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• En cuanto a la organización del trabajo, se traduciría en una
deficiente organización, ausencia de interés de los supervisores, carga
laboral alta o mal distribuida, flujos pobres de información,
conflictos y ambigüedad de rol, y objetivos.
• Por lo que respecta a la gestión del conflicto por parte de los
superiores, estarían influenciando negativamente la negación del mismo,
impidiendo así que la situación se resuelva, o
implicación/complicidad activa en el mismo, con el fin de contribuir a
la estigmatización del hostigado.
Esto puede aplicarse igualmente al ámbito social, familiar, político;
con demasiada frecuencia vemos actitudes despóticas que ponen a las
personas contra las cuerdas. Suele pasar, por ejemplo, en pueblos
pequeños, en el que un bando o grupo se hace con la situación a fuerza
de medrar y de amenazar a quienes no son de su curda, de su ideología,
de su simpatía, etc.
Así, se practican amenazas contra quienes
tienen negocios tales como "tu comes porque te damos de comer", "vas a
tener que cerrar el negocio porque no va a venir nadie"... y un
larguísimo etc. Bulos y mentiras en el que el acosador o acosadores
lanzan mentiras, infamias, que van contra los principios básicos
constitucionales, contra el derecho al honor y a la intimidad personal,
atacan a personas y a familiares de las personas en cuestión, pues
estas personas, por el simple hecho de existir, suponen una amenaza
para los acosadores, que tienen una valía personal escasa, no tienen
méritos propios mas que los conseguidos por enchufismo, trepando,
medrando...; de forma que todo lo legal, lo bueno y lo digno quedan en
su objeto de mira.
En realidad es una admiración no bien procesada, que se convierte en
envidia que no se canaliza adecuadamente; y, de esta forma, los
acosadores, el o los, pueden llegar al descrédito, a la exclusión de
la persona en la que se fijen, al ostracismo, al ninguneo, simplemente
porque no son rivales leales que son capaces de mirar de frente, sino
que atajan por subterfugios, tramando redes y haciéndose con ayudas
capciosas o simplemente gente que les teme. El acoso laboral, social, familiar, escolar... son todos hijos de una
misma madre: la envidia; y de un mismo padre: complejo de inferioridad /
baja autoestima de los acosadores, que necesitan pisar cuellos para
sentirse alguien en la vida. Cuanto más miserable es una persona, más
energía negativa es capaz de derrochar contra quien envidian.