Kiko pantojo y sus escarceos

Belén Esteban y el tal Kiko Rivera transitan por la vida con similar paralelismo de proyección. Carecen de estudios y de formación profesional. De careto son igual de horribles. Se expresan con vulgaridad desbocada. Afrontan la vida con desparpajo y teatralidad. Son expertos del drama. Interpretan parodias mediáticas con destreza y maestría. Ambos tienen en común la herencia de unos apellidos como lanzaderas de su fama. Belén ha sabido explotar su estatus morboso atizando estopa sin tegua a su ex Jesulín de Ubrique. Sin esta fracasada unión y sin el torero apellido, la Esteban sería nada. Kiko bebe en similar manantial. Si este insulso personajillo, menguado de genio y de figura, no llevaría el apellido pantojero que explota, sería igualmente humo negro de la nada.

 

. Carecen de estudios y de formación profesional. De careto son igual de horribles. Se expresan con vulgaridad desbocada. Afrontan la vida con desparpajo y teatralidad. Son expertos del drama. Interpretan parodias mediáticas con destreza y maestría. Ambos tienen en común la herencia de unos apellidos como lanzaderas de su fama. Belén ha sabido explotar su estatus morboso atizando estopa sin tegua a su ex Jesulín de Ubrique. Sin esta fracasada unión y sin el torero apellido, la Esteban sería nada. Kiko bebe en similar manantial. Si este insulso personajillo, menguado de genio y de figura, no llevaría el apellido pantojero que explota, sería igualmente humo negro de la nada.

Ambos traman espectáculos para entretener el morbo de los débiles. Interpretan con desvergonzado arte los papeles de las tragicomedias que simulan. Casi siempre la trama es repe. Ora se aman, ora se odian. Ora se van, ora se quedan. Ora salen huyendo con portazo, ora se reconcilian con abrazos fraternales. Es el cuento de nunca acabar. Rupturas y reconciliaciones son seguidas con expectación, tristezas fingidas y alardes hipócritas por los abejorros zumbones que revolotean por los programas rosados y salvadores que más saben de puteríos, de cornamentas y de líos varios.

AL GRANO

En realidad lo que antecede en el introito nada tiene que ver con los motivos reales que hoy me llevan a Kiko Rivera. Y es que con este personajillo del tres al cuarto se demuestra el grado de hipocresía que anida en algunas mujeres. Aquí se cumple con fidelidad lo de “por el interés te quiero”. Y es que el hijo de la Pantoja es, creo yo, bastante feo. A mí me parece horrible. Además la falta de pelo resalta aún más su figura poco agraciada. Carece de atractivo y personalidad. Además de cabezorro, es gordinfla tirando a graso. Le intuyo sudoroso. Es más bien rechoncho y retaco.

Precisamente por todas esas negativas características para los escarceos amorosos, no tienen sencilla explicación los éxitos de cama y de ligue que consigue Kiko Rivera. Desconozco los atractivos que aprecian las mujeres en su masa corpórea, pero lo cierto es que las jóvenes se le suben a la chepa. Cuando deja a una, y a veces sin dejarla, rápidamente tiene a varias de runrún, y además vistosas. Puede que tenga gran poderío en eso del amor y de ahí la demanda. Pero lo cierto es que el físico que tiene es del montón tirando a menos. O sea, como para no comerse ni una rosca en el guateque.

Desconozco su capacidad de elocuencia y de trato. Quizás es un maestro en la persuasión. Puede que sea especialista en el arte de camelar. Pero no lo parece. Más bien su aspecto de sosaina le pinta parco y poco locuaz.

Pero claro. Kiko Rivera tiene algo que le hace atractivo, interesante y deseado. Tiene ese recurso que otros no tenemos y que provoca que algunas mujeres le persigan con vehemencia. Las encandila y enloquece. Es el apellido. Es ser hijo de Isabella la Pantoja.

Está todo dicho.

UNETE



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