Las revueltas en Egipto y Túnez trascienden el mero, aunque importante, plano político y social. Son la punta de lanza de las guerras mundiales que llevan camino de librarse en este siglo, esas que no matan con bombas ni metralletas, sino las que liquidan lentamente, el hambre, la falta de agua. Y entre medias la energía, el combustible del motor del mundo.



