Desafío de Competitividad

Desafío de Competitividad

 

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Empero lo relevante es que nos traemos un nuevo concepto de desarrollo competitivo, el de trabajar sistematicamente con encadenamientos compuesto por diversas entidades que a veces compiten, en otras cooperan, se complementan y/o hacen sinergia, orientados todos a incrementar la productividad, que es la que al fin y al cabo, la que logra ingresos sostenibles y una elevada calidad de vida.

Ello parece sencillo pero no lo es. Se requiere primero de una visión colectiva compartida, ampliamente validada, de mediano y largo plazo, del más amplio espectro. Se requiere de voluntad y de liderazgo político; de empresas comprometidas con su territorio; de universidades y centros tecnológicos enfocadas concretamente en las necesidades regionales.

Se necesita de un capital social que incrementalmente desarrolle un reconocido protagonismo para que aporte, monitoree y hasta evalúe permanente el desarrollo de ese encadenamiento: si los recursos públicos son eficientemente invertidos; si es necesario apoyar la innovación en procesos, en la coordinación de niveles y ámbitos de intervención, o en la estructura organizacional del mismo; si es posible o no en la formalización de nuevos encadenamientos.

La triple hélice, gobierno, empresa, universidades deben actuar en sintonía en dicho encadenamiento; conjugar la nomenclatura de la competitividad simétricamente y contribuir con sus específicas capacidades y calidades, mirando más allá de las fronteras territoriales con eficiencia, innovación, y coherencia con respecto al entorno contemporáneo.

Ello y más ha logrado el País Vasco en los últimos 25 años. Tienen ya 11 clusters de jerarquía mundial, en los cuales todos tienen el mismo discurso -sin importar la idea o credo-, y un solo norte: incrementar la competitividad y el bienestar de su población.

Nos hemos motivado a trabajar en dicha red y con esa vocación. Es posible implementar un nuevo enfoque que armonice el desarrollo competitivo regional del Maule; es posible técnicamente empezar a medir –y con mayor rigurosidad- la competitividad interna y de extramuros; es posible tomar decisiones de asignación de recursos en nuevos sectores productivos; es imperioso innovar, transformar nuestra estructura productiva, construir estrategias de especialización inteligente.

Sólo tenemos que empezar a coordinarnos, a romper la inercia, a lograr mayores espacios de autonomía, a impulsar nuestras propias políticas públicas. Podemos correr nuestra propia carrera y no sólo la que otros quieren que corramos estándarizadamente.

Es posible, nos enseñaron como lo hicieron los Vascos… ahora tenemos que encontrar nuestra propia fórmula en base a nuestro propio entorno, idiosincrasia, potencialidades y perspectivas.

 

*Director Centro de Competitividad del Maule. Universidad de Talca.  

UNETE



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