Llevo tiempo dando vueltas al asunto y no caigo en la trampa. Debe de tratarse de un singular misterio, de restringido acceso, cuyo descifrado está únicamente reservado a magos y a grandes gestores de banca. Por eso, digo yo, alguno de esos genios de cuadrar cuentas cuando hay caja cobran esas millonadas de Frac que, al conocerlas, nos producen tiritera.



