. Sin embargo, en la presente columna trataré de dar un esbozo ante tan gigantesca pregunta que satisfaga los
lineamientos marcados por mi instructor y por mi mismo de manera que pueda ser el empuje para que cada quien comente sobre su propuesta.
Para iniciar formalmente con este
escrito, quisiera atenerme a eliminar aquellos rasgos que no considero posibles de mantener en una sociedad como la guanajuatense, y no sé en que medida, de la mexicana. Así pues,
considero que una actitud de exaltación, si bien es necesaria en cierta medida,
al haber sido utilizada tan agresivamente y "hasta el cansancio" merece mucho
descredito. Esto ocurre de esta manera, porque si bien el hombre quiere dominar
el mundo (en el sentido latino del término Dominus,
i=el señor, ese señorío se refiere no a destruir el mismo mundo, sino más
bien, a administrarlo correctamente y utilizarlo según nuestra necesidades)
debe de hacerlo moderadamente, si esto no ocurre así, los resultados son desastrosos para el mismo hombre y para el
mundo, pues bien ahora nos reclama todo el daño hecho a ella, y al no ser
autoconsciente en ella misma, proclama su liberación de la esclavitud de la
manipulación desconsiderada y no controlada de la misma.
En segundo término, estoy totalmente
en contra de la actitud que plantea Schopenhauer ante el mundo de resignación. Esta actitud es muy cobarde por ser muy conformista y
mediocre, no se puede esperar con los brazos cruzados y decir “no tiene caso tratar de dominar la
tierra”. Si el ser humano tiene la capacidad de inteligencia y de
volición no es porque sí, se trata de una
necesidad más profunda que no experimenta cualquier otro ser que habita la
tierra (al menos hasta donde sabemos); así pues, si
tenemos algo (en este caso la parte de los deseos) es para que deseemos, no
para que lo guardemos en una caja, la cerremos con llave y aventemos la llave
al fondo del mar.
Por esta razón su actitud es muy cobarde, consecuentemente,
paraliza el actuar humano, no le permite continuar avanzando a través de la
linea de la vida, progresando como seres humanos,
creciendo en todos los ámbitos de nuestra existencia. Esto es un crimen, y
debemos erradicar esa forma de pensar que resulta dañina ante nuestros
contemporáneos mexicanos, que de manera muy recurrente vulven a este sistema.
En tercer término, la angustia es otra forma de presentar la resignación, igual de
agresiva e igualmente paralizante. Es una indiferencia tan gigantesca la que
guia este sistema de pensamiento, desemboca consecuentemente en que nada tiene
sentido. Este sistema es aún más peligroso que el anterior, ya
que no solo paraliza el actuar humano sino que lo deja exento de cualquier
clase de movimiento aún la de los deseos o los pensamientos, nada tiene sentido
si todo se va ir a la nada, entonces, ¿para qué esforzarse?, ¿para qué luchar? Mejor hay que exterminarnos los unos contra los otros, pues este sistema nos lleva a la desesperación total y absoluta. ¿Por qué ocurriría esto? La razón es muy
simple, si la naturaleza está siempre en movimiento, pues es parte de su misma
esencia; y el ser humano es parte de la naturaleza, entonces es necesario que el ser
humano también goce de la característica del movimiento y del cambio, así pues, no es justo ir contra la naturaleza propia del hombre de ser mejor día
a día y perfeccionarse así mismo.
El último punto que desafío es aquel
que denota trascendencia. Éste, también es un verdadero crímen, ya que cuando se mal interpretan algunas religiones hacen que el ser humano se enajene profundamente del
mundo presente y en palabras aristotélicas se inventan
un mundo suprasensible para explicar este mundo. Así pues, puede generar tristeza algunas de creencias al mirar al mundo como
un medio por el cual que pasar para llegar al otro y no con una realidad en sí misma.
Hechas las aclaraciones precisas
sobre los excesos en los planteamientos anteriores, me quedo con una quinta postura,
según la cual se designa al mundo como una casa. Sin duda, es cierto que ella nos provee de todo lo necesario
y nos permite tener experiencias variadas y de todo tipo, y creo que al menos
el mundo se merece que le gratifiquemos por todos los beneficios obtenidos.
¿Cómo se lo retribuiremos? Muy sencillo, permitiendo que continúe evolucionando y cuidándola como bien expresa el término latino domini, de
cuidar lo que tenemos. Este particular punto de vista, me parece propio de
la época actual, pues ante la destrucción masiva del medio ambiente hoy buscamos promover una actitud de consumo sustentable. Probablemente, los seres humanos
que vivieron en épocas pasadas sabían de la consecuencia de las acciones, pero
no hicieron nada para moderar la actividad humana ante el mundo. Hoy pagamos
las consecuencias en nuestra civilización, pero no es para entristecerse o
paralizarse como en la resignación o la angustia, es el momento de introducir
importantes cambios en nuestra cultura, en nuestro modo de pensar y
consecuentemente, en nuestro modo de actuar. Debemos de luchar intensamente por remediar la situación y no
proponer la actitud cobarde de crear otros mundos y escaparse de ésta realidad
para mejorarla. Eso es lo propio del hombre: el ser responsable con sus actos y
proponer soluciones ante estos problemas. Ya que este lugar que llamamos mundo,
sin duda, lo aceptemos o no, es parte de nosotros, y nosotros somos parte de
ella, el mundo es nuestra casa.