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Reencuentro


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27/05/2012

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En ocasiones  al referirnos a ciertos momentos de nuestras vidas o a algún acontecimiento en particular, sentimos que  en efecto, no hay palabras que puedan transmitir la impresión interior que en nosotros tuvo lugar. A veces las palabras  faltan y otras no bastan. La pregunta a continuación sería ¿Por qué  exteriorizar las experiencias o perspectivas? La vida es como una caleidoscopio todos miramos a través de él, pero cada cual ve un color, una forma, una fracción de la unidad.  Al igual que el desarrollo de una ciencia o un arte,  el progreso del hombre no es solitario, sino por la transmisión y acumulación de su historia, el registro de sus progresos, la atención meticulosa de su relación con el entorno, y sobre todo en términos sociológicos a su reacción ante un evento extraordinario o singular. Lo que  cada uno de nosotros exprese es de gran valor para la humanidad, porque  es la culminación de un proceso interior cognitivo y emocional, tal es la magnitud de la grandeza de todos nosotros que por solo esta simple razón, vale la pena detenerse a escuchar lo que mi semejante, es decir, quien está frente a mí, tenga que decir.


Si ya nos reconciliamos con esta idea, es decir, comienzo a registrar algo, lo siguiente será ¿Cómo hacerlo? Y ¿en qué términos?  Seré franco, soy músico y no escritor, ese es mi aporte, por lo tanto mi  lugar en el caleidoscopio. Por lo tanto ¿Cómo lo hago?:  Desarrollando la idea, imaginándola, escribiéndola, hablándola, leyendo, riéndome de ella, olvidándola (esto es importante para madurar la reflexión) ; y ¿En qué términos?: en los más simples posibles, sin muchos giros retóricos. Cuanto más pretencioso más superficial, mientras más simple, más profundo. Es más difícil hallar una utilidad a una piedra que a una inmensa grúa. Lo importante de expresarse es hacerlo con responsabilidad, es decir, ser  veraz en cuanto a la idea, concepto o situación, pero  hacerlo con gracia y con la simpleza de un niño.  Ejemplo de esto es el alto contenido del mundialmente conocido “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry. Escrito para el goce de los más pequeños, pero pensado para la reflexión de las mentes despiertas. 

Les invito a reencontrase con lo simple, y expresarlo con alegría, afecto,  generosidad , hacerlo con facilidad, exprésense  a sus familiares, amigos, hijos, dejen registro de ustedes, no para pretensión de su nombre, si no como registro inefable de una vida activa, que  debe ser un aporte  para todos el día de mañana.

 

Fraternalmente

Francisco



Etiquetas:   Reflexión   ·   Arte

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