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El espíritu también cuenta


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04/05/2012

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Anoche ocurrió un hecho extraordinario en la Serie Nacional de Béisbol en Cuba. El equipo que representa a la ciudad de Matanzas, ganó el séptimo juego (y último de la serie de siete a ganar cuatro) del play off de cuartos de finales y clasificó para la semifinal (final Occidental) en la cual enfrentará al histórico Industriales.


Extraordinario por varios motivos. Primero, porque la victoria se produjo tras una espectacular remontada, cuando los yumurinos[1] estaban en desventaja de tres derrotas y una victoria frente a su similar de Santi Spíritus, este último, equipo de mayor tradición en juegos de post temporadas, al cual le bastaba con un triunfo en los tres últimos partidos para avanzar a la próxima fase. Pero no lo lograron y los matanceros les arrebataron el dulce de la boca.

Segundo porque se trata de un equipo (Matanzas) que a pesar de alzarse sobre un pasado glorioso, en las últimas ediciones de las Serie Nacionales adolecía de grandes resultados, ubicándose bien lejos de los puestos de vanguardia o, si se quiere, bien cerca del sótano. Con el triunfo de ayer, los denominados Cocodrilos (en alusión a los reptiles que abundan en la Ciénaga de Zapata, el mayor humedal cubano que se ubica precisamente en esa provincia del Occidente cubano) aseguran ya el tercer lugar de esta edición 51 de los clásicos cubanos de pelota; borran de “golpe y porrazo” la mala imagen que los caracterizaban y comienza a reescribir su historia.

Extraordinario también porque se ha impuesto la filosofía de juego de uno de los manager cubanos más polémicos de los últimos tiempos, el otrora estelar center field de los equipos Las Villas y Cuba, Víctor Mesa; quien con su tradicional equipo Villa Clara, a pesar de deberse un título, logró resultados excepcionales, al llevarlos hasta el podio a pesar de ser el equipo de peor ofensiva en un campeonato; y que repite ahora una faena similar con los de “la Atenas de Cuba”. Pareciera que Víctor tiene un toque mágico para exigirles el extra a los equipos que dirige; solo así se explica que en su primer año al frente de los matanceros, haya logrado, con los mismos jugadores, los que otros directores técnicos no lograron.

Muchos en Cuba abogan por ver al explosivo manager dirigiendo la selección nacional, máxime en tiempos en que una sequía de títulos y una lluvia de dudas sobre la verdadera calidad de nuestra pelota asolan el panorama beisbolero cubano. Otros tanto, en cambio, no confían en su método poco ortodoxo, rayano en la pedantería. Sin embargo no es menos cierto que pocos directores hacen tanto con tan poco y este nuevo mérito para su carrera, parece ser el espaldarazo para metas mayores.

Días atrás, cuando la remontada yumurina apenas comenzaba, un amigo me comentaba: “Cada vez que veo a [al equipo de] Matanzas me acuerdo de ti”. Decía esto pues en la encuesta realizada por el sitio digital Cubadebate, acerca de cuáles equipos llegarían a la semifinal, di preferencia al equipo matancero por encima del claro favoritismo espirituano. En esa oportunidad le comenté que, de los llamados “eléctricos”[2] que han accedido a un play off, al que mayor calidad yo le veía era a Matanzas. El tiempo no me negó la razón.

En uno de los tantos artículos que han ocupado los titulares deportivos de hoy, se hacía alusión (con un juego de palabras) a la falta de espíritu de los jugadores del equipo de Santi Spíritus. Exactamente eso fue lo que les sobró a los matanceros. Jóvenes que, sin nada que perder, salieron al terreno de juego a demostrar, a cambiar una historia que les era adversa, con ganas de “comerse al mundo”, como diríamos acá.

Y es que en el béisbol (y supongo que en otros deportes también) a veces no basta con la técnica, o la calidad de las individualidades; también hay que contar con ese algo que se llama espíritu, ganas, corazón, para obtener resultados.

En nuestros clásicos se dice que hay apenas cuatro equipos grandes: Industriales, Santiago [de Cuba], Villa Clara y Pinar del Río; equipos que, sin importar cuán maltrechos puedan llegar a un play off, nunca se les puede subestimar. Algunos no entienden cómo Santiago ganó una Serie a Industriales y les arrebató un trofeo que el ego ya había pintado de azul; o como, a su vez, los “azules de la capital”[3] remontaron un tres cero que parecía lapidario y le arrebataron la Serie Nacional 49 a los naranjas de Villa Clara. Eso escapa a estadísticas o favoritismos, se trata de espectacularidad, de garras para jugar, de espíritu de triunfo.

Eso precisamente le falta a varios equipos que deslumbran durante la etapa clasificatoria y luego, en la post temporada, tienen desempeños grises, pálidos reflejos de lo que pueden llegar a ser. Cada año esta hipótesis se confirma, ahí están equipos como el propio Santi Spíritus, con uno de los tríos ofensivos más llamativos de nuestra pelota (Gourriel, Cepeda y Eriel); o Cienfuegos, con uno de los peloteros más completos de nuestras series, o Ciego de Ávila, que arrasa en la etapa regular y pasan de Tigres[4] a simple gaticos en los play off.

Seguramente anoche no se durmió en Matanzas, las celebraciones unieron un día con otro y hoy el mundo, para los yumurinos, se resumirá en una pequeña pelota de béisbol. Merecido lo tienen. Amén de lo que pueda suceder en la semi final contra el favorito Industriales, los matanceros han demostrado una vez más que el espíritu también cuenta.

[1] Denominación con la que suele llamarse a los matanceros. Tiene su origen por el río Yumurí que atraviesa la ciudad de Matanzas.



[2] En materia deportiva, en Cuba se le llama eléctricos a esos deportistas o equipos que rompen pronósticos y alcanzan resultados (superiores) no acordes a la calidad demostrada en eventos anteriores.



[3] Industriales



[4] Calificativo con que son conocidos los peloteros de Ciego de Ávila.







Etiquetas:   Reflexión   ·   Béisbol   ·   Santiago de Cuba   ·   Crónica

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