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Isabel II reina de España


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02/06/2012

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ISABEL II, UNA BIOGRAFIA


Vicente Adelantado Soriano







El libro de Isabel Burdiel, Isabel II, una biografía, es un libro exhaustivo. Tanto que, a veces, resulta difícil de seguir. No debe de ser nada fácil, desde luego, biografiar o historiar una parte tan crucial, movida y nefasta de nuestra historia. En la época de Isabel II las intrigas, los cambios de gobierno, los intereses de unos y otros, los carlistas, la Iglesia, la vida privada y la pública, etc., se cambian y entrecruzan con una facilidad pasmosa. En alguna que otra ocasión, pese al buen oficio de la autora, resulta complicado averiguar por qué cae un gobierno y sube otro. Se solapan de tal forma los intereses de la nación, o del partido, con los de la reina, sus temores o debilidades, lo público con lo privado, que todas las explicaciones de la autora parece como si resultaran insuficientes.

No obstante, conforme se va avanzando en la lectura de tan magna obra, la rabia, el coraje y la depresión se van adueñando del lector. Parece mentira, a veces, que un país haya estado en manos de semejante gente, y que semejante gente haya estado apoyada por quien menos lo tenía que haber hecho. Se entienda o no se entienda con exactitud todo cuanto sucedió en aquella época sí que se entiende que ideología, religión, banderas y demás no son sino tapaderas del propio beneficio, de las propias miserias y de los propios temores, más o menos bien disimulados. Sin olvidar las ambiciones, que parecen nunca tener fin. Mª Cristina y su morganático marido son un ejemplo de desfachatez.

A veces, no obstante, produce una cierta sonrisa todo cuanto está sucediendo, pues los hombres, los partidos y la reina, pasado un tiempo, tienen la importancia que puede tener una merluza de la edad media. Viendo a estos y a aquellos apurarse por una parcela de poder, perder la juventud por ello, se afianza uno en la idea de que no hay nada como la aura mediocritas: ni envidiado ni envidioso. Pero se ve que para muchas personas no es fácil llegar a semejante conclusión. Hay también hombres y mujeres que no soportan la soledad, que por pretender huir de ella se casan, o se juntan, con el primero que sale. Después pasa lo que pasa. A otros, como en el caso de Isabel II, la casaron en contra de sus apetencias y con un ser que no podía satisfacer ninguna apetencia que no fuera la miseria, el rencor, el miedo y la ambición.

Un ejercicio de primer orden, muy recomendable, consiste en leer la biografía de Isabel II al mismo tiempo que se leen novelas de don Benito Pérez Galdós. La de los tristes destinos es, tal vez, la que mejor refleja la vida de la reina, una reina que no dejó de ser una pobre infeliz, víctima primero de su madre, de las intrigas de palacio, y de su vanidad después. Isabel II ha sido, además, la reina maldita, la reina con la que su hijo y su nieto taparon sus depravaciones y desviaciones. Al final parece como si Isabel II fuera culpable de todo y de los comportamientos de todos. Y ya lo dijo don Quijote: Sancho, no con quien naces sino con quien paces.

Y aquí entre unos y otros, liberales, moderados, monjas milagreras, carlistas, maridos impotentes y madres ambiciosas, crearon una charca que todavía, a más de cien años de distancia, sigue oliendo de una forma apestosa e insufrible. Tal vez sea porque los políticos, con monarca constitucional o sin él, siguen siendo los mismos. Ya advirtió don Benito en contra de ellos:

El sabio consejo de un estadista francés que dijo a sus contemporáneos enriqueceos, que ningún hombre público agobiado por la pobreza puede hacer la felicidad de su patria, fue tomado al pie de la letra por los que aquí pastoreaban el rebaño nacional.”1

Pues en esas estamos aquí: todavía nadie ha visto a un político en la cola del paro. ¿Por qué será? Ojalá la anarquía no fuera una utopía. Tal vez para ello el ser humano tendría que ser radicalmente distinto. Quizás lo veamos en otra galaxia. Desde luego el magnífico libro de Isabel Burdiel sirve, como mínimo, para intentar no repetir una parte de nuestra historia tan negra como nefasta, y tan brillantemente historiada en este magnífico libro.







1 Benito Pérez Galdós, Cánovas, p. 771







Etiquetas:   Libros   ·   Reina

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