Competitividad e Instituciones de Colaboración

Competitividad: Instituciones de Colaboración

 

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Ellos plantean textualmente, que los últimos años se ha reconocido cada vez más la importancia del entorno microeconómico de los negocios para la competitividad y el desarrollo económico. Dicho entorno comprende una compleja variedad de activos (por ejemplo, el conjunto de aptitudes y habilidades, y la infraestructura física), organizaciones, políticas y normativas que afectan la productividad con la cual las empresas e industrias pueden competir. Las entidades que afectan a la competitividad en el nivel micro y que saltan más fácilmente a la vista son, entre otras, los organismos gubernamentales, los entes regulatorios, las empresas y las universidades.

Menor comprensión se tiene del papel que cumple una amplia variedad de otras organizaciones que afectan significativamente a la competitividad. Estas entidades, que denominamos “instituciones para la colaboración”, incluyen por ejemplo asociaciones industriales, asociaciones profesionales, cámaras de comercio, organizaciones de transferencia de tecnología, centros para la promoción de la calidad, instituciones de investigación sin ánimo de lucro o asociaciones de ex alumnos universitarios, entre otras.

A un nivel más general, las instituciones de colaboración influyen en la productividad y en la competitividad al cumplir una variedad de funciones de mediación en el mercado local, regional, nacional e, incluso, internacional, tales como llevar a cabo actividades colectivas (por ejemplo, capacitación o recogida de información), facilitar las relaciones y establecer normas. Las organizaciones de colaboración pueden incrementar la competitividad, pero también pueden debilitarla si encaran acciones que disminuyen la competencia. La efectividad de estas organizaciones también depende del comportamiento y de las actitudes de otros participantes económicos que interactúan con ellas.

Los tipos de instituciones que recaen en la categoría de organizaciones para la colaboración pueden determinarse por su grado de implicación. Por ejemplo, los organismos autárquicos del gobierno que brindan servicios a compañías – como la organización Proexport que promueve las exportaciones en Colombia – pueden ser considerados como organizadores de colaboración. En el otro extremo del espectro, la Kyoto Research Park, que promueve el desarrollo de los clusters regionales, también puede considerarse una organización para la colaboración, aunque esté organizada como subsidiaria de Osaka Gas, una empresa local de servicios regulada. Las organizaciones sin ánimo de lucro que participan activamente en actividades culturales o de asistencia social – como el Ejército de Salvación – no se considerarían normalmente de colaboración ya que no prestan servicios que beneficien a empresas.

 

Continuará

 

*Director Centro de Competitividad del Maule. Universidad de Talca

UNETE



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