Hace miles de años en la antigua Roma, el pueblo disfrutaba viendo como los gladiadores, morían a manos de otros combatientes o ante las fauces de animales salvajes. Más tarde llegó la edad media y con ella las quemas públicas de brujas donde el pueblo exaltado alababa la “purificación” de esas mujeres que habían cometido el error de saber demasiado.



