. Creo que es cuestión de hipocresía y revoltijo
político. Cada vez que Esperanza Aguirre opina sobre algo, provoca profundas
crisis de ansiedad en sus fracasados oponentes, en los perdedores, en los
derrotados. No pueden con ella. Cada vez que opina, se desencadenan sonoras
tormentas de norte a sur y de este a oeste. No escarmientan. Siempre pican, pero
ellos a lo suyo. Salen en tromba a contestarla y lo hacen con el único recurso
que tienen, el insulto.
Escuché
esta mañana en directo a la señora Aguirre la contestación que ofreció sobre la
llamada que grupos radicales de izquierdas están haciendo para pitar y ofender
al Rey y a la bandera española en la final de la Copa. La presidenta de la
Comunidad de Madrid se limitó a contestar que ella sería favorable a que, si las
pitadas y los agravios se producen, “suspender el encuentro y que se celebre a
puerta cerrada”. Ni se fue tan lejos ni se quedó tan cerca. Dijo lo que dijo y
bien dicho está. Así al menos opinamos también numerosísimas personas que
estamos hartos de tantas ofensas groseras y gratuitas a nuestros símbolos de
identidad.
Aunque
para mí no es nada atractivo, considero que el fútbol es un deporte de pasión
para miles de personas. Además, cuando en la disputa de un encuentro media la
rivalidad de colores y de territorios, los alicientes elevan la expectación.
Precisamente por estas singularidades, la final de la Copa del Rey que se va a
disputar el viernes en el Vicente Calderón madrileño entre El Barcelona y el
Bilbao, debería de activar las alegrías de las aficiones para disfrutar al
máximo del espectáculo futbolero. Gran deseo de la mayoría.
Si
bien la simple petición de la señora Aguirre de pedir respeto y tolerancia ha
sido contestado con truenos y relámpagos, inquietan por el contrario los
silencios silenciosos sobre las majaderías miserables de los vividores que,
pancarta en ristre y formando junto al Congreso de los Diputados, libadores de
nuestros impuestos, invitaban a reivindicaciones inoportunas y a grescas
sonoras. Ante estas llamadas de los radicales al pitorreo nadie, o casi nadie,
se ha escandalizado. Sin embargo la llamada de Esperanza Aguirre a la normalidad
y al respeto ha convulsionado y escandalizado a la progresía
desnortada.
Tanto
los equipos con tics separatistas, o sea, los de la actual contienda, como las
hinchadas de ambos conjuntos que están en contra de la Bandera de España, del
Himno Nacional y del Rey, y que intentarán con sus berridos chifleros que sólo
haya ruido y alboroto en el inicio del encuentro, lo tienen muy fácil para
evitar humillarse ante los símbolos identitarios de España:
Los
equipos: QUE NO
PARTICIPEN
Los
hinchas: QUE SE QUEDEN EN
CASA