. Greely, en Alaska, y Vandenberg, en California. Según el
plan aprobado, el EuroDAM incluirá bases de misiles interceptores SM-3 en
Rumania y Polonia, un radar de alerta temprana en Turquía y buques de guerra estadounidenses
estacionados en el puerto español de Rota, además de radares móviles de alerta
temprana emplazados en barcos de la
Armada neerlandesa. Como era de esperarse, el inminente despliegue del escudo antimisiles, con
capacidad para interceptar misiles balísticos de largo alcance e
intercontinentales eleva a su máximo
nivel las discrepancias
entre Washington, la OTAN y Moscú.
Como vía de
solución negociada del problema en su
momento Rusia propuso crear el sistema
antimisil conjuntamente con la OTAN en el que cada una de las partes se
encargaría de la seguridad de un sector del continente. Aunque la
propuesta no fue
acogida, al principio se convino cooperar en las primeras fases del
despliegue del escudo antimisiles en Europa. No
obstante este acuerdo se ha convertido en papel mojado, debido a que como
condición para ratificar el Tratado de Reducción de Armas
Estratégicas (START III), firmado con la Federación de Rusia, en diciembre de 2010,
el Senado norteamericano elevó a
rango de ley la prohibición de transferencia de información sobre defensa de
misiles. Las discrepancias entre las partes ponen de relieve la disputa diplomática vigente sobre la
cuestión. Así, para Rusia el emplazamiento del escudo norteamericano de antimisiles en Europa, implicaría una
alteración del equilibrio de disuasión
dentro del continente y luego nivel global,
a favor de los
Estados Unidos y la OTAN, ya que
los misiles táctico operativos rusos al caer en la zona de detección y alcance de los
elementos del escudo antimisiles norteamericano que se despliegan en Polonia,
Rumania y Turquía, ponen en peligro la
seguridad nacional de Rusia. Más aun,
tal como está diseñado actualmente,
según afirma el vicepresidente de la Academia de Estudios
Geopolíticos de Rusia, Konstantín Sivkov
“el sistema europeo de defensa antimisiles puede ser dirigido exclusivamente
contra Rusia, porque simplemente ningún otro misil cae en la zona de alcance de
dicho sistema”. Tal apreciación del problema cobra fuerza, debido a que,
el argumento que sostiene que el escudo
antimisil europeo, está dirigido contra
Irán, lo cierto es, que los misiles de
ese país, ni tienen carga nuclear (ni se le permitirá), ni están en condiciones de alcanzar el
territorio de Europa. Es mas, para contrarrestar la amenaza de alcance de los misiles persas, el Senado
norteamericano acaba de asignar 1.000 millones de dólares para el
sistema de defensa antimisiles de Israel conocido como Cúpula de Hierro. Paralelo
a ello, en rechazo
a la oferta rusa de utilizar
el rada de Gabalinsk que este país
alquila en Azerbaiyán, la OTAN y los Estados Unidos decidieron desplegar componentes del escudo antimisiles en Turquía, a
pesar de que no hay diferencia significativa entre el sureste de ese país
y Azerbaiyán desde el punto de vista técnico y militar. Con todo, en el caso de
que la futura estación esté realmente apuntando contra Irán, cualquiera de las dos opciones terminaría neutralizando la amenaza
proveniente de Teherán, por lo
tanto, de ser así, que sentido
que puede tener la instalación
de componentes del sistema de defensa
antimisil, fundamentalmente en países europeos orientales tales como Polonia, la República Checa,
Eslovaquia, Rumania y Bulgaria; que no sea
exclusivamente la intersección
de los misiles pertenecientes a la Federación de
Rusia. En virtud de la
realidad descrita, Moscú exige no solo garantías vinculantes de que el escudo
antimisiles que se está creando no apuntará a Rusia; sino que según el experto en Relaciones
Internacionales de la
Academia de Ciencias de Rusia, Vladímir Evséiev, tales
garantías “deberán complementarse con criterios técnico-militares”. Frente a tales exigencias, la
OTAN señala que está dispuesta a aprobar una declaración
política y refrendar sobre el papel el Acuerdo previo de que Rusia y la OTAN no son enemigos y no
emplearán la fuerza el uno contra el otro. De hecho, Bruselas propone refrendar
de nuevo los principios del Acta Fundacional sobre las Relaciones, Cooperación
y Seguridad Mutuas. Al
parecer, el problema tiene en teoría solución, sin embargo, las causas
de la desconfianza rusas se
fundamentan en el hecho de
que luego de la desaparición del Pacto de Varsovia de la era soviética, occidente decidió
mantener la existencia de la OTAN a pesar
de que supuestamente no consideraba
a Rusia como enemigo, sin embargo,
la realidad parece no
confirmar tal hipótesis. Al 2012, la OTAN además de
expandirse por el antiguo
cinturón militar de seguridad soviético, constituido por los países
de Europa central y del este,
entre ellos: Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria,
Rumania, Albania, etc; se
adentró en las propias
entrañas de la antigua Unión Soviética
(países bálticos). En la
actualidad, manteniendo el ritmo de instalación de la infraestructura militar de la OTAN en el antiguo espacio postsoviético, no debe constituir una sorpresa, la implementación del acuerdo de la cumbre de Lisboa, referente
a involucrar de lleno en la nueva fase
del escudo antimisil, a países no miembros de la misma, tales
como Georgia, Azerbaiyán, Kazajstán,
Armenia e incluso Ucrania. Viendo las
cosas de esa manera, es difícil
negar que las preocupaciones de la Rusia
de hoy, no sean licitas,
cuando por la geografía de las acciones de la OTAN ((Europa oriental y
ahora Cáucaso y Asia Central) y
el despliegue de medios terrestres, navales, espaciales y aéreos,
para el control de los misiles
nucleares rusos; salta
a la vista que lo que está en la hoja de
ruta de occidente, es un
cerco a los territorios adyacentes a Rusia
y también en el Lejano Oriente, al
potencial nuclear chino.
Con un
enfoque diametralmente opuesto, Madeleine Kridon, asesora del Pentágono,
sostiene que el escudo antimisiles en Europa no reúne las condiciones técnicas
para interceptar misiles intercontinentales rusos. “No apuntamos contra ellos y
nuestros interceptores no tienen la velocidad suficiente para abatirlos”. En esa misma dirección, el subsecretario general de la OTAN, Alexander Vershbow,
señaló que Rusia dispone de un gran número de misiles nucleares que, en caso
necesario, pasarán seguramente a través del escudo antimisiles de EEUU.
“El sistema de defensa antimisiles de la OTAN podrá interceptar solo
un pequeño número de misiles balísticos relativamente imperfectos, no tendrá
potencial para neutralizar las fuerzas rusas de disuasión nuclear”, aseguró
Vershbow. Refuta tal opinión, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas
Armadas rusas, Nikolái Makárov, quien sostiene que “con el tiempo es posible el
bloqueo de los lanzamientos de todos los misiles intercontinentales tanto desde
el territorio ruso, como desde los submarinos en el océano”. Por lo tanto increpa que
“teniendo en cuenta el carácter desestabilizador de la defensa antimisiles, que
en particular genera la ilusión …(a la OTAN y
a Washington), de impunidad de un
golpe devastador…(en condiciones de un deterioro de la situación)…, Rusia contempla la posibilidad de autorizar ataques
preventivos para destruir el escudo antimisiles de Estados Unidos desplegado en
territorio europeo si ve amenazada su seguridad”. Como colofón, de acuerdo al
Director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías de Rusia,
Ruslan Pujov, el objetivo de todos los
programas de la DAM
de Estados Unidos es alcanzar una invulnerabilidad absoluta del territorio
estadounidense contra cualquier ataque con misiles y por consiguiente nivelar
por completo las fuerzas estratégicas de Rusia”. En este sentido, Pujov calificó de “poco
verosímil” una cooperación político-militar y tecnológica entre Rusia y
EEUU” (sobre el escudo antimisiles, pues obligaría)…
admitir la posibilidad de una
“interacción informática”. Dada
las circunstancias, si no se
logran compromisos entre las
partes luego de la próxima cumbre de la OTAN a
realizarse en Chicago los días
18 y 19 de mayo; todo apunta a que el mundo se enfrenta
al fantasma de una nueva carrera
armamentista, similar a la protagonizada por Moscú y
Washington durante la
Guerra Fría.
Por: Euclides E.
Tapia C. Profesor Titular de Relaciones
Internacionales de la
Universidad d Panamá