Del Frac al FROB

Llevo tiempo dando vueltas al asunto y no caigo en la trampa. Debe de tratarse de un singular misterio, de restringido acceso, cuyo descifrado está únicamente reservado a magos y a grandes gestores de banca. Por eso, digo yo, alguno de esos genios de cuadrar cuentas cuando hay caja cobran esas millonadas de Frac que, al conocerlas, nos producen tiritera.

 

. Debe de tratarse de un singular misterio, de restringido acceso, cuyo descifrado está únicamente reservado a magos y a grandes gestores de banca. Por eso, digo yo, alguno de esos genios de cuadrar cuentas cuando hay caja cobran esas millonadas de Frac que, al conocerlas, nos producen tiritera.

 Y es que esto de la economía y la trama de fórmulas que utilizan los economistas para analizar cuentas, déficits, balances, débitos, crisis, estamos secos, no hay, en rojo, tangibles, liquidez, PER, tanteo, depreciación y resto de argumentos de análisis financieros de las dificultades de la banca, no hay cristiano que lo entienda. Siempre he creído, aunque ahora lo tengo bastante crudo, que administrar un banco, una empresa, un comercio, una actividad mercantil, o un negocio de cerdos, era tan sencillo como administrar la economía doméstica. Tanto entra y tanto sale. Saldo positivo o saldo negativo.

 Una familia sabe siempre su situación económica y las posibilidades de gasto que tiene. Los manirrotos no suelen atenerse a ajustes y, por eso, les pasa lo que ahora sufren algunas Cajas y Bancos. En una casa de normales se conoce el dinero disponible de acuerdo a los ingresos que perciben los miembros en activo de la familia. Si la suma asciende, por ejemplo, a 1.500 euros mensuales, la madre, como leal administradora experimentada, sabe lo que tiene que destinar a cada una de las necesidades domésticas. Ella siempre es consciente de que si el gasto mensual es superior a los ingresos, a final de año el déficit acumulado va a suponer un importante lastre para la economía familiar.

 

Si la deuda de la familia es grande, superior al patrimonio y propiedades, tanto el banco como el resto de acreedores comienzan la danza del cobro y del embargo. Cuando todo se ha exprimido hasta la última gota, la familia desahuciada pide rescate, y ahí está Cáritas, como único recurso, para ayudar a mitigar el hambre de la ruina. Esto es lo normal. Es el día a día que conocemos.

 

Ahora bien, si la situación de un banco es de crac y próxima al abismo, con un déficit superior a los fondos y reservas, se aplica el baile del argot. Aquí no cuenta el color rojizo del descuadre. La primera gestión es lanzar un S.O.S. al Gobierno de turno. Mientras este estudia fórmulas y posibilidades de salvación, entran en juego los analistas, catedráticos, técnicos y doctos en economía y tramas financieras. Empiezan a hablar de activos y pasivos, de recursos opacos, valores encartados, capital ladrillo, clearing, devaluación, derecho de tanteo, lucro, duping, liquidez, debe, haber, deflación, FROB, activos tóxicos, prima de riesgo y otra serie de palabros con los que amansan la caótica situación financiera de la entidad hasta hacernos ver que es sana y fiable.

 

Con esta singular fórmula llegan a convencernos de que la diferencia entre activos y pasivos, de acuerdo a las correcciones y a los ajustes introducidos en los análisis del principal, es equilibrada y, por tanto, el banco es viable y solvente.

 

La familia por el contrario, con situaciones ínfimas de deuda, carece del argot técnico que permita concluir el mismo análisis y, por tanto, sólo se le aplica el conocido recurso de: ¡a la puta calle!

 

Son cosas del FROB y del FRAC 

UNETE



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