La primera es la incompetencia crasa y supina de la revolución bolivarista para manejar el sector eléctrico nacional, al igual que para conducir cualquier actividad compleja que no sea la propagandística, en la que la satrapía dicta cátedra de habilidad. Y la segunda, por tanto, es la manipulación de la temática eléctrica, para tratar de encubrir la realidad, evadir las responsabilidades propias y empaquetar las cosas de tal forma que la debacle luzca como una bendición disfrazada.



