Durante demasiado tiempo, y sin que nadie supiera explicar con precisión desde cuando ni por qué, la ciudad ante sus ojos se había vuelto plomiza, pesada y gris; les invadía la frustración y el hastío permanente, la conciencia les martilleaba por la constante pérdida de valiosas piezas, por la eterna espera de mejoras necesarias que se postergaban una y otra vez.Sus habitantes la soportaban día a día gracias a enormes dosis de paciencia, casi se diría que infinita; y, del mismo modo, el territorio que sustentaba la ciudad, al que ahora como nunca antes se perjudicaba con indolencia, recogía también esa abulia, y sufría sus efectos insanos.




