Vicente
Adelantado Soriano
Según
el Diccionario de la Real Academia Española, crisis equivale a
cambio, a una salida de la situación actual ya sea para bien o para
mal. Es decir la crisis es, o debe ser, un rompimiento con la
situación anterior, sea esta la que fuere. La palabra crisis, por
esto mismo, se utiliza para todo: para una enfermedad, tiene que
hacer crisis; para un gobierno inoperante, está en crisis; para una
angustia vital, estoy en crisis; o para anunciar el prólogo de la
muerte: está en estado crítico. Estas definiciones han sido válidas
hasta hoy en día. Ahora, como se sabe, estamos en crisis. Ya
llevamos varios años con una grave crisis a cuestas, y no sabemos
todavía si nos van a mandar a sala, a la UCI, o al departamento de
últimas voluntades.
¿Qué
significa la palabra crisis en la actualidad? ¿Ha añadido esta
nueva crisis algún matiz que no tenía antes la palabra? Veámoslo.
Ha
sido por culpa del uso y del abuso de la palabra crisis cuando se ha
abierto la interrogante: ¿Cómo hemos llegado a esta situación?
¿Qué es lo que ha provocado esta angustiosa crisis? ¿Qué es lo
que ha sucedido? Nadie lo sabe a ciencia cierta, o nadie parece
saberlo, pues unos remiten a una o varias películas, otros a un
puñado de libros, los demás allá a dos o tres periódicos y a
varios panfletos, o a una charla ininteligible hasta para ellos
mismos. Así que después de ver las dos o tres películas de marras,
leerse varios libros, algunos periódicos, y varias cosas más, se
sigue sin saber qué es esto de la crisis y qué cosas la han
provocado. Todo en esta vida, sin embargo, es relativo. Y no sabe,
por ejemplo, qué es lo que nos ha conducido a esta crisis; pero sí
se vive, en propia carne, que todo el monte, con la sufrida crisis,
se ha convertido en orégano, o en algo similar a Sierra Morena, pero
con el añadido de que no son ahora los José María el Tempranillo o
los Diego Corrientes los que roban y atracan al sufrido viajero sino
los que ya tienen los bolsillos bien llenos y quieren tenerlos más.
El lema de la crisis podría ser A
río revuelto, ganancia de pescadores. Y
ya se sabe quiénes son los pescadores. Por lo tanto sí que tiene un
nuevo matiz la palabra: es la justificación para ganar más dinero
unos a costa de perderlo otros. Nada nuevo bajo el sol aunque el
Diccionario de la Real Academia Española no tenga en cuenta este
matiz o acepción.
¿Y
En qué cosiste la crisis? Por lo que se ve en tener carta blanca los
políticos, y los que no son políticos, para hacer lo que les de la
gana. Y lo que les da la gana es lo de siempre: recortar sueldos,
recortar avances sociales, recortar prestaciones, recortar inversión
en educación y sanidad, recortar pagas, recortar pensiones, recortar
convenios, pero sin recortarse ellos ninguno de sus privilegios, por
supuesto. Y aunque lo hagan, no es lo mismo una rabaja en un sueldo
de tres mil o cuatro mil euros que en otro de mil, y gracias.
Se
ha dicho, hasta la saciedad, que el sistema público de salud tal y
como está montado es inviable. Es posible. Pero si de verdad vivimos
en una democracia estaría muy bien saber cuánto se invierte en
sanidad, cuanto se le paga al clero, por ejemplo, y cuántos
políticos y demás cargos tenemos, y cuánto cobra cada uno de
ellos. Hasta ahora no se ha oído nada sobre el copago por entrar en
una iglesia a oír una misa. Y el abad de lo que canta, yanta. ¿Por
qué se tiene que imponer el copago en sanidad y no en la iglesia?
Que la sostenga quien la utiliza. Tal vez dejando de pagar al clero
el Estado se ahorraría mucho dinero. No sabemos cuánto porque no
sabemos lo que cobra la Iglesia. Sí sabemos que en algunos colegios
concertados, religiosos, yendo contra la legalidad, contra el
convenio, contra Dios, y contra todo principio, pero, claro, la
crisis nos justifica, los profesores tienen que pagar las actividades
extraescolares de sus hijos. Si a eso se añade la bajada del sueldo
y el aumento de las horas lectivas, más el descrédito de profesores
y maestros, que ya viene de lejos, tal vez sea una blasfemia llamar
rabí a Jesús. Por eso su pobre hija le ha salido tan respondona.
Claro es que la niña tiene que hacer frente a una enorme crisis,
¿también de valores?
Para
poder tirar hacia delante, dicen, el Estado tiene que ahorrar; y para
poder ahorrar tienen que sacrificarse los de siempre, cómo no. Los
políticos, hasta los de más baja estofa, no pierden ni uno de sus
privilegios, y nada se descuentan de sus abultados sueldos por no
hacer nada. Hablan mucho, eso sí, parecen las cotorras del pueblo,
tratando de convencernos de que estamos en medio de una enorme crisis
de la que saldremos haciéndoles caso a ellos. ¿Y de verdad estamos
en una crisis? Sí. Se nota, al igual que en la época del
bandolerismo, en toda la ilegalidad que reina. Una ilegalidad de
guante blanco, por supuesto. Al menos los bandoleros se jugaban el
tipo frente a los migueletes. Para que luego digan que los tiempos no
cambian que es una barbaridad. Así que sí se puede añadir un nuevo
matiz a la palabra. Crisis: dícese del momento que aprovechan
políticos, banqueros y empresarios para ganar más pagando menos.
Véase también crisis de valores: aprovechar la crisis económica
para cobrar por todo menos por trabajar.
Algún
día lejano, que no veremos nosotros ni nuestros hijos, podremos
prescindir, entre otros, de los políticos. No perdamos la esperanza.