El valor del malestar

Hace unas semanas que se cumplió el primer aniversario del 15M una fecha anecdótica ya que de ella lo único que recordamos es el deseo de lo que pudo ser y no fue. Por aquel entonces se acusaba a los políticos de corruptos, se denunciaban las actividades de los bancos y se estaba infinitamente peor que ahora. Pero ¿por qué hoy a pesar de encontrarnos en una situación infinitamente peor no hay tanta ansia de reivindicación? En un momento en el que los tres pilares básicos de estado del bienestar se están desmantelando con la excusa de una crisis económica, en vez de con la reivindicación de un discurso ideológico, vemos cómo nos hemos convertido en una sociedad resignada. Y eso es lo peor que podía pasarnos.

 

. Por aquel entonces se acusaba a los políticos de corruptos, se denunciaban las actividades de los bancos y se estaba infinitamente peor que ahora. Pero ¿por qué hoy a pesar de encontrarnos en una situación infinitamente peor no hay tanta ansia de reivindicación? En un momento en el que los tres pilares básicos de estado del bienestar se están desmantelando con la excusa de una crisis económica, en vez de con la reivindicación de un discurso ideológico, vemos cómo nos hemos convertido en una sociedad resignada. Y eso es lo peor que podía pasarnos.
Hoy no sólo sospechamos que los políticos son corruptos sino que tenemos pruebas de ello. Hoy no sólo sabemos que las actividades de los bancos eran ilegítimas sino, también, contrarias a la ética. Hoy no sólo sabemos que podíamos ir a peor sino que lo estamos viviendo. Y es hoy cuando estamos perdiendo el estado del bienestar, la esencia con la que resurgió la democracia tras la segunda guerra mundial.

A pesar de las frecuentes manifestaciones el Gobierno está ganando la partida a los ciudadanos. Mantiene la reforma laboral que nos ancla en el pasado y convierte a los trabajadores en meras herramientas de los empresarios. Recorta en educación pública a la par que mantiene privilegios a la privada y fulmina los servicios sanitarios acusando a los ciudadanos de hacer un mal uso de ellos. El castigo de la crisis llega a las clases medias mientras quienes la han gestado, bancos y especuladores, se frotan las manos con los rescates a la banca.

A mí me daría vergüenza que me rescatasen y no pudiese devolver el dinero, tal y como asegura el nuevo presidente de Bankia. Pero claro, para sentir eso habría que tener conciencia social, responsabilidad y generosidad. Y eso es pedir demasiado a quienes dirigen el cotarro bancario.  Dar 23.500 millones de euros a un banco cuando se recortan 10.000 millones en educación y sanidad no sólo es insultante sino que, además, debería ser anticonstitucional.

En estos días cada frase lanzada desde bankia traspasa el límite del cinismo como, por ejemplo, la afirmación de que no devolverán el dinero prestado por el Estado ya que ellos lo que crearán será valor. Y la pregunta es ¿valor de qué? Porque el valor del conocimiento se está dejando escapar a manos llenas y poco más que eso tenemos en este país.

Hoy, más que hace un año, la exigencia de transparencia, regulación y justicia para políticos, bancos y cajas se hace más necesaria que nunca no sólo porque nos estamos jugando el presente sino porque el futuro de las próximas generaciones puede ser más negro que el claroscuro en el que vivimos desde hace 4 años. El valor del malestar está al alza y no parece que vaya a descender.

UNETE



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