Realidad después de internet

Tengo una idea.

 

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Haré un sitio web en el que las personas que entren puedan registrarse y hacer un perfil con su información, puedan poner fotos y contactarse con otros usuarios que también tengan una cuenta en mi sitio.

Mucha gente entrará y se registrará, otros entrarán y sólo mirarán y unos pocos nisiquiera van a entrar... pero yo quiero que sean parte de mi red. ¡Ya sé! Crearé un botón que cualquier persona o empresa pueda poner en sus páginas que diga "Me gusta": servirá para que, los que tienen cuenta en mi sitio, manifiesten públicamente su gusto, aunque, ahora que lo pienso mejor, puedo añadirle una función extra: el botón me gusta puede hacer un seguimiento de quienes, aunque no tengan cuenta en mi sitio, entren al sitio donde está el botón y, aun cuando no quieran o no les interese tendrán una cuenta en mi sitio.(todo lo anterior, pero mejor explicado aun en este link)

Imagino que ya está claro de qué sitio web estoy hablando, sí: facebook. Hace unos minutos, mientras conversaba con mi novia por teléfono, llegamos al tema de las realidad falsa que se expone en la red social o, aunque no sea falsa, está sobreexpuesta en la red social más grande del siglo. Sin mucho esfuerzo, puedo enterarme lo que está almorzando justo en este momento alguien que fue compañero de colegio mío hace 14 años. Si hago un par de click más, podré enterarme de lo fantásticas que fueron las vacaciones de alguien que nisiquiera conozco pero que está entre mis contactos porque, en algún momento, me pareció feo no agregarlo como amigo si no tenía nada en contra de él.

Cahuineo 2.0, el fin de la civilización. El curso que ha tomado internet como proyección de la aldea global me causa entre temor, risa y desprecio. Escenario obligado de cuanto fracaso que haya sido grabado en cualquier parte del mundo (pensar en casos: caída de edgar, wena naty, gordo friki, leave britney alone, etc); platea sombría desde la que salen los tomates más podridos e hirientes que alguien pueda arrojar (el sujeto de la V región que odiaba a las gordas, organización de grupos neonazis, etc) y un montón de otras funciones que hacen desear que el cataclismo de 2012 sea cierto y, como civilización que estamos tan deformados, nos acabemos de una buena vez.

Por otro lado, es una irresponsabilidad del porte de un buque no mencionar las muchas iniciativas loables y admirables que han surgido en internet (TED, Instructables, Reeditor, SciELO, etc) y, entonces, con tal abanico de posibilidades, llegamos al punto cero, al mismo que uno puede argüir cuando alguien se queja porque no hay televisión de calidad: si no te gusta, ve otra cosa. En cuanto a los contenidos, claro, es lógico eso... pero en cuanto a las redes sociales, el asunto cambia. Encontrarnos con un compañero del colegio en el metro ya no es emocionante, porque ya sabemos como está y qué cosas le han pasado. Las relaciones sociales no se han perdido, sino que se han deformado a tal punto que adquirieron un doble estandar: es tan fácil armarlas que pierden su importancia. No olvidemos que facebook no usa el término contactos sino la palaba AMIGOS ¿Qué más terrible? El día en que todas las personas que hemos visto en la vida sean amigos de uno será cuando la amistad valga lo mismo que un pelo que se nos acaba de caer de la cabeza. No señores, la amistad es algo importante, los afectos son algo importante... la realidad es algo importante, mucho más importante y es por eso, que aprovecho este espacio para hacer un llamado a abandonar las redes sociales por internet, a que dejemos de nutrir de ideas fútiles y rumores baladíes nuestras vidas. No vengo con la cantinela clásica, de retomar las plazas y crear la vida ciudadana de los años 50 porque eso también sería una invitación a vivir falsamente; vengo a invitar a que cada uno de nosotros haga una pausa, miremos la pantalla del computador y caigamos en cuenta de que es vidrio, y que en las letras que podemos leer está sólo una parcela de la realidad que alguien que mimetiza su soledad con la de muchos otros quiere que leamos, para que seamos parte de un juego ajeno, espectadores de películas que no elegimos.

De todos modos, puedo entender que si a alguien le gusta el mercado de la farándula televisiva, esté dichoso ahora con internet y las redes sociales: después de todo, es lo mismo que ha admirado por años en la tele, pero ahora al alcance de la mano. Podemos ser los pablos schilling o las adrianas barrientos de otros, con menos dinero, fiestas, ruido y fama... pero exponiendo nuestras vidas.

Con mi novia ya no tenemos facebook. Optamos por la vida real... ¿Te sumas?

UNETE



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