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Las trece colonias
inglesas que se declararon independientes tardaron nueve años en constituir los
Estados Unidos de Norteamérica, no sin una guerra por medio y una paz, llamada
de Versalles. Los trece nuevos Estados perdieron parte de su soberanía para
poder ser un gran Estado que, con el paso del tiempo, tras expansionarse, se
unieron otros más hasta formar los cincuenta que hoy día se conocen, luchando y
defendiendo, como uno sólo, allí donde se encuentren sus ciudadanos, orgullosos
de su política, del color de su piel, de su raza, de su bandera, de su himno
que, después de casi doscientos treinta años, forman una República Federal
Constitucional. Su moneda oficial: Dollar (100 centavos); Half dollar (50
centavos); Quarter (25 centavos); Dime (10 centavos); Nickel (5 centavos);
Penny (1 centavo). Billete oficial (papel moneda): 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100. Billetes
que pululan por el mundo entero, se encuentran en cualquier país visitado,
tienen un valor inestimable. Abundan, como si el presidente, cada noche,
emitiera nuevos y variados billetes inundando todos los mercados por doquier.
Inglaterra, como los
USA, dispone de la unidad en papel moneda, algo que se ha echado en falta en el
transcurso del diseño del nacimiento del Euro. ¿De quién partió la idea de que
el euro naciera muerto? Sí, muerto, porque el más bajo papel moneda actual es
de 5€ en lugar de 1€. Posiblemente sea ésta una de las causas por la que
Inglaterra está siendo tan remolona, tanta como el perro del hortelano que ni
come ni deja comer, ni hace ni deja hacer, aunque sí emite directrices con las
que ella raramente comulga. La libra (pound) sigue siendo fuerte, al igual que
el dólar, pese a lo que digan los mercados, y no va a abandonar esta moneda ni
a su commonwealth.
¿Qué pensaban las
materias grises de Francia, Italia, República Federal Alemana, Bélgica, Países
Bajos, Luxemburgo, que firmaron el Tratado de Roma en 1957, para formar un
mercado común llamado Comunidad Económica Europea y, más tarde, desde 1965,
Comunidad Europea, con un sistema jurídico y político complejo, desde 1993?
¿Qué pintan quince miembros más desde 2007, año de comienzo de la crisis
actual, sin que se haya puesto sobre el tapete lo principal: la soberanía y la
fiscalidad?
Estados Unidos de
América se está impacientando y no les está gustando nada, pero que nada, cómo
gestiona la crisis europea, con su hegemonía, la República de Alemania, porque
día a día, ve cómo el mercado la hace tan poco competitiva que terminará fracasando
e impidiendo la recuperación y arrastrando tras ella al continente americano.
No se puede estar
pidiendo ad infinitum dinero y más dinero codiciosa e insaciablemente personas
que, mientras no se demuestre lo contrario, son las responsables de una pésima
gestión que achacan, como siempre, es historia, al de enfrente.
La hoja de ruta
europea urge hacerla cuanto antes, aún está a tiempo de refundar los Estados
Unidos de Europa, en caso de acuerdo, cediendo parte de la soberanía todos y
cada uno de los países integrantes, sea monarquía o república, redactando una
constitución integradora, dejando de lado los, hasta ahora, bien patentes
egoísmos políticoeconómicos, formalizando unos presupuestos generales
conjuntos, funcionando de verdad un parlamento supranacional más efectivo, más
activo, con no más de cuatro parlamentarios por país, para que se entiendan y
trabajen concienzudamente, aunque para ello tienen que desaparecer las
políticas aldeanas, nacionalistas y autonómicas, formalizando una política
económica conjunta, con una autoridad fiscal al frente de un verdadero Banco
Central único, parecido a la Reserva Federal Estadounidense, hacer desaparecer
las monedas de 2 y 20 céntimos y hacer aparecer el billete de 1 euro (papel
moneda). Todo esto no es nuevo, sino que ya lo hicieron hace más de
doscientos años los Estados Unidos de América, llegando a tener actualmente,
como tiene, la hegemonía en este planeta.
La hoja de ruta
española pasa, después de treinta tres largos años, por dejarse de milongas
politiqueras y asumir que lo que se quiere para Europa debe quererse para
España, ambas deben perder soberanía y así debe entenderlo la corporatividad de
la clase política europea y española. Menos políticos, menos sueldos, más
trabajo, más efectividad mirada con lupa, tal y como se ordena al ciudadano de
a pie. Y poner coto a tanto pedigüeño que, sin mostrar las cuentas de sus
pérdidas, todo el mundo debe creérselo a pies juntillas, sin haber olido un
solo libro de contabilidad, con el debe y el haber al día, que lleva más de
cinco años con la mano extendida sin que nadie sea capaz de decir basta.
En la cultura popular
nadie sabría decir por qué se acepta como normal que un cargo público mienta y
no dimita, o sus superiores le cesen (estamos hablando de España), cuando en la
vida ordinaria y diaria, en cualquier profesión se considera anormal.
Los recortes no son
medidas disuasorias, como se anuncia, sino una justificación injustificable a
la mala praxis, a la mediocridad, al haber llevado a la Sanidad que, nunca debió
ser transferida (igual que Educación), con una gestión intolerable, utilizando,
con sus desvíos, partidas de dinero hacia donde no debían. Después de ordeñar,
en su beneficio, más de treinta años, la vaca se ha escosado y, cómo no, como
siempre, los responsables de esta mala gestión, con absoluta falta de
austeridad, responsabilizan a los gestionados. Siempre tienen la culpa los
demás, precisamente a los españoles que confiaron con sus votos a lo largo de
estas diez legislaturas que gestionaran el dinero de todos, con las cuentas
públicas al aire, no para que lo dilapidaran. Típico de una gestión esquizoide.
Los gobiernos, sean
azules o rojos, siempre piden esfuerzos y sacrificios, están su programa,
olvidándose de sí mismos. Los gobiernos siempre solicitan que se les entienda,
cuando se olvidan de entenderlo ellos mismos.
Los recortes en que se
han embarcado los políticos de turno, repito: rojos o azules, en esta crisis,
para atajarla desde el primer instante de su conocimiento, con un retraso de
casi un quinquenio, exigía la habilidad de un cirujano que, ante un tumor, provisto
de ojos de halcón, corazón de león y manos de mujer, tenía que cortar por lo
sano. Sin embargo, pese a su malignidad esto no se hizo, se tuvo miedo,
ignorancia, sino que se trató de poner en marcha medidas paliativas
anticonstitucionales como rebajar los sueldos a todos los funcionarios en lugar
de acompañarla de una bajada aún más drástica del sueldo de sus señorías que,
en su desastrosa gestión, eran los auténticos responsables. No obstante, aún
hay remedio para esto que, como propuesta que circula por los angostos
circuitos de la globalización desde hace muchísimos meses, recoja el guante,
ahí queda: los altos cargos deben ser asalariados del Estado del grupo A, nivel
30, durante no más de dos legislaturas, volviendo a su puesto anterior, no vaya
a ser que quieran batir el record de quien estuvo cuarenta años, algunos lo han
intentado y van por la mitad; contribuirán al sustento de la Seguridad Social
como cualquier trabajador, cotizando para ello a partir de su sueldo para su
jubilación con incompatibilidad de sueldos; sufriendo el descuento del IRPF que
le corresponde en la tabla que ellos mismos generaron para otros, que sería del
50%; cumpliendo las mismas leyes que el resto de los españoles; dietas: las
mínimas; prebendas: las justas, como predican a los demás; suprimir puestos de
libre designación, puestos a dedo. Todo esto ahorraría muchísimo dinero, que es
lo que se busca, mucho más que recortando los sueldos bajos. Además todo esto
crearía un ambiente de gran solidaridad con el resto de los españoles y
prestarían, de verdad, un gran servicio, que es lo que buscan, pero no
encuentran.
La prosperidad no
significa que uno tenga que ser dadivoso con todo el mundo. A los españoles nos
cuesta una crisis mantener a tantos cargos públicos que son un dechado de
derroche, utilizando las subvenciones como arma de la se puede tomar un ejemplo
muy edificante: en el mes de septiembre de 2009, en plena crisis económica,
José Luis Rodríguez Zapatero condonó 77 millones de dólares y 5,5 millones de
euros. Eso lo hace cualquiera, incluso él mismo, con el dinero que no es suyo.
¿De qué sirve ahorrar si el ahorro se va a ir por la tangente? En el mismísimo
momento que ponen la mano en el dinero de las cuentas públicas, repito que no
es suyo, se produce el caos y, como malabaristas, adueñándose de él, lo llevan
de aquí para allá y acullá, disparándose el gasto, invirtiendo en gestiones que
no tienen mucho sentido y sí muchos quebraderos de cabeza, cuando lo sencillo
es sumar, restar, multiplicar y dividir sin grandes fastos.
Fue a finales del año
2010 cuando el Gobierno aprobó un decreto que, si nadie lo remedia, entrará en
vigor este año, por el que el boticario podrá bloquear las recetas prescriptas
por el facultativo médico. Una vez que el médico, ante un paciente/cliente/usuario,
hace una historia clínica a base de valorar sus antecedentes personales
(incluidas alergias), familiares, anamnesis, etiología, patogenia, exploración
física, pruebas complementarias, diagnóstico y prescribe el tratamiento
específico, lo cual lleva su tiempo, ¿cómo es posible que el gobierno de turno
dé poderes casi plenipotenciarios a los farmacéuticos, de manera que la receta
pueda ser bloqueada/paralizada, despreciando la labor del médico, cuando los
boticarios son dueños y señores de un negocio, que se rige exclusivamente por
las leyes del libre comercio, buscando la mayor rentabilidad posible para su
negocio. Los supuestos: error manifiesto en la prescripción, inadecuación
respecto a otras prescripciones concomitantes, alerta de seguridad reciente,
etc. hace pensar que quien ha prescrito la receta no era médico, porque todo
esto se estudia en la Facultad de Medicina. El final de la polémica es lo
siguiente: el médico jamás puede responsabilizarse deontológicamente de
cualquier modificación del contenido de la prescripción (receta) que afecte al
tratamiento, léase alergia a excipientes total y absolutamente desconocidos.
El legislador
generaliza cuando la particularidad generalmente, y de cerca, es cruel. La
soberbia acompaña al legislador cuando se debería cubrir de una capa de
humildad.
Después de un septenio
negro (Legislaturas VIII y IX), al igual que la ya casi olvidadas Legislaturas
II, III, IV, V, que tanto paro y depresión, tantos cierres patronales,
incluidos los Astilleros, etc. en las que quienes tuvieron la responsabilidad
de sacar al Estado español de las crisis, y no supieron, no pueden venir ahora
a dar recetas de austeridad, por que no la han tenido nunca, ni está en su
filosofía, sino que gastan el dinero de los demás con alegría, un dinero que no
está en su bolsillo. Las autonomías, azules o rojas, conocían lo que se
avecinaba desde hace más de cuatro años, podían haber corregido errores,
ahorrando y no derrochando por encima de sus posibilidades, pero ha sido mucho
más fácil echar la culpa a papá Estado y solicitarle ayuda cuando ya no hay
remedio. Cuando esto ocurre, y no se echan las manos a la cabeza ni se acuerda
uno de esto, regresan, ya lo han hecho una vez, y se ha visto el resultado:
recortes, pero no a sí mismos, sino a los demás.
Si unas Cortes
preconstitucionales se hicieron el harakiri para dar paso a la Constitución de
1978, ¿por qué estos políticos actuales no pueden hacer lo mismo, en aras de un
Estado moderno y ejemplarizante, más propio del siglo XXI que del XIX? Algo así
como que todas y cada una de las Autonomías Españolas se despojara de sus
parlamentarios, que para eso se dispone de un Congreso de Diputados, a fin de
no tengan opción de chantajear diariamente al Estado español.
Los catalanes, con sus
recortes, hacen de su capa un sayo manteniendo embajadas en Madrid y Bruselas
gastando 1,6 millones de euros. Esto sí que es, ¿cómo llamarlo?, trabajar a
tope por el bien de los gestionados. ¿Es una necesidad o un ego que trasciende
todo tipo de pensamiento llegando a producir estos despilfarros con el dinero
público?
¿Por qué se ha de
llamar problema al envejecimiento? El envejecimiento no es un problema sino una
consecuencia de la existencia. La evolución de la vida es el envejecimiento,
más o menos saneado, de la persona que lo consigue. Es un proceso natural que
lo alcanza quien vive, como premio, después de haber trabajado una vida,
debiéndose sentir lo más confortablemente posible. Y ahí es donde no se deben
recortar aquellos beneficios sociales necesarios, fundamentalmente los
medicamentos. La situación de una persona polimedicada, sin haberla elegido, es
pesimista, pero es su oxígeno diario para poder seguir viviendo. Nadie, y menos
un galeno, debería criticar que estas personas mayores, toman una miríada de
medicamentos, porque si no los necesitara su cuerpo no los utilizaría.
Corolario: Existe un
programa avieso que consiste en reducir la lista de espera para consulta de
facultativos médicos especialistas haciendo cambios entre ellos, ignorando la
cartera de servicios que ofrece cada especialidad. Con la apariencia de un
adelanto de cita, sin nombrar por quién va a ser visitado, al final, el
recorrido, en vez de atajar, se rodea, tardando muchísimo más tiempo en
solucionar la patología que le tiene angustiado.