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Una mesa para todos. Sobre la equidad en Chile. Modesta reflexión


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04/05/2012

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Estamos de acuerdo en algo: Un crecimiento justo, equilibrado, nos conviene a todos. No he escuchado a nadie decir que no quiere acabar con la pobreza. Da gusto que estemos de acuerdo en ese punto central. Y junto a ello, estamos de acuerdo en que los niveles de desigualdad en un país tan pequeño como el nuestro son, por decir lo menos, preocupantes. Y siendo algo más honestos, intolerables.


Un ejemplo sencillo pero revelador: el comercio del lujo se muestra insolente ante un sector no menor de la sociedad que apenas llega a fin de mes. Un marketing algo más cuidadoso y sensible ante la realidad de muchos, contribuiría en algo a limar asperezas.

Cuando se habla de oportunidades de progreso a la larga se está pensando “en los de siempre”. Darse una vuelta por Chile es comprobar que hay muchísmos que difícilmente podrán subirse al carro del progreso en el corto plazo ¿Qué hacer? No veo más que un apoyo más valiente y decidido que el empeñado hasta ahora.

Cito a Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate: “La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios”. De ahí que, en mi modesta opinión, el rol del Estado subsidiario no solo es importante, sino clave.

Sigue el Papa: “El mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil. No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan”. Habrá que introducir tantas correcciones como sea necesario, de manera tal que más personas puedan efectivamente subirse al carro del bienestar. Y eso, nos conviene a todos. La paz social tiene mucho que ver con una mayor igualdad. A quienes tenemos más, nos debe preocupar constantemente el cómo subir al carro del progreso a quienes tiene menos. Una sociedad pequeña como la nuestra viviría mejor si estuviesemos realmente más cerca unos de otros.

Mi riqueza nunca es totalmente mía. Es producto en buena parte de un conjunto de circunstancias ajenas a mí – la educación que he recibido, mejores posibilidades, contactos, situación social privilegiada y otros. Por lo mismo, soy deudor ante una sociedad que me ha permitido obtener y vivir tan bien como vivo. Hora de devolver la mano.



Hugo Tagle M.

@hugotagle



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