El próximo domingo a las ocho de la noche,
se llevara a cabo el primero de los dos debates obligatorios para los cuatro
candidatos a la Presidencia de la República, organizados por el Instituto
Federal Electoral y sin duda, este primero será fundamental.
De entrada porque si el de este domingo
venidero realmente impacta en la población, el siguiente será todavía más
interesante y generara mayor expectación, de otra forma si el desarrollo del
mismo es intrascendente, seguramente nadie vera el subsecuente.
Por ello son muchas las cosas que dependen
de este encuentro, simplemente el futuro del segundo, evidentemente los efectos
que habrá de generar en la opinión pública y por ende en la intención del voto.
Según la gran mayoría de los analistas del
proceso electoral, incluidos las empresas encuestadoras y los equipos de
campaña de los candidatos, el debate se circunscribe como el momento más
importante de lo que llevamos de la campaña y puede ser el culminante.
Coincidiendo con esa observación, toda vez
que la campaña en general no ha sido capaz de despertar el interés de la
sociedad, el debate se antoja como el elemento capaz de marcar la diferencia y
atraer al electorado hasta ahora distante del desarrollo del proceso.
Muy a pesar del boicot que inexplicablemente
Televisión Azteca trata de imponer transmitiendo en el mismo horario un partido
de futbol, del equipo del que también es propietario, los monarcas de Morelia,
correspondiente a la primera fase de la liguilla del torneo nacional, el debate
será mucho más importante que el evento deportivo.
Lamentablemente en este caso lo que se
infiere es la mala actitud del propietario, el desdén a la autoridad pero sobre
todo a la sociedad, porque de todas formas, todos los demás canales lo van a
transmitir y el partido de futbol tampoco es de sumo interés, por tanto la
posición de esta televisora no pone en riesgo la cobertura y difusión del
mismo.
Por sus antecedentes, los debates
representan la oportunidad, no solo para exponer posturas y propuestas, sino
para contrastar, en términos llanos para exhibir a los rivales y con ello
provocar mover las preferencias.
Por formato quien se asume como puntero,
ve esta plataforma como un riesgo, porque es mas lo que se puede perder contra
lo que se obtiene, incluso si solo se mantiene en el mismo nivel.
En cambio para los demás candidatos es la
mejor oportunidad para posicionarse, hoy sobre todo considerando que el número
de indecisos es muy grande y va en aumento periódico cada semana.
Ahora bien, según datos de las propias
empresas encuestadoras, el porcentaje de la población que ha manifestado
interés en el debate ronda alrededor del cuarenta por ciento, lo cual se
califica como muy elevado.
Estas cifras anticipan una audiencia
substancial, lo cual sugiere que desde ese punto de vista el debate cumple con
su objetivo primario de difusión, dependerá de los participantes que el
contenido sea de interés, pero sobre todo que produzca la influencia que cada
uno pretende para su causa.
Porque independientemente que la discusión
posterior al encuentro, seguramente se circunscribirá a la competencia entre
los seguidores de cada fuerza, para establecer quien resulto ganador, el debate
servirá como un extraordinario argumento para el análisis individual del
votante.
El post debate será también primordial, se
convertirá en el tema principal de la agenda, tanto para los medios como para
los opinadores profesionales, quienes seguramente también trataran de hacer
patente sus preferencias beneficiando con su opinión, al candidato de su
predilección.
Por otro lado es natural que los
simpatizantes de cada candidato quieran ellos mismos ganara su propio debate,
sobre todo a través de la manifestación colectiva que empuje a pensar que es
mayoritaria, sin embargo eso es secundario.
Lo es porque el desarrollo del mismo
tendrá por descontado un efecto en quien lo vea, es decir, cada espectador
independientemente de su preferencia, tendrá su propio juicio y las expresiones
posteriores no necesariamente significaran un cambio de percepción.
Esto es importante señalarlo porque aun y
cuando en las redes sociales, que ha sido hasta ahora el campo en donde se
dirimen las verdaderas acometidas y donde mejor se contrastan las posiciones, se
observa un gran movimiento cotidiano en torno a las campañas.
Aun así quienes participan estas
plataformas, con todo y que son muy activos, específicamente en relación al
proceso electoral, solo significan el dos por ciento de la población votante.
Si bien es cierto que hay que reconocer
que esta dinámica social tendría que entenderse más como un asunto de cantidad
que de calidad, me refiero al contenido de sus expresiones, cualitativamente no
representa ni el sentir ni la opinión mayoritaria.
La actividad en las redes sociales es sin
duda importante e influyente y cada vez lo será más, marca tendencias y es
capaz de subir temas a la agenda nacional, pero sería un error pensar que en
este momento representa a todo México.
Por tanto las hostilidades que se llevara
a cabo en ellas, posteriores al debate, en la que los simpatizantes, los medios
de comunicación y los equipos de cada fuerza habrán de desgarrarse para señalar
a su candidato como ganador, es muy parcial.
Este es un asunto en el que hemos
insistido mucho en columnas anteriores, la participación de incondicionales
adoptando una posición muy activa, que ha sido la base sobre la cual se ha
construido un ambiente de rivalidad que ha sobrepasado la cordura para tornarse
hostil.
Esta agresividad como lo hemos explicado
en diversas oportunidades, proviene de miembros de células que pertenecen a los
círculos de la estructura de las campañas o el servicio público en cualquiera
de sus tres niveles.
La dimensión del efecto de sus expresiones
se limita al sector del voto duro y en todo caso sirve solo como argumento para
sostener la batalla del encono con sus similares en las otras fuerzas, por su
actitud intolerante y soberbia, en simultaneo para alejar al indeciso y
confundir al volátil
Siendo así, el efecto de sus aguerridas
manifestaciones o sus exacerbadas muestras de respaldo al candidato que apoyan
van dirigidas a ellos mismos, a un segmento que de todas formas por su personal
e individual conveniencia no va a cambiar el sentido de su voto.
Precisamente por este análisis, el debate
se convierte en el mejor instrumento de comunicación para impactar en el
indeciso, e incluso en el volátil, apartados que por su tamaño pueden cambiar
todo el escenario.
Dada esta circunstancia, se puede esperar
que el desarrollo del mismo sea al menos ríspido, privilegiando el ataque por
encima de la propuesta, exhibiendo más que planteando, de hecho lo que muchos
esperan es la presentación de algún tema que sugiera un escándalo.
Si bien es cierto que lo trascendente seria
poder comparar propuestas, hay que reconocer que el escenario de la
confrontación es atractivo, impone la atención y la mantendrá en el post
debate.
Finalmente lo que resta es esperar al
domingo para salir de dudas y en todo caso confirmar lo que hemos visto hasta
ahora de cada aspirante a la Presidencia, en la posibilidad de que suceda algo
extraordinario.
Como sea, el simple ejercicio es parte del
proceso democrático, beneficia a la sociedad mas allá de lo que le pueda
aportar a los candidatos, por esa razón se entiende como un aspecto
fundamental estar atentos a su desarrollo.
guillermovazquez991@msn.com
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