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Anécdotas de Farmacia


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31/03/2011

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Las apariencias engañan


 

Hoy, un hombre que ya es fijo en la farmacia ha venido a buscar una medicación con recetas. Ese hombre es de aspecto dejado, na da buen karma y siempre viste humildemente.

 

Cuando le he atendido le he regalado unos caramelos que siempre regalamos y él me ha dado las gracias y me ha dicho que estarían contentos los niños. Yo le he preguntado cuántos tenía y él me ha contestado que eran para los niños del orfanato ya que iba cada día a ayudar a las monjas. Entonces le he dado para todos los niños y él me lo ha agradecido muchísimo. A partir de ahora este señor lo veré con otros ojos.

 

Esta historia me ha servido para reflexionar sobre las apariencias y lo que pueden llegar a engañar, este hombre que al principio me parecía mala persona he descubierto que no solo es buena persona sino que además lo poco que tiene lo utiliza para ayudar y compartir con otras personas que lo necesiten más.

 

 

Abuelos previsores

 

El otro día vino un hombre mayor a la farmacia con una receta. Cuando le dí el medicamento me preguntó si ya habían llegado las pastillas de yodo a las farmacias ya que él quería. Yo extrañada le pregunté que si se iba a Japón y él me dijo que no.

 

Entonces le expliqué que Japón nos pillaba un poco lejos a lo que él me contestó "más vale prevenir que curar".

 

 

La mujer ¿difunta?

 

Yo estaba atendiendo a un cliente cuando mi compañera se me acercó y con una cara de susto me dijo "mira esto", me enseñó el ordenador en el que había pasado la receta electrónica de la mujer que estaba atendiendo y ponía que no le podíamos dispensar el medicamento porque la mujer estaba difunta.

 

Repetimos la operación de pasar la receta tres veces mas e incluso le pedimos a la mujer su DNI para comprobar que al darle la receta no se habían equivocado de mujer, pero sí, era ella. Le dijimos que volviese al CAP y que allí se la arreglarían. No le dijimos que nos salía que estaba muerta para no asustarla. Por la tarde de ese mismo día mi compañera y yo no dejábamos de hacer bromas sobre el tema y de decir "en ocasiones veo muertos".

 

Al día siguiente vino la misma mujer y nos dio una nueva receta electrónica que, por suerte, funcionaba bien.

 

 

Cliente sorpresa

 

El otro día, trabajando en la farmacia, vino un hombre que tosía mucho. Lo atendió mi compañera, que lleva poco tiempo en la farmacia. Entonces ella le vendió un medicamento para la tos, pero el hombre se la miró con mala cara y seguidamente le dio un papel.

 

Él resultó ser un actor contratado por Bisolvon para ver si le vendíamos a la gente ese producto u otro diferente.

 

Como mi compañera era nueva no lo entendió y cuando el hombre acabó de hablar ella dijo: "Pero al final lo comprará o qué?" anonadada me quedé.

 

 

Deberes: ver la televisión

 

Ayer vino una mujer que, como mucha gente, me pidió una pomada que salía por la tele. Eso ya parece un concurso televisivo ya que todos los que trabajamos en la farmacia nos tenemos que poner a decir nombres de productos hasta que uno lo acierta. Incluso hubo una vez que una mujer se puso a cantar la canción de Musel.

 

Tendré que ver mas televisión para poder atender mejor.

 

 

 

Salvé una vida!

 

Un día normal en la farmacia, estaba trabajando cuando vino una mujer con un niño muy pequeño. El niño llevaba una piruleta en la boca pero yo no me fijé porque estaba atendiendo a su madre.

De repente el niño empezó a toser y a ahogarse. Cada vez estaba mas pálido e incluso perdió el conocimiento y la madre, impotente, se puso a llorar. Mis compañeros se quedaron mirando y yo sin pensarlo dos veces fui corriendo hacia el pequeño y le puse cara abajo y le hice la maniobra de heimlich.

Entonces el niño escupió la piruleta y todos nos alegramos. Y Yo cuando el niño ya estaba fuera de peligro, no sé si por el pánico o porque nunca había hecho esta maniobra antes, me puse a llorar.

La madre del niño me lo agradeció muchas veces y yo estaba contenta porque había salvado una vida.



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