Cuenta la historia que al paso del féretro del presidente Abraham Lincoln, llevado sobre un armón (carro de transporte de munición de artillería) y tirado por caballos, una mujer negra le dice a su hijo pequeño: “honra y saluda al hombre que te ha hecho libre”. Ni los grandes líderes nunca mueren, ni el buen liderazgo deja de germinar en nuevos y promisorios valores representados por nuevas generaciones, que siempre recogen el testigo de aquellos precursores.




