Las guerras del siglo XXI



Las revueltas en Egipto y Túnez trascienden el mero, aunque importante, plano político y social. Son la punta de lanza de las guerras mundiales que llevan camino de librarse en este siglo, esas que no matan con bombas ni metralletas, sino las que liquidan lentamente, el hambre, la falta de agua. Y entre medias la energía, el combustible del motor del mundo.

. Son la punta de lanza de las guerras mundiales que llevan camino de librarse en este siglo, esas que no matan con bombas ni metralletas, sino las que liquidan lentamente, el hambre, la falta de agua. Y entre medias la energía, el combustible del motor del mundo.

Después de una década en la que parecía que no pasaba nada nos llega la escenificación de lo que se estaba fraguando, un nuevo orden, un nuevo escenario, una nueva realidad. Un grupo de países muy desarrollados en busca del antídoto contra su propio veneno, un grupo de países emergentes al que los moribundos intentarán por todos los medios despertar de su sueño, porque para ellos es su pesadilla, y una gran mayoría de países que cada vez son más pobres, sin expectativas, mientras desarrollados y emergentes acaparan materias primas y mercados para seguir vivos.

Las leyes dicen que para que unos ganen otros deben perder. Territorios ganadores y perdedores. El problema es que ahora hay más aspirantes a ganar, por lo que los perdedores perderán mucho más y los ganadores ganarán algo menos.

No soy analista internacional, ni economista, simplemente observo los acontecimientos y las llamadas de atención. El propio FMI alertaba hace poco del desempleo juvenil en el mundo, de una generación perdida, y eso es lo mismo que hipotecar el futuro. Entonces ya no hablaremos de evolución, sino de involución para una gran mayoría.

Leía hace unos minutos que Egipto había provocado una fuerte inestabilidad en este ficticio orden mundial y financiero, y que los inversores ya habían retirado 7.000 millones de los países emergentes, lo que demuestra que el dinero sigue en las mismas manos, las de unos pocos. Pero leía también que el principal riesgo en el país sería el cierre del canal de Suez, lo que afectaría a la llegada del petróleo a Occidente. Remota posibilidad, desde luego, pero ¿y si realmente ocurriera?

Occidente tiene motivos para no callar ante los regímenes del Magreb. El miedo a un pueblo en la calle es más poderoso que el miedo a los islamistas radicales, a los que les resultaría ahora más fácil imponer su doctrina. Todo debe estar bajo control, pero todo acaba de empezar.






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UNETE



Miguel Otáñez, En efecto, el dinero esta en las mismas manos, la pobreza por igual, los que tienen esas riquesas,son los mismos que se han encargado de cuidar que esa materia prima, llamada pobreza, les siga generando riqueza.
Buen trabajo; Sra. Villasante


Froilán Álvaro Herreros, La sociedad de consumo no puede durar siempre, el planeta no está preparado para ello. Espero que el cambio del orden mundial haya empezado en el Magreb y no se quede en agua de borrajas, cuanto más tardemos en dar la vuelta a la sociedad de consumo ,peores serán las consecuencias.
No se hacía donde debemos ir, pero hay que ir a algún lado.
Estupendo articúlo Sra. Villasante. Espero siga removiendo conciencias.


Eduardo Gallardón, Fantástica reflexión.
Y salvo que como dices exista la remota posibilidad del canal de Suez, creo que veremos gran pasividad del mundo occidental mientras comienza la autodestrucción de los régimen del norte de África.





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