Existe algo peor que la televisión basura y es la basura televisiva que se hace pasar por un servicio informativo. En el primer caso los públicos son siempre los mismos y se convierten en colaboradores asiduos de estas entelequias de lo social que son un reflejo del cotilleo de la más baja estofa convertido en trabajo periodístico. Si persisten estas programaciones es porque la población que las demanda se oxigena con hedores en la que inspira su propia vida. Millones son parte de esa pútrida concepción de lo social que caracteriza a un país inmerso en una basura acostumbrada y sin reciclaje.




