El lamento de los mercados

Entre la amplitud y variedad de principios y normas que alimentan  la filosofía oriental, algunas han calado hondo en pueblos enteros, como en el chino, que lloran cuando una nueva criatura viene a este mundo y ríen cuando una persona muere.

 

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¿Qué motivos podemos tener hoy para reír? Debería comenzar este post con un lamento generalizado que demuestre que aún tenemos (la sociedad actual) la capacidad de realizar una profunda reflexión.

 

En los estudios antropológicos sobre diferentes culturas y pueblos ancestrales, el lamento anunciaba un cambio de situación por la que atravesaban. Se manifestaba en cánticos y ritos que advertían a los integrantes de un grupo o incluso de un conglomerado de pueblos, sobre una modificación en el ciclo (sequías, inundaciones, etc.).

¡Qué es lo que ha cambiado con una pequeña evolución de 10.000 años!

 

El lamento del hombre es reemplazado por el lamento de los mercados, es nuestro mundo conocido. Anuncian el fin de un ciclo o quizás, el acomodamiento, como si de movimientos en las placas tectónicas de la tierra se tratase, pero que son ajustes más o menos severos en la economía y el nivel de vida de los habitantes de determinados países más expuestos a dichas correcciones.

 

Debemos adentrarnos hoy día en su realidad y discernir la velocidad y profundidad que imprimen al ajuste, observándolos desde la óptica de los responsables de los gobiernos que fijan políticas, de los líderes mundiales que se enfrentan a los cada vez más importantes desafíos que se le presentan a sus respectivas sociedades, así como de las organizaciones que toman decisiones y que deben elegir una de entre varias estrategias posibles, para adaptarse a las exigencias de aquellos mercados y las demandas de la sociedad en su conjunto.

 

Pero el presente nos asecha con un “lamento generalizado” de los mercados, que de facto controlan y gobiernan nuestras vidas, especialmente cuando se desboca la situación económica de países que están sometidos a un exceso de presiones por estar más expuestos que otros debido a la debilidad de sus estructuras económicas y financieras.

 

El lamento de los mercados es una manifestación de impotencia y fracaso al que ha llegado nuestra actual sociedad global.

Impotencia, porque parece evidente que el hombre ya no controla nada. Nuestra sociedad actual es un gran sistema “interdependiente”. El todo afecta cada vez más a las partes sin que éstas puedan ejercer una resistencia cuando aquel impone los ajustes y variaciones dentro de un ciclo.

 

Fracaso, porque las convulsiones que arrecian y atenazan al mundo actual son cada vez más impersonales, por no decir impropias de una civilización tan avanzada. Nos escudamos en sistemas, leyes, comportamientos, conductas, costumbres y obviamente, en organizaciones, pero con frecuencia, por no decir siempre, olvidamos que lo que está en juego es la vida y la dignidad de millones de ciudadanos del mundo.

 

Hoy aquí trato de buscar un mensaje de optimismo, que nos sea revelador de la importancia que tienen las políticas que implementan los líderes políticos y sus consecuencias en la vida de los hombres. Al mismo tiempo intento comprender las condiciones en las cuales deben desempeñarse aquellas organizaciones e interpretar las decisiones de sus responsables como pieza fundamental del determinismo tecnológico y social.

 

Si bien cuando una nueva decisión de política económica o la elección de una estrategia empresarial, tienen necesariamente en cuenta el entorno (scanning the environment) para responder a las exigencias y necesidades que éste impone, una exagerada presión (el lamento de los mercados) no debería reemplazar ni condicionar tanto las políticas de gobierno como las decisiones empresariales.

 

Se supone que solamente se aceptan condicionamientos dentro de parámetros que todo el mundo considera razonables. Pero qué ocurre cuando los mercados excedan en mucho los niveles de razonabilidad que las políticas de gobiernos y decisiones empresariales ordinarias puedan adecuar a los ajuste dentro de un ciclo: tanto los agentes económicos como los gobiernos quedan desbordados.

 

La atonía en las decisiones responde entonces más al pánico que a una respuesta técnica. Lo racional deja paso a cierta irracionalidad de comportamiento del entorno que se guía más por percepciones sobre cómo va a reaccionar un gobierno frente a una crisis que a la real dimensión del problema. Esta es la desventaja de los países que están más expuestos por su debilidad estructural a los vaivenes del mercado que los países mejor posicionados, caso Alemania, en la crisis actual de la UE.

Más liderazgo para vencer a los mercados. Más firmeza en las decisiones y menos cumbres y cumbrecitas que durante meses siguen exponiendo a la UE a una situación cada vez más comprometida, cuando lo que debería accionarse son los mecanismos de eurobonos, inversiones rectoras desde con la intervención del BEI (Banco Europeo de Inversiones) y romper con la especulación de los mercados.

 

El lamento de los mercados es en definitiva, el espacio que ha dejado la falta de liderazgo europeo para tomar las decisiones en tiempo y forma.

UNETE



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