. Por aquel entonces se
acusaba a los políticos de corruptos, se denunciaban las actividades de los
bancos y se estaba infinitamente peor que ahora. Pero ¿por qué hoy a pesar de
encontrarnos en una situación infinitamente peor no hay tanta ansia de
reivindicación? En un momento en el que los tres pilares básicos de estado del
bienestar se están desmantelando con la excusa de una crisis económica, en vez
de con la reivindicación de un discurso ideológico, vemos cómo nos hemos
convertido en una sociedad resignada. Y eso es lo peor que podía pasarnos.
Hoy no sólo sospechamos que los
políticos son corruptos sino que tenemos pruebas de ello. Hoy no sólo sabemos
que las actividades de los bancos eran ilegítimas sino, también, contrarias a
la ética. Hoy no sólo sabemos que podíamos ir a peor sino que lo estamos
viviendo. Y es hoy cuando estamos perdiendo el estado del bienestar, la esencia
con la que resurgió la democracia tras la segunda guerra mundial.
A pesar de las frecuentes
manifestaciones el Gobierno está ganando la partida a los ciudadanos. Mantiene la
reforma laboral que nos ancla en el pasado y convierte a los trabajadores en
meras herramientas de los empresarios. Recorta en educación pública a la par
que mantiene privilegios a la privada y fulmina los servicios sanitarios
acusando a los ciudadanos de hacer un mal uso de ellos. El castigo de la crisis
llega a las clases medias mientras quienes la han gestado, bancos y
especuladores, se frotan las manos con los rescates a la banca.
A mí me daría vergüenza que me
rescatasen y no pudiese devolver el dinero, tal y como asegura el nuevo
presidente de Bankia. Pero claro, para sentir eso habría que tener conciencia
social, responsabilidad y generosidad. Y eso es pedir demasiado a quienes
dirigen el cotarro bancario. Dar 23.500
millones de euros a un banco cuando se recortan 10.000 millones en educación y
sanidad no sólo es insultante sino que, además, debería ser anticonstitucional.
En estos días cada frase lanzada
desde bankia traspasa el límite del cinismo como, por ejemplo, la afirmación de
que no devolverán el dinero prestado por el Estado ya que ellos lo que crearán
será valor. Y la pregunta es ¿valor de qué? Porque el valor del conocimiento se
está dejando escapar a manos llenas y poco más que eso tenemos en este país.
Hoy, más que hace un año, la
exigencia de transparencia, regulación y justicia para políticos, bancos y
cajas se hace más necesaria que nunca no sólo porque nos estamos jugando el
presente sino porque el futuro de las próximas generaciones puede ser más negro
que el claroscuro en el que vivimos desde hace 4 años. El valor del malestar
está al alza y no parece que vaya a descender.