de esas eras, que no era poco por lo que vi.

Del mismo modo, cuando di la materia de ética en la secundaria, rápidamente quise saber sobre moral, sobre filosofía y más tarde me interesé por temas como la ética en la política o la ética ecológica.

Para aprender todos estos conceptos e ideas seguir avanzando en el sistema educativo al que pertenecía me fue de gran ayuda.

Esto, como vemos, sólo son experiencias, momentos vividos por un alumno -en este caso yo- en el período del instituto, difícilmente extrapolables a otro sujeto debido a la gran concreción de los datos.

Como un superviviente más de la secundaria y tras haber vivido lo contado arriba no me queda más remedio que abogar por una mayor capacidad de elección y flexibilidad en el sistema educativo.

No lo dejemos en palabras, pues de poco sirve, no lleguemos hasta esta conclusión y punto final. Me parece una verdadera estupidez dejar flotando un tema tan interesante como la motivación y la implicación de los niños en el aula. Intentemos acercarlo más a la realidad, vayamos a la escuela y propongamos algo factible.

¿Qué tal si los alumnos pueden escoger desde la ESO estudiar lo que les gusta? Esta claro que no podemos dejarles hacer solamente horas de una misma materia y que rápidamente saldrán detractores de este sistema debido a su especificidad y la falta de conocimientos de cultura general para ser más conscientes de lo que elegimos.

Vayamos por pasos, en un principio no se pretende una irreconciliación entre la actualidad y a lo que aspiramos.

Podríamos elaborar un programa donde no nos separemos por ramas, sólo enfocarnos más en aquello que nos guste. Tomemos que las asignaturas de matemáticas y de historia tienen cuatro horas semanales, bien, ¿qué tal si un alumno decide hacer cinco horas de matemáticas -porque realmente le fascinan- y tres de historia? Podríamos hacerlo a la inversa, por supuesto.

Esto se podría transportar a diversas asignaturas, haríamos una hora más de -por ejemplo- cuatro asignaturas y una hora menos de otras cuatro. Existiría la posibilidad no sólo de elegir cuales hacer más o menos horas sino también de decidir las materias que queremos dejar según lo establecido.

Para que no haya miedos ni caminos irreversibles hay una posibilidad de a cada curso, cambiar estas características, las personas cambiamos, nuestras pasiones y motivaciones cambian, luego debe cambiar también la forma y hacia qué enfocar nuestra educación. Como decimos es algo totalmente flexible, no es una elección que determine nada ni que cierre a las personas de puertas y ventanas, no se trata con esto de perder libertad ni conocimientos.

En cualquier caso, viendo la poca adaptabilidad del sistema educativo vigente y la poca cuerda que afloja, es prácticamente imposible insertar cambios en la actualidad y me temo que tendremos que terminar todos con caras de perro y dejarnos de hablar.

Una vez ya separados- de veras que he intentado no hacerlo- tendremos que elaborar un sistema educativo donde lo más importante sea la educación. Parece una estupidez y una incongruencia que no sea de éste modo pero, tal y como estamos hoy en día, me temo que el objetivo de nuestro sistema no es la educación de la sociedad, nos encontramos en un régimen donde se transmiten una serie de conocimientos y procesos que se transmitían hace ya demasiados años como para contarlos e iba dirigido a un grupo humano totalmente irreconocible. La sociedad actual ha vivido demasiados cambios como para serle útil lo que esta recibiendo, de este modo no nos queda otro remedio que hablar de una organización desfasada y desenfocada..

Si pensamos ¿qué podemos hacer para trabajar o para estudiar mejor que ayer? La respuesta podría ser obvia, más energía, ¿cómo la conseguimos? Con motivación, es por eso que el sistema ha de tener en cuenta las motivaciones e incentivos de los alumnos si pretende ser válido. Los maestros son aquellos que han de forzar esas motivaciones, motivaciones que serán distintas a cada niño que se encuentren en las aulas.

Hasta ahora se han fijado unas metas generales y todos han tenido que llegar a ellas, sin importar que es lo que aprenden por el camino. Dejando de lado aquello que se aprende por el camino- que es muy importante pero lo comentaremos otro día- se tiene que elaborar un sistema a partir de aquello que los niños necesiten y al final, después de todo, crear la meta.

Con esto me refiero a que los maestros, ocasionalmente, deciden que no es preciso motivar a los alumnos porque se han de alcanzar unas metas y esas motivaciones no las ven directamente relacionadas con ellas, es más, son un estorbo.

Es justamente ahí donde no podemos ceder más, la motivación, así como la tranquilidad y templanza del niño en la escuela y su pasión no son prescindibles. Bueno, sólo son necesarias si queremos que el alumno continúe con su educación y sea capaz de aprovecharla y extraer todo lo posible de ella.

De nada sirve crear grandes discursos y generalizaciones intratables que eduquen de la mejor manera a todos los niños y niñas del globo terráqueo, si realmente queremos hacer algo por la educación -y por ende, por los niños y por el mundo en el que vamos a vivir- hemos de ir centro por centro, aula por aula y niño por niño, tenemos que centrarnos en lo que tenemos delante de nuestras narices y solucionarlo, no crear el medicamento sin hacer un reconocimiento antes, hemos de empezar por la tierra y terminar en el cielo.

Llegados a este punto, viendo el bunker atrincherado cerrado total y absolutamente a todo y todos que es la actualidad en la educación, sólo me queda la esperanza de creer en una escuela donde se cambie el sistema educativo desde abajo, que se reconstruya totalmente.



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Ola de cambios se avecina (2)


Estábamos hablando sobre la motivación en estas aulas de secundaria y por más que lo piense no logro ver caminos consistentes, todos dan la impresión de que acaba de pasar por ellos la maldición de algún fenómeno atmosférico. Sólo logro entrever baches y barro, muy húmedo todavía.

 


Al final, la manera de llegar a los niños, de acercarles lo que queremos enseñarles e incitar que ellos se aproximen también – como en todos los niveles educativos- es a través de las pequeñas cosas.

Cada uno hemos sido hechos -y nos hemos hecho- de unas características específicas y, por tanto, nada de vastos senderos adaptables, tendremos que empezar a esforzarnos con cada alumno de manera individual y de formas distintas.

Entonces, tendremos que huir de los estereotipos que hemos estado durante años intentando forjar, tendremos que no sólo predicar que cada ser humano es único, sino que habrá que tomarlo como tal y no crear escuelas a partir de experiencias de cada alumno.

Para intentar acercar todo esto un poco más a la realidad comentaré mi experiencia, qué me hizo a mi seguir estudiando, que motivaciones tenía y rápidamente veremos lo poco aplicable al resto de las personas que es.

Yo, en la secundaria intentaba estudiar porque creía que escalar en los niveles educativos me daría más posibilidades de conocer el mundo, pensaba que tendría más oportunidades para conocer lo que me rodea. En cierto modo ocurre, aunque cada alumno puede descubrir todo lo que se proponga sin necesidad de seguir promocionando en la escuela convencional, aprobar los distintos cursos es una facilidad.

Como todos los niños he tenido asignaturas que me gustaban y otras que detestaba, por razones de afinidad -supongo- me gustaba profundizar en temas como la historia. En el momento que me explicaron en esa asignatura que existía la prehistoria, me hablaron de la época de los romanos y tratamos la actualidad, quise saber más, quise conocer todo lo que se hallaba entre cada una de esas eras, que no era poco por lo que vi.

Del mismo modo, cuando di la materia de ética en la secundaria, rápidamente quise saber sobre moral, sobre filosofía y más tarde me interesé por temas como la ética en la política o la ética ecológica.

Para aprender todos estos conceptos e ideas seguir avanzando en el sistema educativo al que pertenecía me fue de gran ayuda.

Esto, como vemos, sólo son experiencias, momentos vividos por un alumno -en este caso yo- en el período del instituto, difícilmente extrapolables a otro sujeto debido a la gran concreción de los datos.

Como un superviviente más de la secundaria y tras haber vivido lo contado arriba no me queda más remedio que abogar por una mayor capacidad de elección y flexibilidad en el sistema educativo.

No lo dejemos en palabras, pues de poco sirve, no lleguemos hasta esta conclusión y punto final. Me parece una verdadera estupidez dejar flotando un tema tan interesante como la motivación y la implicación de los niños en el aula. Intentemos acercarlo más a la realidad, vayamos a la escuela y propongamos algo factible.

¿Qué tal si los alumnos pueden escoger desde la ESO estudiar lo que les gusta? Esta claro que no podemos dejarles hacer solamente horas de una misma materia y que rápidamente saldrán detractores de este sistema debido a su especificidad y la falta de conocimientos de cultura general para ser más conscientes de lo que elegimos.

Vayamos por pasos, en un principio no se pretende una irreconciliación entre la actualidad y a lo que aspiramos.

Podríamos elaborar un programa donde no nos separemos por ramas, sólo enfocarnos más en aquello que nos guste. Tomemos que las asignaturas de matemáticas y de historia tienen cuatro horas semanales, bien, ¿qué tal si un alumno decide hacer cinco horas de matemáticas -porque realmente le fascinan- y tres de historia? Podríamos hacerlo a la inversa, por supuesto.

Esto se podría transportar a diversas asignaturas, haríamos una hora más de -por ejemplo- cuatro asignaturas y una hora menos de otras cuatro. Existiría la posibilidad no sólo de elegir cuales hacer más o menos horas sino también de decidir las materias que queremos dejar según lo establecido.

Para que no haya miedos ni caminos irreversibles hay una posibilidad de a cada curso, cambiar estas características, las personas cambiamos, nuestras pasiones y motivaciones cambian, luego debe cambiar también la forma y hacia qué enfocar nuestra educación. Como decimos es algo totalmente flexible, no es una elección que determine nada ni que cierre a las personas de puertas y ventanas, no se trata con esto de perder libertad ni conocimientos.

En cualquier caso, viendo la poca adaptabilidad del sistema educativo vigente y la poca cuerda que afloja, es prácticamente imposible insertar cambios en la actualidad y me temo que tendremos que terminar todos con caras de perro y dejarnos de hablar.

Una vez ya separados- de veras que he intentado no hacerlo- tendremos que elaborar un sistema educativo donde lo más importante sea la educación. Parece una estupidez y una incongruencia que no sea de éste modo pero, tal y como estamos hoy en día, me temo que el objetivo de nuestro sistema no es la educación de la sociedad, nos encontramos en un régimen donde se transmiten una serie de conocimientos y procesos que se transmitían hace ya demasiados años como para contarlos e iba dirigido a un grupo humano totalmente irreconocible. La sociedad actual ha vivido demasiados cambios como para serle útil lo que esta recibiendo, de este modo no nos queda otro remedio que hablar de una organización desfasada y desenfocada..

Si pensamos ¿qué podemos hacer para trabajar o para estudiar mejor que ayer? La respuesta podría ser obvia, más energía, ¿cómo la conseguimos? Con motivación, es por eso que el sistema ha de tener en cuenta las motivaciones e incentivos de los alumnos si pretende ser válido. Los maestros son aquellos que han de forzar esas motivaciones, motivaciones que serán distintas a cada niño que se encuentren en las aulas.

Hasta ahora se han fijado unas metas generales y todos han tenido que llegar a ellas, sin importar que es lo que aprenden por el camino. Dejando de lado aquello que se aprende por el camino- que es muy importante pero lo comentaremos otro día- se tiene que elaborar un sistema a partir de aquello que los niños necesiten y al final, después de todo, crear la meta.

Con esto me refiero a que los maestros, ocasionalmente, deciden que no es preciso motivar a los alumnos porque se han de alcanzar unas metas y esas motivaciones no las ven directamente relacionadas con ellas, es más, son un estorbo.

Es justamente ahí donde no podemos ceder más, la motivación, así como la tranquilidad y templanza del niño en la escuela y su pasión no son prescindibles. Bueno, sólo son necesarias si queremos que el alumno continúe con su educación y sea capaz de aprovecharla y extraer todo lo posible de ella.

De nada sirve crear grandes discursos y generalizaciones intratables que eduquen de la mejor manera a todos los niños y niñas del globo terráqueo, si realmente queremos hacer algo por la educación -y por ende, por los niños y por el mundo en el que vamos a vivir- hemos de ir centro por centro, aula por aula y niño por niño, tenemos que centrarnos en lo que tenemos delante de nuestras narices y solucionarlo, no crear el medicamento sin hacer un reconocimiento antes, hemos de empezar por la tierra y terminar en el cielo.

Llegados a este punto, viendo el bunker atrincherado cerrado total y absolutamente a todo y todos que es la actualidad en la educación, sólo me queda la esperanza de creer en una escuela donde se cambie el sistema educativo desde abajo, que se reconstruya totalmente.




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