. Basta con ver los sueldos de los
banqueros y el agujero sin fondo que son los bancos. Y hablando de inútiles y
de bancos; esta semana conocíamos que la entidad Bankia no está pasando por su
mejor momento debido a su morosidad y a su alta exposición al sector
inmobiliario, calculada en unos 37.500 millones de euros. Como el
tamaño de Bankia es tan grande que su caída arrastraría a otros bancos, el
Gobierno ha decidido nacionalizar la entidad, lo que implicará ayudas
públicas –eso que el presidente Rajoy dijo que no haría-, que
se calculan entre 7.000 y 10.000 millones de euros, justo lo que le roban a la
Sanidad y a la Educación pública. Como eso de los miles de millones de euros se
nos escapa un poco, les diré que esa cantidad es más o menos el sueldo anual de
un millón de mileuristas. Visto así, se le revuelven a uno las tripas. Para
sustituir al presidente de Bankia -el ex ministro Rodrigo Rato-,
suena el nombre de José Ignacio Goirigolzarri, ex consejero
delegado del BBVA, que cobra de esa entidad una pensión ni más ni menos que de
3 millones de euros anuales.
Con este tipo de noticias uno siente vergüenza y asco de vivir en un país
como este, en un continente como este, en un mundo como este. Resulta
absolutamente inadmisible que existan determinados sueldos cuando en la calle
mucha gente rebusca en los contenedores de basura para llevarse algo a la boca.
Pero cuando, además, las personas que cobran dichos sueldos llevan a la ruina a
su empresa o a su banco, la situación ya resulta absolutamente incomprensible.
Si, además de lo anterior, el estado se gasta miles de millones de euros de las
arcas públicas para salvar a dichas entidades sin que sus responsables paguen
monetaria o penalmente, entonces uno siente que tanto esa gente como los
responsables políticos se están riendo de nosotros a carcajadas.
En España hay 1.729.000 hogares con todos sus miembros en paro. Cinco
millones y medio de parados. El número de españoles en situación o riesgo
de pobreza o exclusión social -según el informe “Impactos
de la crisis” de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión
Social- aumentó de forma alarmante en un millón de personas entre 2009 y 2010,
para situarse en casi 12 millones de personas. Se supone que ahora la situación
será aún peor. Ante esta dramática situación, los gobiernos europeos
–incluido el nuestro- adoptan políticas de recortes en inversión pública,
aprueban reformas laborales que rayan la esclavitud, obligan a realizar ajustes
de sueldos y aumentan los impuestos de manera salvaje. Pero ni una sola medida,
ni una sola, contra todos aquellos que generaron la crisis, que hundieron sus
empresas, que cerraron su chiringuito con cientos de millones en el bolsillo
sin pagar ni un duro a sus trabajadores. Ni una sola medida de ajuste que les
perjudique a ellos o a los grandes poderes. “Vamos a salir de esta crisis”,
dicen, y lo único que hacen es agravar la situación de las familias para
defender los intereses de determinadas personas que, irónicamente, nunca han
padecido crisis alguna. Ya sabemos, en fin, para quienes –y para qué-
gobiernan.