“Los hombres se asemejan a los dioses cuando
hacen el bien a la humanidad”. M.T. Cicerón.
Previo a las elecciones del 1 de julio, a
estas fechas las campañas políticas cobran gran fuerza en un esfuerzo de los
partidos y sus candidatos de convencer al electorado y llevarlos a votar a su
favor en la jornada electoral. Salvo tonos y matices, las campañas, al
parecer, giran sobre lo mismo: La descalificación, las propuestas miles de
veces planteadas y ya escuchada desde hace muchos años y el uso de las
nuevas y cada vez más sofisticadas TIC’S (tecnologías de información y
comunicación), principalmente internet, como instrumento de difusión.
No es mi propósito el de hacer un análisis
de las campañas electorales ni de los candidatos de los partidos. Tampoco acerca
de los efectos que tienen en la opinión pública o sobre su aportación a
la democracia. Para eso están los expertos. Lo que me gustaría es compartir con
todo respeto la lectura de una carta que le envía Quinto Cicerón a su
hermano Marco Tulio Cicerón, con motivo de su campaña política para cónsul de
Roma.
Por supuesto que es un contexto histórico,
político y social muy diferente, así como la forma de gobierno de la antigua
Roma, ya que la epístola data del año LXIV a. c. y algunos de los consejos que
le da a su hermano son cuestionados. Sin embargo, llama la atención el
pronunciamiento de aspectos muy aplicables a nuestros días. Su espíritu, la
política como arte, el trato al electorado y el cumplimiento de sus
promesas, siguen vigentes después de tanto tiempo.
Quinto Cicerón invita a su hermano a no
olvidar quién es ni cuál es su objetivo. “¿De qué ciudad se trata? ¿Quién eres
tú? ¿Para qué cargo eres candidato? Es preciso que al bajar al Foro te digas a
ti mismo: Soy un hombre nuevo; soy candidato al consulado y se trata de
Roma”. En pocas palabras, la invitación es a no perder el piso y a
reconocer la magnitud del cargo al que se aspira considerando las
características de la ciudad, estado, municipio o país.
Le aconseja: “…tu campaña debe ser magnífica,
brillante, espléndida, popular….Durante esta campaña, habrás de cuidar mucho
que exista una buena opinión de tu política, que se deposite en ella serias
esperanzas…debe pensar la multitud que nunca serás hostil a sus intereses
porque mostraste con tus palabras que eras “popular” en la Asamblea y ante los
tribunales”.
En el marco de las actuales campañas nos
preguntamos si las esperanzas son verdaderamente serias, si los intereses
ciudadanos serán prioridad para los que ganen, si las campañas son brillantes,
si las ideas son magníficas y representan el tema de discusión.
Quinto le recomienda conocerse a sí mismo,
tener prestigio y fuerza en su palabra. “… y dado que en esta ciudad la mayor
perversión es olvidar la virtud apenas se instala la corrupción, trata de
conocerte bien a ti mismo en estos aspectos. Quiero decirte que trates de
entender que eres el más adecuado para que tus competidores tengan que temer en
un juicio…”No solo como candidatos, sino como seres humanos, el
autoconocimiento, como proceso permanente, es fundamental para el crecimiento
personal. Esto redunda, evidentemente, en el crecimiento y mejoramiento de
nuestro entorno.
El tema de los jóvenes que habían olvidado
los candidatos, ya lo consideraba Quinto Cicerón: “Trabaja también para
cautivar a jóvenes partidarios nobles y, para asegurarte aquellos que ya están
contigo, bien merecen alguna consideración. Ya cuentas con una gran cantidad de
ellos: hazles saber cuánto los estimas. Y si acabas logrando el apoyo de los
indiferentes, ellos te serán muy valiosos”.
Respecto a los simpatizantes, partidarios
y amigos, Quinto le dice a su hermano: “Tres cosas existen para forzar la
simpatía y conducir a los hombres a hacer campaña: el reconocimiento por los
servicios prestados, la esperanza y el afecto natural. Por lo tanto se deben
precisar los medios susceptibles de generar cada uno de esos sentimientos”.
Agrega: “En los tres casos, evalúa las
posibilidades de cada uno para saber en qué medida se le debe cultivar, lo que
pueden esperar y lo que pueden exigir”. Le conmina a ocuparse de la ciudad en
su conjunto, los hombres de los municipios, la gente del campo. “Los
candidatos, y particularmente tus competidores, ignoran a esta gente. Tú no los
ignores, y te será fácil conocerlos”.
El filósofo, político y escritor Marco
Tulio Cicerón venció las elecciones para cónsul de Roma con un 100 por ciento
de preferencias, quizá no solamente por las recomendaciones de su hermano
menor, sino también por su integridad, inteligencia e interés real por las necesidades
e intereses del pueblo.