. Es cierto que los hijos son el reflejo de los padres, pero
¿estamos condenados a cargar con todos sus defectos o enfermedades? ¿Se puede
hacer algo para luchar contra la genética? ¿Qué mi padre mida 1.57 m significa
que yo no seré más alto? ¿Si mi madre es obesa y sufre de diabetes,
debo resignarme a seguir sus pasos? ¿Si mi padre murió de un infarto, está mi
destino ya escrito? ¿Qué tanto influye la genética y hasta qué punto puede ser
modificada?
Hasta hace unos años todas éstas frases eran dadas por hecho,
sin embargo cada vez más frecuente ver niños que al ser bien alimentados
superan significativamente la talla de sus padres. Estudios recientes
confirman la teoría que adecuados hábitos alimenticios y un estilo de vidasaludable pueden cambiar los pronósticos y evitar padecer
patologías hereditarias como obesidad, diabetes, dislipidemias e incluso
infartos. Si bien hay periodos críticos durante la vida, como la etapa
intrauterina, en la cual la alimentación que reciba la madre puede afectar en
enfermedades futuras para el bebe, el hecho de haber perdido una oportunidad no
significa que todo esté perdido, sigue siendo importante la nutrición a lo
largo de toda la vida. Aquí un par de ejemplos.
Investigadores hallan que el riesgo genético es más bajo entre
los que se mantienen físicamente activos
Las personas genéticamente predispuestas a la obesidad pueden
reducir las probabilidades de acumular peso si se mantienen físicamente
activas, sugiere un estudio reciente.
Un gran grupo internacional de investigadores halló que el gen
conocido como gen “asociado con la masa grasa y la obesidad” (FTO, por su sigla
en inglés), que se sabe aumenta el riesgo de obesidad, tiene un efecto 27 por
ciento menos potente sobre los adultos físicamente activos, en comparación con
los sedentarios. La conclusión proviene de un metaanálisis de 45 estudios
previos que analizaban datos de más de 218,000 participantes.
El estudio aparece en la edición en línea del 1 de noviembre de
la revista PLoS Medicine. El Dr. Robert Berkowitz, señaló que la epidemia
estadounidense de obesidad de las últimas tres décadas no ha resultado de
cambios en los genes, sino de cambios en los hábitos.
“Es bueno ver que la actividad física realmente puede ayudar a
pesar de que las personas tengan un gen [de la obesidad]“, añadió Berkowitz.
“Realmente se trata de una interacción entre genes y ambiente. La mayoría
tenemos trabajos sedentarios, así que no somos tan activos como hace treinta o
cuarenta años. Creo que todo esto dificulta que una persona se enfrente a un
problema de peso”.
Una
dieta sana podría contrarrestar a un gen de la enfermedad cardiaca
Llenar el plato de frutas, verduras y bayas redujo el riesgo
genético en un estudio de gran tamaño. Una dieta sana con muchas frutas y
verduras puede debilitar significativamente el efecto de un gen asociado con un
mayor riesgo de enfermedad cardiaca, sugiere un estudio reciente.
En el estudio, que aparece en la edición actual en línea de la
revista PLoS Medicine, los investigadores examinaron la relación entre la
variante del gen 9p21 y la dieta de más de 27,000 personas de cinco etnias:
árabes, europeos, chinos, latinoamericanos y surasiáticos.
Los hallazgos mostraron que el riesgo de ataque cardiaco en las
personas con la variante genética 9p21 que comían una dieta saludable compuesta
principalmente de verduras crudas, frutas y bayas era similar que el de las personas
sin la variante genética de alto riesgo.
Concretamente, los que tenían una mutación en el cromosoma 9p21
y seguían una dieta pobre estaban predispuestos un 30% más a un episodio
cardiaco. Con la dieta moderada, un 17%, y con una buena dieta, sólo un 2% por
encima de aquellos sin riesgo genético (sin mutación). “Un porcentaje
insignificante. Se puede decir que tienen las mismas posibilidades que alguien
sin mutaciones”,
“Observamos que el efecto de un genotipo de alto riesgo se puede
mitigar al consumir una dieta rica en frutas y verduras”, aseguró la
investigadora coprincipal Sonia Anand, “Nuestros resultados respaldan la
recomendación de salud pública de comer más de cinco porciones de frutas o
verduras como forma de fomentar una buena salud”. “Nuestra investigación
sugiere que quizás haya una interacción importante entre estos genes y la dieta
en la enfermedad cardiovascular”, añadió el autor líder Ron Do.
También influyen aspectos externos como la dieta, la actividad
física y el consumo de alcohol y tabaco. “En particular, la dieta desempeña un
importante papel en el desarrollo de problemas cardiacos, con una elevada
ingesta, por ejemplo, de grasas trans y carbohidratos con alto índice glucémico
o con un bajo consumo de frutas, verduras y pescado”, señalan los autores del
artículo.
La
obesidad, la diabetes y el tabaquismo son más frecuentes en poblaciones pobres
y con mala educación, lo cual revela que hay factores
sociales que afectan la salud y al mismo tiempo campos de acción ara mejorar.
Los hábitos alimenticios y estilo de vida saludables se
recomiendan para todas las personas independientemente de sus factores de
riesgo o antecedentes genéticos, pero imagínense la importancia que éstos
cobran si con ellos podemos evitar enfermedades crónicas y limitantes en
nuestros hijos o mejor aún sin impedirán que mueran de lo mismo que toda la
familia, brindándoles así una vida no sólo más larga sino con una calidad de
vida superior y una posibilidad de ciudadano exitoso mayor que la nuestra. Una
vez más tenemos el futuro de nuestros hijos en nuestras manos, no
desperdiciemos esa oportunidad.
Dra. Paola Arrús Ackermann
Médico Pediatra
www.ensenandoacomeramihijo.com
José Francisco Parodi García
Médico Geriatra
www.bambooseniors.com