. Bien sea
por Twitter o por cadena nacional, desde La Habana o también en Caracas, las
felicitaciones gubernamentales están a la orden del día.
La ministra
Iris Valera, por ejemplo, es una de las más felicitadas. La gente se pregunta
por qué, pero es así. No hace mucho, su jefe la comparó con la Madre Teresa de
Calcuta, acaso una de los delirios más grotescos que se le recuerden. Y lo más
curioso es que mientras más violentas y caóticas se vuelven las cárceles a
cargo de la ministra Valera, más felicitaciones recibe del mandamás…
Otro tanto
acontece con Héctor Navarro, el ministro eléctrico.
La debacle
en el sector es peor que cuando su predecesor, Alí Rodríguez, aunque éste le
echaba la culpa a la sequía de El Niño y aquél se la echa a las lluvias de La
Niña. Pero no importa. Se va la luz en medio país, y rápido llega la
felicitación presidencial, y al rato se va en la otra mitad, y otra
felicitación más…
El ministro
El Aissami también suele ser felicitado por la lucha en contra de la
delincuencia y en especial contra el narcotráfico. Claro que Venezuela se ha
vuelto una potencia mundial en el tráfico de estupefacientes y así mismo se ha convertido
en una de las sociedades más violentas del planeta, con 20 mil asesinatos al
año. Pero nada, el comandante-presidente insiste en felicitar al ministro
co-responsable.
El canciller
que dejó perder la reclamación del Esequibo, Nicolás Maduro, es felicitado por
su madurez diplomática. Los generales denunciados como narcos por sus antiguos
socios, también son felicitados por su dignidad castrense. Los magistrados que
retuercen las sentencias por órdenes ejecutivas, de cuando en vez reciben una
felicitación por su ejemplar desempeño. Y así para usted de contar en el mundo
al revés de la satrapía.
Sin embargo,
hay algunos felicitados que no recuerdan con júbilo las últimas felicitaciones
del comandante-presidente. Todavía estaba fresquita la felicitación al ministro
Samán por las areperas socialistas, cuando fue eyectado del gabinete. Y al
ministro Loyo le acababan de llegar unas felicitaciones por las
“expropiaciones” pistola al cinto, cuando también se enteró que se quedaba sin
la chamba ministerial.
Y quizás las
felicitaciones más ominosas fueron las recibidas por el general-ministro de la
Defensa, Raúl Isaías Baduel, el día que entregaba el mando. En medio de las
loas, abrazos y lágrimas, ya germinaba la decisión de meterlo preso hasta el
dos mil siempre…
Y es que así
son los que felicitan tanto y tan seguido. No se les puede creer mucho y menos
si se jactan de su poder, como ya saben los más curtidos de la llamada
“revolución”. Y lo más gravoso en este caso, es que mientras los felicitados
más la ponen, más sonoras son las felicitaciones.
Ahorita
mismo, abundará la felicitadera al “gabinete económico” por los estelares
anuncios de “alto crecimiento con baja inflación”.
¿Y a
Venezuela quién la felicita?