Competitividad responsable. Un modelo de negocios en tres dimensiones de desarrollo

Reflexionar sobre los vínculos que las organizaciones construyen con sus públicos es una necesidad fundamental, porque la calidad de las relaciones define muchas decisiones y valoraciones cotidianas en diferentes sectores de públicos. La calidad de los vínculos influye en la trama de condiciones de vida en la que se desarrolla la actividad de una empresa u organización. Por otro lado, estamos en un momento histórico importante de reorganización del mapa económico productivo. En el cual, las posibilidades de desarrollo dependen de nuestra responsabilidad frente a un nuevo ciclo económico que está comenzando. La crisis actual, con sus diferentes manifestaciones, no es solamente una crisis del presente, es una crisis de futuro, es una crisis de ausencia de futuro. En la volatilidad del presente, muchos sistemas sociales están atravesando un vacio de trascendencia frente a la cual las organizaciones no tienen mayores respuestas. Por lo tanto, en muchos casos, su desempeño político queda acotado a decisiones compulsivas que profundizan los síntomas del desconcierto y sus consecuencias en la crisis del sector.

 

. La calidad de los vínculos influye en la trama de condiciones de vida en la que se desarrolla la actividad de una empresa u organización. Por otro lado, estamos en un momento histórico importante de reorganización del mapa económico productivo. En el cual, las posibilidades de desarrollo dependen de nuestra responsabilidad frente a un nuevo ciclo económico que está comenzando. La crisis actual, con sus diferentes manifestaciones, no es solamente una crisis del presente, es una crisis de futuro, es una crisis de ausencia de futuro. En la volatilidad del presente, muchos sistemas sociales están atravesando un vacio de trascendencia frente a la cual las organizaciones no tienen mayores respuestas. Por lo tanto, en muchos casos, su desempeño político queda acotado a decisiones compulsivas que profundizan los síntomas del desconcierto y sus consecuencias en la crisis del sector.
En este marco, trabajamos sobre un modelo de desarrollo corporativo en base a un abordaje sistémico -no sintomático- de la transparencia, la competitividad y el desarrollo integrados en tres dimensiones: económica, cultural, y política. Este modelo de responsabilidad competitiva (aplicado tanto a negocios como a organizaciones) permite sostener un proyecto en tres ejes paralelos de desarrollo articulados en base a la siguiente fórmula: resultados + integración + imagen

Esta fórmula representa las tres dimensiones de desarrollo de un proyecto a través de una autorregulación sustentable, integradora y rentable. De esta forma una organización puede crecer (alcanzar los resultados previstos) sin perder de vista el contexto, sin afectar los vínculos externos ni forzar la cultura corporativa para alcanzar los niveles de resultados deseados.

 

Desafíos competitivos

En las últimas décadas, los cambios en el contexto, cada vez más profundos y en períodos de tiempo cada vez más cortos, ampliaron la brecha de inestabilidad e imprevisibilidad en las decisiones. Esta situación aumenta las exigencias corporativas porque las organizaciones deben reorganizar su dinámica para mantenerse activos frente a estas condiciones. Al hablar de competitividad se pueden desplegar una variedad de definiciones, es un concepto tan presente como ambiguo al mismo tiempo. Desde nuestro punto de vista, la competitividad tiene que ver con la capacidad de una empresa u organización de mantener su interacción frente a las condiciones del contexto. Esta definición implica un concepto mucho más amplio que la acepción general de competitividad asociada a rentabilidad. La competitividad tiene que ver con la capacidad de respuesta corporativa frente a las exigencias de un entramado de variables sociales, políticas, económicas, tecnológicas que condicionan la vida cotidiana de una empresa u organización.

Justamente, la “falta de ética”, “la corrupción”, “las maniobras financieras”, (entre otras manifestaciones) son síntomas –no las causas- de una estructura corporativa rígida que sólo trata de sostener por la fuerza la perdurabilidad de determinadas condiciones de vida para su beneficio exclusivo. Lo que resulta visible son los síntomas de una estructura que no puede sostener su competitividad de otra manera; no puede sostener la dinámica de interacción y fuerzan al contexto para acomodar sus movimientos a sus posibilidades de gestión.

 

Modelo de competitividad responsable

Mantener la trascendencia del futuro en la inestabilidad el presente permite integrar recursos en base a oportunidades del territorio y, al mismo tiempo, expandir las alternativas hacia nuevos espacios de desarrollo. El miedo al futuro aparece porque el propósito se ha vaciado de sentido al colocarlo en un extremo del calendario detrás del cual todos corremos desaforadamente. El presente se distorsiona porque hemos separado nuestro protagonismo (personal, grupal, colectivo) de la participación en la realidad cotidiana y esto nos transforma (muchas veces) en factores funcionales a disfuncionalidad estructural del sistema en el que participamos.

Por lo tanto, recuperar el futuro, en la incertidumbre del presente es fundamental para sustentar el crecimiento de una organización más allá de parámetros rentables o económicos. Transformarse para competir en este contexto significa prepararse para “vivir en movimiento”. Es un desafío porque invierte la lógica “del equilibrio”, que es la visión clásica del diseño organizacional basado en los modelos de gestión tradicionales. La extrapolación del concepto de “punto de equilibrio” financiero a un “punto de equilibrio cultural” lleva al diseño corporativo a un letargo cognitivo, emocional y comportamental muy riesgoso frente los cambios que se suceden en el contexto.

Desde el punto de vista metodológico, este desafío sobre el futuro lo podemos materializar en un modelo de desarrollo corporativo sustentado en tres dimensiones de responsabilidad:  

  • Responsabilidad económica que está relacionada con la capacidad de una organización para crear alternativas de desarrollo basada en un propósito colectivo. Es la responsabilidad sobre los resultados, sobre la sustentabilidad del proyecto. Esto se refiere a la gestión de objetivos de la actividad o del negocio.
  • Responsabilidad cultural: se refiere a la capacidad para crear posibilidades de desarrollo personal dentro de un marco institucional o social de integración. Es la responsabilidad sobre las condiciones laborales de desarrollo para las personas involucradas en el proyecto o que trabajan en la organización.
  • Responsabilidad política que se refiere a la capacidad para crear condiciones favorables de integración social y desarrollo del bienestar común en los contextos donde una organización desarrolla su actividad. Es la responsabilidad sobre el impacto político social de las actividades o el desarrollo del proyecto.
Este modelo se puede materializar en un diseño de proyecto con un tablero de gestión que parte de un propósito claramente definido, con objetivos que representen cada uno de los ejes, diseño programas corporativos (en base a cada uno de los tres ejes) para desarrollar los objetivos y las acciones cotidianas con sus indicadores de gestión que conforman cada programa.

Esta desagregación, desde lo más simbólico (el propósito), hasta lo más concreto (las acciones), se organizan en base a estos tres ejes de responsabilidad señalados anteriormente. Existe una linealidad en cuanto a la gestión de la ejecución en cada eje (cumplir con los objetivos económicos, de culturales y políticos) pero al mismo tiempo también hay una transversalidad de integración entre los ejes que permiten que se desarrollen paralelamente con crecimiento simétrico. Esto evita, por ejemplo, sobredimensionar los objetivos de negocio por encima de la cultura que afectaría el clima laboral e impactaría en la imagen política de la organización. De la misma manera, evitaría que una cultura que no logre resultados no desgaste el proyecto que se tornaría inviable con repercusiones internas y externas para la organización.

La gestión de un modelo corporativo basado en tres dimensiones de responsabilidad lleva a la gestión de un doble eje. Por un lado, la gestión eficiente en la linealidad de la ejecución de cada dimensión (los programas relativos a lo económico, a la cultura corporativa, y a la imagen pública). Y por otro lado la gestión de la eficacia en la transversalidad de la integración que permite que los resultados en cada dimensión autorregulen el desarrollo de los otros programas.

El final de la hegemonía de un estilo de capitalismo financiero mantiene una brecha de incertidumbre sobre cómo se reorganizará el mundo tras el final del antiguo orden. Hemos sido educados y formados para mundos ordenados artificialmente, a través de modelos, muros, relatos y metodologías. Con esta crisis profunda de repercusiones en todo el mundo surge una redefinición de intereses y modelos económicos y sociales que nos lleva a paisajes inéditos y en muchos casos impredecibles. Hacia el pasado está claro el desarrollo desde la revolución industrial con actores y procesos claramente definidos y sus consecuencias. Hacia adelante, un nuevo ciclo está comenzando.

UNETE



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