Las cuentas alegres de las encuestas

“Las encuestas son el pulso de la democracia”

 

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Mario Martínez Silva define a las encuestas electorales, como un método sistemático de preguntar a los electores considerados como una “muestra representativa” de todo el electorado acerca de sus opiniones y actitudes sobre asuntos particulares, y con ello pulsar cómo está la situación electoral al momento de levantarse la encuesta y revelar la intensidad y razones de esas opiniones y actitudes.

La historia nos dice que las encuestas electorales iniciaron en Estados Unidos, propiamente en las elecciones presidenciales de 1824, cuando se llevaron a cabo sondeos con voluntarios que votaban en las urnas, informando al salir el sentido de su voto y a partir de entonces, esas mediciones se fueron desarrollando a través de  los periódicos, entre sus suscriptores aunque no de manera científica ni tampoco sistemática. En México, las encuestas tienen más de veinte años y comenzaron su consolidación a partir de la elección presidencial de 1988, cuando ganó el priista Carlos Salinas de Gortari fuertemente cuestionado por los partidos de oposición y para 1990, ya contábamos con agencias encuestadoras como el Centro de Estudios de Opinión de la Universidad de Guadalajara, El periódico el Nacional, entre otros.

Los electores debemos ser cuidadosos ante la guerra de encuestas, pues con ellas, tratarán de convencernos quién es la o el candidato favorito de la mayoría de los electores convirtiéndose en un medio de propaganda electoral sea, para fortalecer candidatos o mostrar lejanos a quienes todavía tienen posibilidades de ganar, por ejemplo, falta ver el desarrollo del segundo debate que está organizando el Instituto Federal Electoral (IFE), y demás circunstancias y eventos que se puedan dar antes del día de la votación.

Es muy temprano para tener definido un ganador, por eso debemos ser cautelosos con los números que día a día estaremos apreciando en este tema, no debemos olvidar algunas de las características de los procesos electorales de latino América,  la primera es que los ciudadanos se mantienen indecisos hasta el final, y estudios serios señalan que los indecisos son los menos interesados en la política, y por tanto los que menos se enteran de la difusión de las encuestas, de  manera que mientras más cercana sea la fecha del día de la elección los resultados de la encuesta será más aproximada, y la segunda característica es que en los países latinos hay simpatía, por las víctimas, los derrotados, los débiles, la suspicacia  frente al éxito y la conmiseración por los caídos pueden jugar un factor en contra de quienes aparecen como ganadores de las encuestas, por eso debemos tomar la “encuestitis” con prudencia ante la creciente ola de puntos a la alza o a la baja de la y los contendientes.

Por último, parece que por fin le ha quedado más claro a la clase política y a los medios de comunicación que las personas ya no se dejan engañar tan fácilmente, y para muestra los jóvenes con sus manifestaciones.

De ninguna manera debemos caer en el juego de pensar que las oscilantes cifras reemplazan a los votos en las urnas.

UNETE



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