Sin demagogia. Con humildad y en silencio. Con toneladas de generosidad desinteresada. Con el gesto sencillo del altruismo. Con alegría sonriente. Así es como actúan los hombres y las mujeres de Cáritas. Auténticos artífices del amor fraterno. No sólo ponen alma para aplacar las miserias de los necesitados. Hacen mucho más. Les ayudan a mitigar sus penas, consuelan sus desesperanzas, calman sus tormentos, palian sus carencias, animan sus desgracias y, además, les ayudan a encontrar trabajo.



