Aquella tarde, las hojas que caían de los árboles paseaban inquietas por los rincones del asfalto, recorrían centímetro a centímetro la ignorada existencia de las soledades que se dibujan en un trozo de cemento.
Aquella tarde, las hojas que caían de los árboles paseaban inquietas por los rincones del asfalto, recorrían centímetro a centímetro la ignorada existencia de las soledades que se dibujan en un trozo de cemento.
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