En Twitter la red social más dinámica y
sin duda democrática, todos los días se despliega un combate de posiciones y
por supuesto la campaña por la Presidencia de la República, es una asignatura
principal.
En este caso el contraste de perspectivas
entre partidarios genera cotidianamente un balance entre las muestras de
simpatía y los ataques de los adversarios, en ello nadie gana, a pesar del
efecto publicitario todos pierden en alguna medida a raíz de los
señalamientos.
La crudeza de las manifestaciones son para
muchos de los usuarios, un escape personal de sus propios problemas, para otros
una ventana en la que se puede pronunciar libremente opiniones, aun y cuando no
exista un parámetro para ello y consecuentemente se caiga en el abuso.
Twitter otorga al participante una
sensación de igualdad, una libertad que no se puede conseguir bajo ninguna otra
situación y que adicionalmente provoca la sensación de que el individuo es
parte de los hechos que se discuten.
Esa falta de auto regulación favorece la
intolerancia y el dogmatismo, en si es una herramienta para la polarización en
su grado más extremo, por tal razón y siguiendo esa lógica, el Twitter como
objeto de campaña política tiene dos facetas.
Una de ellas es la parte informativa que
sin duda es muy valiosa, la otra que se relaciona con la pluralidad de las
opiniones, es un espacio incontrolable que beneficia a quienes usan la
plataforma para manifestar su descontento contra todo.
Para otros tantos en los cuales nos
incluimos, es una extraordinaria fuente de información e investigación, pero
sobre todo un termómetro del sentir colectivo, en la riqueza precisamente del
contraste.
Aun así los temas que se abordan tienen
periodos cortos de vida, en un solo día las expresiones cambian constantemente,
varían de acuerdo al interés de quien las promueve y las sigue y de alguna
manera van de la mano de los acontecimientos más recientes.
Sin embargo llama la atención que el día
de ayer en menos de catorce minutos, por el numero tan abultado de menciones,
el hashtag #LargatedeTwitterEPN, en contra del candidato del PRI a la
Presidencia, se convirtió en trending topic, es decir en uno de los temas más
comentados y de mayor interés en esta red social.
Independientemente de que el tono en Twitter
normalmente es agresivo en contra de las figuras públicas en general, mas aun
las del ámbito político, lo de ayer cobra mayor trascendencia porque se trata
de una serie incuantificable de agresiones que rebasan el límite de la cordura,
el contenido de las expresiones fue y siguen siendo realmente muy pendencieras.
En esta dinámica la grosería no tiene
límite y como lo hemos comentado en innumerables ocasiones, la polarización que
alcanza genera una sensación de ruptura, un ambiente de confrontación peligroso.
Cuando la rivalidad trasciende a la
competencia para convertirse en una guerra campal tanto como irracional, en la
que se pierde el sentido de la crítica objetiva y valida, para dar paso a la
agresividad, las ideas y las razones saltan a segundo plano, de lo que se trata
es de ofender.
Particularmente desde nuestra opinión esta
ofensiva en contra de Peña Nieto se genera, más allá de una estrategia de sus
rivales, en el hecho de que un cuantioso grupo de sus seguidores, diariamente
con un amplio dejo de altanería y soberbia emiten mensajes cargados de
presunción, que naturalmente provoca reacciones.
Muy probablemente la razón de este ataque
en particular, que no se desprende de ninguna actitud especifica del candidato
digna de crítica, proviene y así se refiere en el trending topic, del
ejercicio cotidiano del ejército de robots a su servicio.
Los robots, mejor conocidos en la jerga
twittera como bots, son cuentas que no pertenecen a personas, sino que son
creadas ex profeso por su equipo encargado de estos temas, para fines
publicitarios y de inducción informativa.
Se calcula que la estructura creada por el
equipo de campaña del candidato priista, ronda en los veinte mil robots, súmele
además a las corrientes emanadas de la estructura partidista y a sus seguidores
naturales.
Ninguno de sus rivales tiene a su servicio
una maquinaria similar en las redes, en todo caso las muestras de simpatía a su
favor provienen de seguidores, lo que provoca una suerte de inequidad en el
espectro general de los tuiteros.
Personalmente nos inclinamos a creer que
el problema no es cuantitativo sino cualitativo, es decir por el fondo y
contenido de los mensajes que esta numerosa fuerza pública, sin omitir decíamos
el tono.
El sentido rebasa la cuestión
propagandística, es abiertamente intolerante y retador, por ello el tipo de
reacción. Esta es una situación que hemos comentado en innumerables ocasiones
en este espacio.
De tal suerte que esta agresiva reacción
al final cuentas también debe entenderse como resultado de la misma
provocación, en el pecado se lleva la penitencia.
Mucho hemos insistido en que el exceso y
abuso de los oficiosos seguidores priistas y en este caso de la estructura
creada para ello, para mantener un tejido que pretende influir a su favor al
menos en esta red social, genera un impacto contrario.
En vez de lograr más adeptos, la presión
que produce molesta y mucho a diversos sectores, aleja al indeciso y confunde
al volátil, eso sin contar que este tipo de publicidad dirigida a sus propios
seguidores, es hasta innecesaria.
Lo es porque si va dirigida a quienes
expresamente son sus partidarios, esta no habrá de influir mayormente en ellos,
su decisión ya está tomada, sin embargo por su carácter accesible a otras
tendencias, se circunscribe como un arma de dos filos.
Situación que llama poderosamente la
atención, sobre todo si se reconoce que el mensaje personal de Enrique Peña
Nieto, siempre ha sido el de evitar la confrontación innecesaria, todavía ayer
declaraba que es imprescindible desechar que la competencia trascienda mas allá
del cauce normal.
Su moderación personal no corresponde pues
al escenario que estamos observando, pareciera que sus propios seguidores,
algunos fanáticos, son incapaces de seguir su ejemplo, que además y de acuerdo
a la tradición institucional priista, debería someterse a los que ellos mismos
definen como seguir la línea.
Finalmente habría que entender que por sus
características el Twitter no es el lugar más adecuado para intentar imponer
nada, su naturaleza plural bien puede servir para los efectos publicitarios,
siempre y cuando estos se remitan a esa vertiente, porque está más que claro
que cuando se desvían hacia el dogmatismo, la situación se vuelve re
contraproducente.