El lanzador se prepara. A sus espaldas el corredor se despega de la almohadilla. La pizarra electrónica marca dos out en la novena entrada y su equipo gana por una carrera. El bateador en turno es el último escollo para lograr su decimoquinta victoria consecutiva. Lanza una bola rápida. El bateador hace swing y acto seguido abre los brazos ampliamente, en señal de despedida. La pelota, blanquísima, comienza su enorme viaje. Casi 60 mil gargantas la acompañan; muchos ya celebran el triunfo. El lanzador sigue con la vista la trayectoria infinita de la pelota. Sus ojos apenas marcan la diferencia entre los cientos de miles que se posan sobre la esfera que parece flotar sin caer. Pero cae entre el público y es…¡foul! Decreta el árbitro, quien no puede reprimir una sonrisa ante el coro de lamentos simultáneos que se desata en el estadio.




