. Se trata de una simulación que
desconecta los sentidos de la realidad real.
Ahora
los científicos pueden alcanzar horizontes como estar dentro de una molécula,
en medio de un huracán o en una lejana galaxia. En campos como la medicina y la
economía permiten la realización de intervenciones quirúrgicas de ensayo o la
exploración de un sistema económico para entender las complejidades de sus
componentes. Los astronautas pueden volar a un planeta lejano o los arquitectos
anticipar errores de diseño o la industria automovilística probar modelos
electrónicos. En fin, se crean lugares con cualidades diferentes a las del
mundo real y se exploran lugares y cosas inaccesibles.
En
el mundo de las comunicaciones en redes emerge una sociedad virtual al lado de
una real. Su territorio es el cibespacio. Aparecen, así, nuevas disciplinas
como la ciberantropología dedicada al estudio de las nuevas identidades
sociales que emergen y a la lógica de sus interacciones con la sociedad real.
Los efectos son globales al reducir notablemente el viejo espacio Estado-nación
como base territorial. Ha surgió una nueva identidad, los netizens o ciudadanos
de la red.
Es
obvio que esa sociedad virtual es intangible pues sólo la integran bits de
información, pero sus efectos sobre la sociedad real son tangibles. El
ciberespacio ha cambiado, por supuesto, las viejas nociones elementales de
espacio y tiempo. La realidad virtual ha creado el ciberespacio uno referido al
uso de la computadora y a otros elementos coordinados por ella que nos dan una
simulación dinámica que nos dan acceso a mundos aparentemente reales.
Cuando
hablamos de realidad virtual aparentemente estamos enfrentando dos términos
opuesto. Si lo real es lo que tiene verdadera existencia y lo virtual es lo
opuesto a efectivo o real estamos frente a un concepto paradójico. Viene a ser,
entonces, un conjunto de informaciones destinado a los sentidos para sustituir
la percepción espacio-temporal real del sujeto y colocarlo en un sitio donde
cree estar pero no está y donde se concede lo que no es. Al producirse la
alteración de los estados perceptivos construyen una realidad distinta, un
espacio que no crea acciones, tan sólo posibilidades, tan sólo su posibilidad.
En
la realidad virtual el ser está inmerso en imágenes simuladas a las que trata
igual que a las cosas, las toca o las desplaza. La realidad real y la realidad
virtual se hacen así cada vez más indiscernibles. La realidad real nos ofrece
sumisión, mientras la realidad virtual ha sido programadam no hay sumisión sino
eficacia de la voluntad lo que conlleva plantear que asistimos a una nueva
forma de voluntarismo, el tecnológico. Esto es, disponemos de una forma
distinta de acceder al mundo, o para decirlo redundantemente, disponemos de
otra realidad. De allí que se plantee que será más difícil cada día distinguir
la una de la otra porque lo simulado formará parte del mundo real. Las
consecuencias serán profundas.
Podrá
llamarse evasión, podrá ser mejor la búsqueda de seres simulados u obtener
mayor placer en el sexo virtual, algo que podríamos llamar desrealización del
mundo.
Así,
se apuesta hoy a una fusión de límites entre lo real y lo virtual mediante una
cibercepción otorgada por el cibespacio ya que las redes telemáticas pasan a
formar parte de nuestro aparato sensor. Esto es, tenemos ahora una facultad
postbiológica que permite la interconexión de muchos.
Serán
evidentes, lo son ya, los cambios en las relaciones humanas pues se
encontrarán inéditas formas de interacción
o en la identidad, pues se pueden generar mundos ajenos al contexto cotidiano;
las formas colectivas de conseguir un objetivo sufren variaciones profundas; en
el trabajo, en el entretenimiento y el turismo; en la reconstrucción de la
experiencia y en el aprendizaje.
El
ciberespacio no tiene existencia física. Algunos sostienen que nació en el
momento en que se inventó el teléfono y en esos orígenes habría sido el lugar
entre los teléfonos. El término como tal fue creado en 1982 por William Gibson
en su novela Neuromante.
El
ciberespacio es el conjunto de informaciones codificadas binariamente que
transita en circuitos digitales y redes de transmisión. Así dicho, es percibido
a diario por millones de seres humanos que cambian hacia la intercepción de lo
real y de lo virtual y se modifican.
Internet
no es el ciberespacio. Está en él. La web se hace virtual en relación a un gran
libro impreso o a una epístola. Se hace tal en virtud de su estructura hipertextual
caracterizada por la flexibilidad. Cuando el cibernauta escoge unas páginas o
hace clic sobre un link está organizando de manera tal que genera textos
diferentes y, al igual que en lo virtual, queda un texto después del acto. La
interactividad de Internet –signo virtual- reactualiza en el hipertexto de
maneras múltiples.
La
web, además, al crear una nueva estructura actual, cambia de computadora a
computadora y de lector a lector. Por lo demás, el elemento de la
multimedialidad –al sumar sonido, fotos, videos- convierte la escritura en algo
diferente, en un hipertexto.
En
la comunicación tradicional había un emisor, un mensaje y un destinatario. En
la web el emisor está virtualizado, ha adquirido la capacidad de aparecer en
cualquier parte y de tomar cualquier posición. Emite un mensaje que puede
llegar a miles de personas ya no relacionadas con un lugar determinado y genera
actualizaciones diferentes. La virtualización del mensaje es como el efecto del
hipertexto sobre el texto. Pero en la web se recurre a juegos o se chatea en
una virtualización constante del espacio generando identidades actuales que
mantienen la virtualidad en constante movimiento.
De
manera que Internet tiene numerosos aspectos de lo virtual, pero no lo es en su
conjunto, aunque tenga una desterritoralización. Lo que hay que resaltar es que
la materialidad de lo virtual es diferente a la materialidad de lo actual. La
primera es múltiple, la segunda unívoca. Con estos medios tipo Internet la
virtualización alcanza nuevos niveles.
En
la World Wide Web estamos frente a una pantalla plana homogeneizada, muy
distinto caso al de moverse por una ciudad, para recordar a Virilio en sus
preocupaciones sobre la desaparición del asiento urbano. Lo que vemos en la
pantalla son traducciones para el medio que bien pueden ser reproducidas en
otros planos estáticos, como cuando ordenamos a la computadora la función de
imprimir o de grabar y archivar en el caso de las imágenes. Cada acción es un
movimiento del ciberespacio para quien está conectado, aparte de que el usuario
no puede prever las fronteras entre diferentes agrupamientos de información,
sólo sabe que hizo el movimiento pero no sabe en qué sentido o dirección,
simplemente experimenta la multidimensionalidad de ese espacio informacional que
está en la memoria de la experiencia de la navegación.
No
en vano, Internet ha pasado a ser un aliado imprescindible de los intentos de
superar la realidad política en esta primera década del siglo XXI.