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Gente de pueblo


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04/06/2012


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Desde que emigré a Sevilla hace ya cinco años para estudiar peridismo, en la Facultad siempre ha habido distinción entre "los de pueblo" y "los de ciudad". A los primeros se les considera de un rango inferior, se les llaman "los campestres" o "los catetos", mientras que los segundos son la gente "cool" porque son de ciudad. Quizás ninguno de ellos sepa lo que se han perdido al no crecer en un pueblecito.




Yo no iba a comprar al Carrefour o al Lidl agarrada al carro de mi madre para no perderme, mi madre me encargaba ir a comprar pescado a "lo de Fina", sábanas a lo de "Paco el maricón" o el periódico a lo de "El Arroyito". Por las mañanas, no iba al cole en autobús, ni tenía que esperar filas de tráfico, iba andando con mis compañeros. Por las tardes, no estábamos encerrados viendo la televisión o jugando a videojuegos, podíamos jugar y jugar por las calles sin peligros ni de coches, ni de perdernos...conocíamos el pueblo y a sus vecinos perfectamente.



Compartíamos más tiempo con nuestros amiguitos del colegio, corriendo hasta rompernos los pantalones o llenarnos de barro hasta las cejas. Podía verlos cuando quisiese, sin preocuparme que mi amiga viviese en el norte de la ciudad y yo en el sur.

Si nuestros padres querían que regresáramos a casa, no hacia falta un teléfono móvil, o que nos recogiesen en coche, bastaba con una voz por la ventana.

Con mis amigos del pueblo, he estado desde la guardería, hasta bachillerato y hoy aunque unos estudien en Madrid, Cádiz, Sevilla, Valencia o el extranjero siguen siendo mis amigos de toda la vida. Nuestros padres también son amigos.

Disfrutábamos del campo, el sol, los animales...éramos más niños.



Y aunque llega el momento de emigrar para buscar oportunidades, siempre nos quedará volver. Volver a sentir el aire fresco y limpio a las nueve de la mañana, el olor del pan de horno recién hecho. Reencontrarnos con los quiosqueros, los comerciantes. Sentarnos en el bar de siempre donde siguen los mismos camareros a quien puedes gritar con toda confianza: "¡Dale una patadita al olivo...!" que significa que te traiga un plato de aceitunas.



Ver como nuestros abuelos siguen criando a sus animales como cuando eran niños, volver a disfrutar del sol en el parque, de dar un paseo por el campo...en definitiva volver. Volver a ser más libres.



Dedicado a Alcalá de los Gazules (Cádiz). El pueblo que me vio nacer.



Etiquetas:   Pueblos Originarios   ·   Reflexión

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