El tiempo como mortaja



Una vez dibujé un reloj de arena[1]. Dentro de él, la apenas perceptible silueta de un hombre con los brazos alzados sobre su cabeza, intentaba detener la inevitable lluvia de segundos que lo iba ahogando.

 

Por esa suerte (¿debilidad?, ¿defecto?) del dibujo, el hombre no llegará a ser totalmente cubierto por la arenilla; permanecerá eternamente en la incómoda posición; quizás (de los males el menor) dando gracias por todavía respirar.

No recuerdo qué motivos me llevaron a reservar tal suerte al desconocido personaje; qué fantasmas me habrán guiado el trazo.

¿Tal vez impuse a esa silueta el peso de mi propio ahogo? ¿Esbocé acaso mi propia batalla contra el tiempo?

Días atrás reencontré el dibujo. El hombre (como era de esperar) sigue en su perpetua cruzada contra las horas, los minutos, los segundos. Durante un buen rato lo miré condescendiente, casi avergonzado. 

No pude evitar pensar que de haberlo dibujado hoy, las arenas le servirían de mortaja.

[1] Nota: el dibujo al que hago referencia no es el que acompaña esta columna.



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El tiempo como mortaja


Una vez dibujé un reloj de arena[1]. Dentro de él, la apenas perceptible silueta de un hombre con los brazos alzados sobre su cabeza, intentaba detener la inevitable lluvia de segundos que lo iba ahogando.

 

Por esa suerte (¿debilidad?, ¿defecto?) del dibujo, el hombre no llegará a ser totalmente cubierto por la arenilla; permanecerá eternamente en la incómoda posición; quizás (de los males el menor) dando gracias por todavía respirar.

No recuerdo qué motivos me llevaron a reservar tal suerte al desconocido personaje; qué fantasmas me habrán guiado el trazo.

¿Tal vez impuse a esa silueta el peso de mi propio ahogo? ¿Esbocé acaso mi propia batalla contra el tiempo?

Días atrás reencontré el dibujo. El hombre (como era de esperar) sigue en su perpetua cruzada contra las horas, los minutos, los segundos. Durante un buen rato lo miré condescendiente, casi avergonzado. 

No pude evitar pensar que de haberlo dibujado hoy, las arenas le servirían de mortaja.

[1] Nota: el dibujo al que hago referencia no es el que acompaña esta columna.




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