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La Gestión de Negocios y sus diferencias con figuras afines.


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04/06/2012

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GESTIÓN DE NEGOCIOS Y SUS DIFERENCIAS CON FIGURAS AFINES






1. DEFINICIONES.



A) DEFINICIÓN LEGAL.

No existe una definición legal sobre el tema en estudio, sin embargo, encontramos una noción en el artículo 1896 del Capítulo Cuarto, De la gestión de negocios; del Título Primero, Fuentes de las obligaciones; de la Primera Parte, De las obligaciones en general; del Libro Cuarto, De las obligaciones; del Código Civil para el Distrito Federal, mismo que a la letra

dispone:



“…Artículo 1896. El que sin mandato y sin estar obligado a ello se encarga de un asunto de otro, debe obrar conforme a los intereses del dueño del negocio…”.



B) DEFINICIONES DOCTRINALES.

En virtud de lo anterior, le corresponde a la doctrina definir esta figura; al respecto Fausto Rico Álvarez y Patricio Garza Bandala comentan que la Gestión de Negocios es una “…administración (y/o defensa) espontánea deuno o más asuntos patrimoniales ajenos, estos es, sin haber tenido encargo alguno por parte del interesado, ni el deber derivado de una obligación legal…”1.



Manuel Bejarano Sánchez define esta figura como “…la intromisión intencional de una persona que carece de mandato y de obligación legal, en  los asuntos de otra, con el propósito altruista de evitarle daños o de producirle beneficios…”2.



Por otro lado Eugene Gaudemet, menciona que “…Hay gestión de negocios cuando una persona, espontáneamente y sin mandato realiza uno o más actos concernientes al patrimonio de un tercero…”3.



Manuel Borja Soriano, citando a Rossel, comenta que “…La gestión de negocios consiste en el hecho de que una persona (el gestor) administre voluntariamente el negocio de otra persona (el dueño) sin mandato de parte de este último…”4.



Por su parte Eugene Petit dice que “…Hay gestión de negocios cuando una persona administra voluntariamente los negocios ajenos sin habérselo encargado…”5.



Por último, Agustín Bravo González y Beatriz Bravo Valdés definen esta figura al decir que “…Hay gestión de negocios todas las veces que una persona administra voluntariamente los negocios de otro sin mandato del interesado, pero con intención de obligarlo…”6; esta definición recibe una crítica por parte del autor de la presente obra, ya que en la última parte de la misma se hace referencia a la existencia de un deseo, por parte del gestor, de obligar al dueño del negocio; esto va contra la esencia de la figura ya que, por un lado, la espontaneidad con la que el gestor actúa es parte fundamental de la gestión, sin aquella estaríamos frente a un mandato, por que se estaría actuando por orden del mandante y no por un sentido de solidaridad y altruismo que es la esencia misma de la figura.



C) DEFINICIÓN DEL AUTOR.

Expuestas las definiciones adoptadas por algunos de nuestros grandes y respetados doctrinarios, el autor de la presente, atendiendo a los elementos esenciales de la definición propone la siguiente:



“Gestión de Negocios, es el acto jurídico por medio del cual, una persona espontáneamente, y sin estar obligado a ello por una convención o por la propia ley, se encarga de los negocios de otro”.



2. LA GESTIÓN DE NEGOCIOS, A LA LUZ DE LAS DIVERSAS DOCTRINAS.



A) DERECHO ROMANO.

La Gestión de Negocios, ya era contemplada como una fuente de obligaciones en las Instituciones de Justiniano; aquellas eran divididas en cuatro, según la fuente de donde procedían, tomando en cuenta su origen: las que nacían de un contrato, de un delito, como de un delito o como de un contrato; siendo esta última la que nos interesa. La obligación nace como de un contrato cuando tiene su causa en un hecho lícito distinto de la convención, es decir, lo que en la doctrina francesa o clásica del hecho jurídico se conoce como cuasicontrato.



Esta división, que llegó a ser clásica, parece haber sido tomada de Gayo, ya que en el libro secundo aureorum, menciona que las obligaciones derivan de los contratos, de los delitos y de otros hechos diversos; y en el libro tertio aureorum, se utiliza con frecuencia la expresión quasi ex contractu, como de un contrato, de lo anterior Justiniano tomó la base para la división que se menciona en el párrafo anterior.



En la doctrina romana, las partes en la Gestión de Negocios se nombraban como negotiorum gestor, aquél que voluntaria y espontáneamente se hacía cargo de los negocios de otro, y dominus, el dueño del negocio. De igual manera se establecían las obligaciones de ambas partes, mismas que han perdurado a través del tiempo y sido adoptadas por las doctrinas posteriores.



El negotiorum gestor tenía la obligación de rendir cuentas de su gestión al dominus, mientras que este, por su parte, debía indemnizar al primero por sus gastos.



B) DOCTRINA FRANCESA O CLÁSICA.

En esta corriente, como en la doctrina romana, la Gestión de Negocios continúo siendo encuadrada dentro de los cuasicontratos, partiendo de la teoría del hecho jurídico que consagra el pensamiento francés y que predomina en nuestro actual Código Civil.



Los juristas franceses entre los cuales se encuentran exponentes tan destacados como Bonnecase, Pothier y Capitant; desarrollaron una teoría del hecho jurídico, aceptada por muchas legislaciones, incluida la nuestra, considerada el día de hoy como clásica y que, sin embargo, poco a poco ha sido superada por la doctrina alemana, misma que se aborda en el punto siguiente del presente análisis.



Toda vez que la teoría del hecho jurídico no es materia del presente estudio, me limitaré a señalar esquemáticamente la división que la citada doctrina daba al hecho jurídico, lo anterior para poder dar al lector un entendimiento completo sobre el punto de vista en que la teoría francesa estudia a la Gestión de Negocios.



I. Hecho Jurídico (Latu sensu).

 a) Acto Jurídico.

  1. Unilateral.

    i. Testamento.

  2. Bilateral.

    i. Convenios.

    ii. Contratos.

 b) Hecho Jurídico.

  1. Del hombre.

    i. Voluntario.

     - Lícito.

     - Ilícito.

    ii. Involuntario.

     - Lícito.

     - Ilícito.

2. De la naturaleza.

 

La división toma como punto de partida el hecho jurídico en sentido amplio, al respecto Rafael Rojina Villegas comenta que “…En sentido general la doctrina francesa habla de hechos jurídicos, comprendiendo todos aquellos acontecimientos naturales o del hombre que originan consecuencias de derechos…”; a partir de este punto la doctrina divide al Hecho Jurídico latu sensu, en Acto Jurídico y Hecho Jurídico strictu sensu, siendo este último el

que nos interesa, y que por definición es “…todo aquel acontecimiento natural o del hombre generador de consecuencias de derecho, no obstante que cuando proviene de un ser humano, no existe la intención de crear esas consecuencias…”9.



En efecto, la doctrina francesa considera que en el Hecho Jurídico en sentido estricto, la voluntad de la persona existe, pero no se exterioriza en el sentido de crear determinadas consecuencias de derecho, pudiendo incluso, la persona desconocer la existencia de las mismas en su totalidad.



Ahora, la figura definida en el párrafo que antecede puede tener dos tipos de manifestaciones, el Hecho Jurídico en sentido estricto del hombre y el de la naturaleza; sobra decir que esta clasificación depende totalmente de la fuente que la genera.



Es un hecho proveniente de la naturaleza aquél en el que no participa la voluntad del hombre, pero que crea consecuencias en el mundo del derecho, como un terremoto, el nacimiento o la muerte misma; y un hecho del hombre, todos aquellos acontecimiento que producen consecuencias jurídicas, que implican una manifestación de la voluntad, pero ésta no interviene en la producción de las consecuencias que se generan; éste último puede ser, según la doctrina en estudio, involuntario o voluntario, dependiendo del grado en que la voluntad del hombre participe. Por último y siendo el aspecto que resulta relevante en este estudio, los

Hechos Jurídicos, en estricto sentido, provenientes del hombre voluntarios, pueden dividirse en lícitos e ilícitos, los primeros son los cuasicontratos y los segundos los cuasidelitos.



En efecto la doctrina francesa también encuadra la Gestión de Negocios dentro de los cuasicontratos, ya que es una manifestación voluntaria del hombre, que produce consecuencias jurídicas, pero dicha voluntad no va encaminada a producirlas.



C) DOCTRINA ALEMANA.

La doctrina francesa y la alemana, parten de los mismos razonamientos y juicios para clasificar y definir a los diversos acontecimientos jurídicos, sin embargo la segunda profundiza y analiza de una manera más objetiva, real y lógica dichos acontecimientos. Ambas teorías, además, parten del hecho jurídico en sentido amplio como fuente para la división que proponen.



Sin embargo cabe destacar, no obstante sale del tema de estudio del presente, que la aportación más importante de esta corriente de ideas es la introducción de un concepto totalmente nuevo el Negocio Jurídico.



No obstante lo anterior, lo que es necesario comentar respecto de esta doctrina, es la conceptualización que la misma hace del Acto Jurídico como especie del Hecho Jurídico latu sensu; al definir a aquél como “…todo acontecimiento voluntario al que el ordenamiento legal ya le ha señalado las consecuencias a actualizarse por su verificación…”10.



Es decir, para la teoría alemana, en el acto jurídico efectivamente participa la voluntad del hombre al realizar el acto, y las consecuencias se dan, por disposición de ley; sin importar que el ejecutante quiera o no que, dichas consecuencias, se produzcan; o, incluso, el desconocimiento de la modificación en el mundo del derecho que su actuación causó, no es factor para reducir dicha actuación a un Hecho Jurídico strictu sensu.



Expuesto lo anterior no es difícil adivinar que dentro de la teoría alemana, la gestión de negocios es un Acto Jurídico, ya que la voluntad del gestor, al encargarse de los asuntos del dueño, le da ese tinte; no es relevante que la voluntad del ejecutante no esté encaminada a la producción de las consecuencias jurídicas que esto implica, ya que las mismas las establece la

propia ley.



3. OBLIGACIONES DE LAS PARTES.



 A) DEL GESTOR:

  i) Debe obrar conforme a los intereses del dueño.

  ii) Debe realizar su gestión como haría en el caso de que el negocio fuera propio, en términos del derecho romano, como un buen Pater Familias.

  iii) Debe avisar al dueño de la gestión tan pronto como sea posible, esperando su decisión, a menos que cualquier tipo de demora implique un riesgo inminente para el dueño.

  iv) Si no fuere posible dar aviso al dueño, debe continuar con la gestión hasta la conclusión del asunto.



B) DEL DUEÑO:

  i) Cuando el asunto fue gestionado útilmente, debe cumplir con las obligaciones que el gestor hubiere contraído a su nombre.

  ii) Debe pagar los gastos que el gestor hubiere erogado con motivo de la gestión; sin embargo para tal efecto se deben seguir ciertas reglas marcadas por la propia Ley.

    a) Si la gestión fue útil, o bien, tuvo por objeto liberar al dueño de un deber impuesto por interés público, deben pagarse todos los gastos necesarios que hayan sido erogados por el gestor, con su correspondiente interés legal; y hasta la concurrencia de los beneficios

obtenidos por el dueño.

    b) Si la gestión es contra la voluntad expresa del dueño, sólo surge la obligación de pagar los gastos hasta el alcance de los beneficios obtenidos por aquél.



4. GESTIÓN DE NEGOCIOS CONTRA LA VOLUNTAD DEL DUEÑO.

No obstante lo expuesto en el punto que antecede, la gestión surte efectos aún contra la voluntad del dueño, por lo que el mismo está obligado a pagar los gastos que se hubieren generado, cuando la misma se realiza con objeto:



A) De cumplir un deber impuesto por interés público.

B) De proporcionar alimentos al acreedor alimentario que los necesita.

C) De pagar los gastos funerarios, y en este caso, la obligación de satisfacer los gastos es a cargo de aquellos que hubieren tenido la obligación de proporcionar alimentos a la persona de cuyo funeral se trata.



5. RATIFICACIÓN DE LA GESTIÓN DE NEGOCIOS.

La ley dispone:



“…Artículo 1906. La ratificación pura y simple del dueño del negocio, produce todos los efectos de un mandato. La ratificación tiene efecto retroactivo al día en que la gestión

principió…”.



Para entender lo anterior, primero debemos dejar en claro qué significan las palabras ratificar, pura y simple; la ley, ya que no es su función, no define dichos términos; sin embargo, la Real Academia de la Lengua Española los define como:



“…RATIFICAR. (Del lat. ratus, confirmado, y -ficar).

1. tr. Aprobar o confirmar actos, palabras o escritos dándolos por valederos y ciertos…

…puro, ra. (Del lat. purus)…

…3. adj. Que no incluye ninguna condición, excepción o restricción ni

plazo…

…6. adj. Mero, solo, no acompañado de otra cosa…

…simple. (Del lat. simple, adv. de simplus)…

…3. adj. Sencillo, sin complicaciones ni dificultades…”.



Ya que la Ley no distingue ni especifica cualquier formalidad para la ratificación de la Gestión, y donde la Ley no distingue no debemos hacerlo nosotros, cualquier signo, expresión o conducta que denote una aprobación por parte del dueño del negocio, implica una ratificación de la Gestión, por lo que la misma produce todos los efectos de un contrato de mandato, con

retroactividad al día en que aquella comenzó; esto implica una distinción respecto de los derechos y obligaciones para las partes, atendiendo a si hubo o no ratificación por parte del dueño.



Basta decir que cuando la Gestión de Negocios es ratificada, el gestor tiene derecho a recibir una retribución por los actos realizados; y éste, a su vez, debe rendir cuentas detalladas al dueño sobre la gestión efectuada.



6. DIFERENCIAS CON EL MANDATO.

Desde la doctrina romana, la Gestión de Negocios se ha llegado a confundir con el Mandato, lo anterior, en efecto, tiene una razón de ser, ya que ambas figuras refieren y regulan la actuación de una persona en los asuntos de otra; sin embargo, las diferencias entre las dos instituciones hacen clara una individualidad total y separada la una de la otra.



A continuación se enlistan y explican las diferencias que existen entre estas dos figuras.



A) GÉNERO.

No obstante la Gestión de Negocios y el Mandato, como contrato, son fuentes de las obligaciones; en la teoría francesa, la primer figura es un cuasicontrato, mientras que el mandato, en su carácter de contrato, es un Acto Jurídico.



Por otro lado, y siguiendo la teoría alemana (con la que el autor está más de acuerdo), la Gestión de Negocios es un Acto Jurídico en estricto sentido, ya que la voluntad sólo tiene relevancia en la ejecución del acto y no en la producción de las consecuencias jurídicas, ya que éstas se dan con independencia de la voluntad de las partes; y el mandato, al ser un contrato, es decir, un acuerdo de voluntades cuya fuente originaria y regulatoria es la autonomía de la voluntad es un Negocio Jurídico, ya que las voluntades de los contratantes se suman para regular las consecuencias que, ambas partes, desean que se produzcan.



B) AUSENCIA DE OBLIGACIÓN EN LA GESTIÓN.

Precisamente uno de los elementos de la Gestión de Negocios es la intromisión espontanea del gestor en los negocios del dueño; ya que para que la figura surja, no debe existir obligación por parte de aquel, ya sea que la misma derive de la Ley o de una convención; luego entonces, si dicha actuación derivare de un acuerdo de voluntades, como es un contrato, estaríamos frente a un Mandato y no ante la Gestión en estudio.



Abunda en lo anterior la definición que el Maestro Bejarano Sánchez, misma que ya obra transcrita en la parte correspondiente del presente estudio, da al Acto Jurídico en comento, ya que expresamente menciona “…que carece de mandato…”.



Más claro aún, el Código Civil para el Distrito Federal expresamente marca en el capítulo conducente a regular la Gestión de Negocios que:



“…Artículo 1896. El que sin mandato y sin estar obligado a ello se encarga de un asunto de otro, debe obrar conforme a los intereses del dueño del negocio…”.



Es decir, la propia legislación excluye la actuación de aquel que tenga Mandato, o bien, obligación legal al considerar la Gestión y su regulación.



Por último, pero no menos importante, debemos atender al surgimiento y desarrollo histórico de esta figura, ya que como se comentó, la razón de ser de la Gestión de Negocios es un sentimiento de solidaridad social; no una obligación o un deber concebido jurídicamente.



C) RATIFICACIÓN.

Como se ha mencionado, la ratificación de la gestión produce todos los efectos de un contrato de Mandato, es decir, la ley establece las consecuencias que se producen entre una Gestión de Negocios con ratificación por parte del dueño y la que carece de la misma. Aquí la Ley sí distingue entre ambos actos.



Debemos dejar en claro que la ratificación hace que se produzcan todos los efectos de un mandato; no que la gestión se convierta en un contrato; además, que la Gestión existe y produce efectos aun sin el consentimiento del dueño.



D) CONTENIDO DE LA GESTIÓN.

El artículo 1896 del Código Civil para el Distrito Federal, al dar una noción de la Gestión de Negocios, utiliza la expresión “…se encarga de un asunto de otro…”; por su parte el artículo 2546 del mismo ordenamiento, al definir el Contrato de Mandato, menciona que “…ejecutar por cuenta del mandante los actos jurídicos…”.



En efecto, los alcances de lo que puedo hacer el gestor y el mandatario, son totalmente incompatibles.



El Gestor tiene un panorama bastante amplio respecto a las acciones que puede llevar a cabo para encargarse del o los asuntos ajenos, abarcando indistintamente hechos, actos jurídicos e, incluso, negocios jurídicos.



Por su parte el Mandatario sólo puede ejecutar actos jurídicos. Además, y de la misma lectura de los artículos citados, se desprende que el Gestor puede hacer cualquier cosa, ya sea que esto implique la realización de un hecho, acto, sea éste jurídico o material, o negocio jurídico, para proteger el asunto ajeno, siempre obrando conforme a los intereses del dueño, históricamente, actuando como un buen pater familias. Lo anterior implica que muy probablemente, a menos que la gestión se ratifique, el dueño jamás pidió la consecución de las acciones llevadas a cabo por el Gestor, tal vez, jamás se enteró de ella mientras se llevaba a cabo. Y en el contrato de Mandado, al ser éste un acuerdo de voluntades, el mandatario

sólo puede ejecutar los actos jurídicos que el mandante le encargue sujetándose a las instrucciones recibidas.



E) ORIGEN.

Mientras que, al menos en un principio, la Gestión sólo implica una voluntad, la del Gestor al hacerse cargo espontáneamente y sin obligación de un asunto ajeno; en el Mandato, como contrato, necesariamente deben concurrir dos voluntades, la del Mandante y la del Mandatario; si estas no existieren no podría nacer dicha figura, ya que el consentimiento, acuerdo de voluntades, es un elemento de existencia de todo Contrato.



1 RICO ALVAREZ, Fausto; GARZA BANDALA, Patricio, Teoría General de las Obligaciones, Porrúa, México, Distrito Federal, 2005, p. 239.

2 BEJARANO SANCHEZ, Manuel, Obligaciones Civiles, Oxford University Press, México, Distrito Federal, Décimo Quinta Reimpresión, 2007, p. 164.



3 GAUDEMET, Eugene, Teoría General de las Obligaciones, Porrúa, México, Distrito Federal, Cuarta Edición, 2010, p. 301.



4 BORJA SORIANO, Manuel, Teoría General de las Obligaciones, Porrúa, México, Distrito Federal, Vigésima Primera edición, 2009, p. 337.

5 PETIT, Eugene, Tratado Elemental de Derecho Romano, Porrúa, México, Distrito Federal, Vigésima Segunda edición, 2006, p. 447.

6 BRAVO GONZALEZ, Agustín; BRAVO VALDES, Beatriz, Derecho Romano, Segundo Curso, Porrúa, México, Distrito Federal, Vigésima Primera edición, 2006, p. 203.



8 ROJINA VILLEGAS, Rafael, Derecho Civil Mexicano, tomo I, Porrúa, México, Distrito Federal, décimo segunda edición, 2006, p. 325.

9 DOMINGUEZ MARTINEZ, Jorge Alfredo, Derecho Civil, parte general, personas, cosas, negocio jurídico e invalidez, Porrúa, México, Distrito Federal, décimo primera edición, 2008, p. 501.

10 DOMINGUEZ MARTINEZ, Jorge Alfredo, Derecho Civil… cit., p. 505.





Etiquetas:   Negocios   ·   Leyes

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