“Cuando la libertad de expresión muere, el
silencio habla. Que calle el silencio, que hable el hombre”.
Armando Prida Huerta, Presidente de la
fundación para la libertad de expresión.
Cecy Valerio.
La libertad de prensa tiene su sustento en
la libertad de expresión, la cual es uno de los derechos humanos fundamentales
consagrado en el artículo 9 de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos y en los artículos 6 y 7 de nuestra Constitución. La violación a
este derecho es un atropello a la dignidad humana, a la vigencia de los
derechos humanos y a la vida democrática de un pueblo.
Este jueves 3 de mayo se celebra a nivel
internacional el Día de la Libertad de Prensa. El lema de las Naciones
Unidas para esta celebración 2012 es: “Nuevas Voces: Los medios de comunicación
tienen el poder para trasformar las sociedades”, que se complementa con el
mensaje del Secretario General de este organismo, quien ha enfatizado que
“la libertad de expresión es uno de nuestros más valiosos derechos que
constituye la base para las demás libertades y es el fundamento de la dignidad
humana”.
En México el panorama en este tema es
desolador. El asesinato de la periodista veracruzana Ximena Martínez, el pasado
28 de abril no solo nos conmueve y nos hace reflexionar sobre lo que está
pasando en nuestro país, sino que nos recuerda que no es un caso aislado. Del
año 2000 a la fecha suman más 76 muertes de periodistas, cifra que lo ubica
como un lugar peligroso para ejercer esta profesión y que en el mapa mundial se
ubica entre los países con más restricciones para ejercer esta libertad.
La ONU, a través de su Alta Comisionada
para los Derechos Humanos Navy Pillay, condenó el caso de Ximena Martínez
y consideró la agresión a periodistas en México como una tendencia
preocupante e inquietante. “ Se daña el ejercicio de la libertad de expresión
en el país”.
La CNDH advierte que las vejaciones a los
periodistas en México van desde la amenaza y la privación de la libertad hasta
la pérdida de la vida. Además de los 76 casos de muerte de periodistas, se
suman 14 desaparecidos y 25 atentados en contra de medios de comunicación.
Si bien en nuestro país la principal causa
de estos acontecimientos es el narcotráfico y el crimen organizado, el Estado
tiene la obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, hacer
respetar la Constitución y salvaguardar el ejercicio de los derechos que
de ella emanan. La semana pasada la Cámara de Diputados aprobó una ley que
protege a los defensores de los derechos humanos y a los periodistas.
Solo esperamos, como ciudadanos, que se cumpla.
Recordemos, para nuestras reflexiones
personales, lo que dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos en
materia de Libertad de Expresión: “Todo individuo tiene derecho a la libertad
de opinión y de expresión. Este derecho incluye el no ser molestado a
causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y
el de difundirlas sin limitación de fronteras por cualquier medio de difusión”.
Que el reportaje, la nota informativa, la nota de color y editorial, la
opinión, la expresión en general, en un marco de respeto y de ética
periodística, sean una celebración a la palabra y la libertad de
expresión.