Servicios informativos y bragas

Existe algo peor que la televisión basura y es la basura televisiva que se hace pasar por un servicio informativo. En el primer caso los públicos son siempre los  mismos y se convierten en colaboradores asiduos de estas entelequias de lo social que son un reflejo del cotilleo de la más baja estofa convertido en trabajo periodístico. Si persisten estas programaciones es porque la población que las demanda se oxigena con hedores en la que  inspira su propia vida. Millones son parte de esa pútrida concepción de lo social que caracteriza a un país inmerso en una basura acostumbrada y sin reciclaje.

 

. En el primer caso los públicos son siempre los  mismos y se convierten en colaboradores asiduos de estas entelequias de lo social que son un reflejo del cotilleo de la más baja estofa convertido en trabajo periodístico. Si persisten estas programaciones es porque la población que las demanda se oxigena con hedores en la que  inspira su propia vida. Millones son parte de esa pútrida concepción de lo social que caracteriza a un país inmerso en una basura acostumbrada y sin reciclaje.
 

Olemos a pura mierda y es un tufo que se degusta sin afección; luego, no debe ser una sorpresa comprobar la honda miseria de nuestros pocos talentos socio-políticos y económicos. España apesta.

 

En el segundo caso el público es víctima de la manipulación pues la inmunda esencia del trabajo de lo amañado se presenta como veraz y de servicio público para mayor gloria de los mentideros en los que cada día se profundiza sin la menor vergüenza o decencia profesional. Los tertulianos son de perorata fácil y convierten en profesión una carroñera manera de ganarse la vida para vergüenza de tantos parados que saben verdaderamente lo que es el trabajo, lo que cuesta y lo que supone la carencia. Asnos de toda condición desfilan apoltronados en la cómoda sevicia de una vaguería aceptada. Son pagados por opinar, por soltar sandeces al gusto de los idiotas que ríen las gracias y se encumbran orgullosos sin atisbar la verdadera bajeza de sus perspectivas personales. Son ridículos, mendaces y representan esa necedad del moderno discurso de la estupidez que se aplaude como si fuera sentencias de ingenios.

 

Definitivamente, esta sociedad tan exponencialmente inmunda, posee el fiel reflejo de programas basura como espejos públicos de la carroña especulativa que cada día se vomita en antena. No hay nada de profesional en lo burdamente expresado desde un sensacionalismo denigrante. El dinero, solo el dinero puede justificar a esta sarna programática con la que se bombardea a diario un país arruinado, alzando al pedestal de lo importante, simples estafadores de la pantalla. Cuela lo del servicio público aunque apesten sus precursores. Profesionales de pacotilla fingen utilidad siendo inútiles bien pagados.

 

En este mercado se prostituye el alma y la televisión rubrica las condiciones para acceder a esta orgía de la indecencia moral denominada plácida y permisivamente, por una sociedad idiotizada, con la etiqueta de lo profesional.

Como ejemplo podría figurar el día que se pactó una entrevista de José María Ruiz-Mateos con Matias Prats, insigne locutor que es. La confusión que causó todo lo que se vio en antena fue debido a que Antena 3 engañó al empresario al no cumplir con lo estipulado que conllevaba un guión de la entrevista. El desconcierto fue mayúsculo porque Ruiz-Mateos intentó explicar esas condiciones cuando Matías Prats las desconocía muy seguramente. El resultado fue una adversa experiencia propiciada por una carroña de la Redacción que carece de la honradez derivada de la palabra y el compromiso.

 

A todo, incluso lo de carácter estafador, lo llaman profesional. Cuestión contradictoria denominar profesional a lo que es una representación repugnante de una camarilla de correveidiles con la fingida responsabilidad de informar ocultando la sustancia falaz de las verdaderas intenciones; las engañosas, las encubiertas, las rastreras, las bambalinas del escenario que no se muestran al público y que apestan a interés especulativo con la falta de honradez de quienes acostumbran a mentir y vivir, de paso, del cuento.

 

En una ocasión contemplé una foto oficial del Palacio de la Zarzuela que no ha trascendido públicamente-pero que obra en mi poder- y que data de los años ´80. En la imagen se inmortalizaba una imagen familiar y entrañable donde la Reina Doña Sofía posaba sentada sobre el suelo con las Infantas y el Príncipe Felipe en su regazo. A los lados y respetuosamente alejados del principal objetivo de la foto, personal de Palacio asistía sonriente a la escena en tanto llamaba poderosamente la atención la figura de un, tiempo después, reputado periodista, academicista señor de sabios consejos, prohombre y bienhechor social de esta España de charanga y pandereta-ya menos de sagrado y sacristía- tan cuajada de dignos representantes profesionales entre los que cabe destacar a los del gremio periodístico. Aquella figura no representaba nada que no fuera su condición profesional pero hete aquí que la listeza del señor sobrepasaba con mucho la decencia del decoro y la pudicia de lo honorable. En tanto las personas de Palacio posaban en discreto segundo lugar, el afamado señor de la Transición tomaba posición en cuclillas justo a la espalda de la Reina y sus reales hijos, entonces niños.

 

Cuando contemplo esa fotografía de hace treinta años y veo la postura significativamente trepadora de tan insigne hombre, comprendo el modo de ascender que existe en la política, la sociedad, la economía y en la profesión de cada uno. Cierto es que quien se mueve en la foto, o no se acluquilla, no sale. Me cuesta creer sobre la limpieza de intenciones que se da en la honestidad inexistente de tan afamados señores de nuestro ya paupérrimo país y me basta estudiar actitudes para corroborar que estamos en manos de majaderos. Me da igual mirar cualquier perspectiva para colegir que España no es lo que parecía entonces y por ello es hoy lo que es.

 

Me avergüenza esa hipócrita condición de personas que se dicen profesionales cuando son rebuznadores acostumbrados a que pasen las necedades por ideas de respeto. Me recuerdan al imbécil acuclillado para salir en la foto familiar de la Reina con sus hijos. Me confirma la idea de que periodistas con apariencia de equilibrio moral antes han pasado por diversas camas para luego ser tratadas como damas de la información. Hasta creo que en la diversidad seguro que hay favorecidos varones que han puesto el culo, con perdón, para que les den por el ídem; así luego presentarse ante la audiencia como avezados profesionales sin que se pueda calibrar el diámetro de sus anos y la inescrupulosa vocación trepadora que da rango de dignidad a profesionales del mete-saca y del "trago todo" por estar delante de la cámara.

 

Así veo estos designios de profesionales que son una vergonzante representación de la España que soporta tantas mentiras como indecencias morales. Ni presentador ni tertuliano, prefiero la decencia que se pasan por el forro de las bragas y los calzones. No hay más que verlos, siquiera un instante antes del zapping, aunque repugnen.

UNETE



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