. Me refiero a la otrora bonita,
cómoda y moderna central de autobuses de Monterrey que hoy es un verdadero
asco.
En efecto, hará cosa de tres o cuatro
años que los señores del dinero, esos que deciden la forma en que la gente ha
de vivir, de actuar y por supuesto, de viajar, al parecer tuvieron un problema
por la forma en que estaban repartidas las utilidades de la Central de
Autobuses.
Pero voy por el principio. Hace años,
muchos años, tantos que tal vez usted, mi querido lector no lo sepa, cada línea
de autobuses tenía su propia terminal en la ciudad y ahí llegaban sus unidades.
Había terminales de lujo, pobres, limpias y muy sucias. Es decir, cada línea le
imprimía su propio sello a su terminal.
Un día, el gobierno determinó que las
líneas de autobuses realizaran esfuerzos conjuntos para establecer un edificio
común, una central de autobuses moderna, cómoda, limpia, accesible, funcional y
todo lo que implique progreso. Se dividieron los cajones de estacionamiento,
los lugares para arribar los autobuses y los espacios para venta de boletos.
Claro, cada línea creció, llegaron otras
nuevas, hubo fusiones y muchos cambios. Un día de pronto, resultó que unos
dijeron que eran dueños de más que los demás y por tanto, deberían quedarse con
la mayoría del local de la central de autobuses de Monterrey. Y para no parecer
muy oficiosos, empezaron a remodelar las instalaciones. No sé cuántos años
llevan así, pero ojalá usted no tuvieran que llegar nunca a la central de
autobuses de Monterrey. Es un muladar. Su estacionamiento es para solamente
entre veinte y treinta carros del público, cuando tiene mayor afluencia que las
centrales de cualquier ciudad vecina.
En el pleito por los espacios, unos se
instalaron a vender boletos afuera, otros decían que esos eran boletos robados
e ilegales y así, empezó una serie de descalificaciones y todos nos hemos
enterado que no son capaces de pintar, de remodelar, de brindar un servicio
público de transporte de pasajeros con los mínimos establecidos por la ley.
Vaya usted a Saltillo, a San Luis Potosí,
a Querétaro y podrá ver centrales de autobuses limpias, cómodas, relucientes,
con muy amplios estacionamientos, hechas para brindar servicio. Luego compare a
la de Monterrey… ¡qué vergüenza!
No es un asunto importante, no es la
elección de presidente de la república, ni siquiera someto a su consideración
cuál de los candidatos a presidente municipal de Monterrey ha logrado acreditar
más fallas en el otro, no, no va mi nota en ese sentido.
Es solamente un llamado a un reclamo que
he escuchado muchas veces, que he vivido, pues también viajo en autobús, que
conozco y sé que lastima a los usuarios.
¿Que qué falta? Tal vez, que el
encargado de la secretaría del ramo, tome cartas en el asunto. Tal vez, que los
de protección civil clausuren la central porque no reúne los mínimos para
operar, tal vez, que los usuarios se adhieran al movimiento 132 para exigir sus
derechos… o tal vez los dueños están esperando que les quiten el negocio para
así, poder exigir justicia y gritar que los han robado.
En cuanto a lo del siniestro, de la
conflagración ahí, en la central, solo es cuestión de esperar unos días. No la
deseo, pero se ve venir entre el hacinamiento de mugre, entre la basura y la
falta de atención a todo.
Cierto, algunas líneas han establecido pequeñas
terminales fuera de la central, ya en camino al viaje, para poder acceder al
autobús. Ahí mismo le venden el boleto y puede abordar. La gente las prefiere
por ser más prácticas, más seguras y más limpias. Sin embargo, persiste el
problema de fondo: La central de autobuses de Monterrey.
Me gustaría conocer su opinión.
Vale la pena.
José Manuel Gómez Porchini.
Director General
Calmécac Asesores Profesionales S.C.
Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
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