Comunicar la ciencia: cuando el estrés vale la pena



Finalmente puedo sentarme otra vez ante el teclado y escribir una nota para Reeditor. Confieso que ya se ha vuelto una costumbre este ejercicio de introspección; este buscar en mí historias que ni sabía que llevaba dentro, o simplemente mirar a mi alrededor y convertir los pensamientos en párrafos más o menos conexos que intentan transmitir lo que siento.

 


Sucede que la semana anterior fue atípica. Como nunca, me deje absorber por el trabajo; aunque como verán, más que un acto de rendición, era una necesidad.

Durante poco más de un mes mi atención se centró casi completamente en la organización del “Foro de Comunicación de la ciencia”, evento convocado desde finales del año anterior por el Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado (CNEA), con el objetivo de brindar un espacio para el debate, la reflexión el intercambio de ideas y experiencias en materia de comunicación científica.

Quizás algunos se pregunten (en su momento otros acá lo hicieron), que tiene que ver el electromagnetismo con la comunicación de la ciencia. La respuesta la brindamos en el primer evento de este tipo que organizamos en mayo del 2011. Por entonces no se llamaba Foro de Comunicación… sino “Taller de Comunicación y Divulgación Científica: una mirada desde los centros de investigación”. Nombre largo, lo sé, pero que intentó sentar las pautas de sus objetivos desde el mismo título.

Es que, cuando de comunicar y divulgar el quehacer científico, pensamos como la DraC Diana Cazaux, Presidente de la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico cuando dice que no importa quien lo haga, sino que se haga bien.[1] Y en esto de hacerlo bien, creemos que un papel fundamental deben tenerlos los centros gestores de la ciencia; ya sea como agentes directos ( a través de artículos científicos, notas de prensa, blogs científicos individuales o institucionales, etc) o agentes indirectos (a través de comunicadores, periodistas, etc).

Con esta premisa llegamos a nuestra segunda edición, ahora bajo nombre nuevo, aunque los objetivos intactos.

Sin embargo, nunca antes había tenido que enfrentarme a los preparativos de un evento. Este, aunque mucho más sencillos que otros celebrados también en nuestra institución, tenía sus propias características, además del interés personal por poner todo el empeño posible en la tarea asignada y que esta quede bien.

Resultaron entonces, días de intenso trajín. Comunicación constante con los interesados, la recepción de los resúmenes de los trabajos a presentar; la recepción de los textos completos para su publicación en las Memorias finales del evento; la creación del Programa del evento…

Ahí comenzaron los verdaderos retos. ¿Cómo imbricar trabajos tan disímiles como experiencias de la comunicación científica desde la docencia universitaria; campañas de promoción de medio ambiente; multimedias para la educación de promotores comunitarios; o un instrumento lingüístico para la lectura de textos del siglo XVII al XIX?

El cómo no sé, pero se hizo, y al parecer funcionó; lo que demuestra que toda experiencia que contribuya a llevar la ciencia más cerca de sus usuarios (del público que ese beneficiará de sus resultados) es válida.

Otro reto estaba implícito en la diversidad de participantes. Aunque, esto que parecía en principio un desafío para los organizadores, fue en realidad una fortaleza del evento. La multiplicidad de miradas hacia un mismo tema, proveniente de investigadores, docentes, científicos, periodistas, editores de revistas científicas, estudiantes; brindó un sustrato invaluable para el debate.

El Dr.C Rafael Ángel Fonseca, Premio Provincial de Comunicación, y autor de la Conferencia Magistral “Periodismo y Ciencia” que sirvió de apertura para el evento; destacó esta característica del Foro cuando comentó, al referirse a los retos futuros de este espacio que el principal reto es “crecer manteniendo la coherencia de la concepción original, es decir, sin tergiversar el sentido que ha tenido hasta ahora, aumentar el diapasón de participación, de aspectos a tratar, pero que conserve su frescura, la pluralidad de voces y la capacidad de convocatoria que demostrado hasta el momento”.

Durante toda la semana no pensé en otra cosa que en Programas, conferencias, presentaciones en power point, resúmenes, etc…de vez en cuando miraba de soslayo mi computadora donde al alcance de un clic (y con la suerte de una conexión regular) estaba este espacio donde he vertido durante ya algunos meses, parte de lo que soy y lo que pienso. Pero lo primero, es lo primero (como decimos por acá), y la organización y puesta en marcha del Foro siempre tuvo la prioridad.

Hoy lunes 21 de mayo todavía descubro vestigios de los dos días de intercambio en uno de los salones del CNEA. Aún me resta trabajo por hacer referidos al evento. La comunicación con los participantes habrá de continuar. La organización del tercer Foro de Comunicación comenzó desde el mismo momento en que la “foto oficial” (que acompaña esta columna) inmortalizó en píxeles los rostros de los participantes en esta edición.

El saldo de la experiencia vivida fue positivo. Aún perfectible, el “Foro de Comunicación de la ciencia” cumplió su objetivo y, en el sentir general queda la satisfacción de asistir a la gestación de un evento que ya se hacía necesario en nuestro ámbito. Como diría una las participantes, “larga vida” al Foro. Ya me tocará vivir nuevas y estresantes jornadas organizativas pero, si el saldo es favorable, entonces tanto estrés vale la pena.

 

[1]Diana Cazaux. En ¿Quién debe comunicar la ciencia? Razón y Palabra. Número 69. julio-septiembre de 2009. En. http://www.razonypalabra.org.mx/periodismocientifico/jul31.html. Visto en la red el 5 de marzo de 2011