Teresa Rivero: La singularidad de un virtuosismo admirable

Algo consustancial a los personajes de renombre que alcanzan hitos sociales por la valía de sus méritos adquiridos, es la virtud de la singularidad; el sello de lo personal que marca estilo propio y trasciende ante los demás.

 

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Teresa Rivero no sólo posee esa singularidad de lo trascendente, sino que además lo arraiga con una capacidad polifacética que destaca por su gran originalidad creativa y su disposición de responsabilidad en cuantos campos de la vida se ha desenvuelto con sobresaliente actitud ganadora. Sin duda que personas como Teresa Rivero ya llevan en los genes el destino de esas responsabilidades que encumbran a los grandes espíritus y ella ha sabido aprovechar la oportunidad para multiplicar el talento que el destino le ha otorgado.

 

A sus múltiples conocimientos adquiridos por una experiencia consolidada en no pocos sacrificios y valerosas actitudes, hemos de añadir el virtuosismo maternal que ha afianzado con un fiel reflejo de nobleza  afín a la responsabilidad sobresalientemente saldada con trece hijos. No obstante desde muy joven fue el bastión y la motivación de su marido, José María Ruiz-Mateos, con quien traspasó el espacio de una vida previsible para adentrarse en una dimensión descomunal de pruebas a la altura de los más fuertes espíritus. Ella sabía estar con la templanza de las decisiones, para impulsar con renovados bríos cada etapa que la existencia le ha brindado , con el fin de engrandecerse ante responsabilidades sobresalientemente asumidas.

 

Un gran mérito permanece en la singularidad de una mujer que ha convertido la diversificación en virtuosismo, por muy complejo que pareciera el desarrollo de una labor donde ha sido artífice de no pocas proezas para tener un nombre propio en la Historia de España.

 

Los éxitos en el terreno profesional han sido ejemplos de una eficacia perseverante  sin parangón; no obstante fue la primera mujer en presidir un club de fútbol como el Rayo Vallecano, al que dedicó una capacidad de gestión imponderable con el resultado de abracadabrantes éxitos que habrán de permanecer en los hitos históricos del deporte rey.

 

La singularidad y el carisma, con un poder de adaptación de prodigiosa factura humana, han sido y son los baluartes de una mujer que puede sentirse engrandecida por la huella de sus profundos pasos. Los ha hollado como modelo de una maravillosa persistencia en el empeño personal y profesional que avala su vida de madre comprometida, acompañante fraguada en los más duros sacrificios y poseedora competente de un don excepcional en una personalidad exclusiva y destacada. Así es como Teresa Rivero ha mostrado capacidades inherentes a los magníficos personajes de España que han dado la talla en los más diversos cometidos. Ella además se ha honrado con responsabilidades de mayor calado, donde siempre dio lo mejor de su talla que está en la meritoria  trayectoria donde no existe una sola derrota ante el impresionante mérito de sus espectaculares logros. Las dificultades la han magnificado sin perder la sencillez que la define.

 

Teresa Rivero Sánchez-Romate es una identidad propia, sólida y de prestigio indeleble, referente de idoneidad y saber hacer más allá de lo que muchos otros hubieran rendido. Una mujer de una España necesitada de su fuerza y entrega por los demás, como siempre ha demostrado. Representa la victoria personal de una dama forjada en la mejor fragua del espíritu que ha consolidado con sobresaliente valía. Un paradigma singular y entrañable. Sin duda, siempre, triunfadora.

Ignacio Fernández Candela

UNETE



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